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Salsa causa furor

Hecha en Missouri por mexicanos, se vende en 200 tiendas

Jefferson City no es la capital de la producción de salsa mexicana, pero es el sitio donde la familia Loaiza produce, enlata y empaca su propia marca de salsa, La Casita's, actividad que llevan a cabo desde 2002. Su salsa se encuentra actualmente en casi 200 supermercados de Missouri.

Para Richard Loaiza, hijo de inmigrantes mexicanos que se crió en una granja de productos lácteos cerca de Westphalia, la salsa casera es una tradición familiar.

Así que le pareció natural que él y su esposa, Linda, empezaran a hacer salsa cuando compraron un restaurante mexicano en Jefferson City a finales de los ‘80 y a principios de los ‘90. La receta evolucionó a lo largo de los años con gran aprobación de los clientes.

Loaiza dijo que las convicciones religiosas de su familia les llevaron a dejar de vender alcohol en su restaurante. Luego vendieron el negocio y se dedicaron a la producción de salsa. La inversión inicial de 100.000 dólares vino de los ingresos logrados por la venta del restaurante.

Su negocio es rentable, pero Loaiza prefiere no relevar las ganancias concretas.

El sitio donde la familia produce la salsa no es más grande que un garaje de tres plazas y está ubicado en la zona de Apache Flats de Jefferson City. Contra una pared hay innumerables cajas, cada una con 12 frascos de salsa. La pared opuesta tiene fregaderos y mostradores. En medio de todo —donde tomates y condimentos se convierten en salsa — hay dos hervidores de 80 galones donde se cocinan los ingredientes.

Junto a los hervidores está la pequeña línea de producción donde cada frasco pasa por debajo de una máquina que lo llena con salsa, luego se pasa al enlatador, que les cierra herméticamente la tapa. Finalmente, termina en un reci-piente plateado que tiene el mismo tamaño que una mesa redonda para cuatro personas. Allí, uno de los Loaiza colecciona los frascos y los mete en una caja. Este proceso produce entre 2.500 y 3.000 frascos de salsa cada ocho horas.

Loaiza dice que mantener el negocio requiere mucho trabajo. La familia hace cuatro turnos semanales de ocho horas, haciendo seis variedades de salsa: suave, “chunky” (que tiene una consistencia menos líquida), caliente, de pina, de frijoles negros y de melocotón. La variedad suave es la más popular y genera un 30 por ciento del total de ventas. Las variedades “chunky” y caliente se llevan el 15 por ciento de las ventas cada una.

La familia lleva la salsa a los supermercados personalmente y regalan muestras de la salsa en las tiendas los fines de semana. En Columbia, la salsa puede encontrarse en los supermercados Schnucks, Wal-Mart SuperCenter, Moser's Discount Foods, y Patricia's Foods. Va bien el negocio, dice Richard Loaiza, pero require atención constante. “No es para los débiles de corazón, eso es seguro”, dice. “Cuando no estamos fuera repartiendo la salsa, estamos aquí haciéndola”.

El desafío para un pequeño negocio familiar es competir con las marcas nacionales que los consu-midores conocen a través de las grandes campañas publicitarias, dice Loaiza. Él dice que su familia intenta ofrecer un producto con calidades únicas para tener éxito.



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