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A la caza de
un visado


reporteros de Adelante

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Para Guadalupe, la frontera siempre fue un espacio natural, abierto. “El otro lado”, como le llamaban sus amigos en la escuela, estaba ahí, cruzando el río Bravo, a dos horas en auto de su casa de Monterrey, en el norte de México. Su abuelo paterno vivía aún más cerca del límite, en Acuña. Para él, cruzar a Texas para comprar floats, una peculiar combinación de helado y refresco, era parte de la vida cotidiana.
Algunos miembros de la familia eran “ropavejeros”. Se dedicaban a la venta de prendas usadas que adquirían en McAllen, Texas, apenas traspuesto el límite. Luego, los tejanos hacían el camino inverso y compraban esa ropa por unos pocos dólares.
La vida, entonces, era cíclica. La frontera creaba comunidad.
Las imágenes de esos años aún están frescas en la memoria de Guadalupe, pero contrastan drásticamente con las del presente.
En algún rincón de su casa de Columbia están aún los dos últimos pasajes de avión que compró para que su mamá, María, viniera a visitarla. Pero María nunca pudo usarlos porque en ambas oportunidades, en el lapso de dos años, los consulados de los Estados Unidos en Monterrey y en Nuevo Laredo, México, le negaron la visa de turista.
Los funcionarios consulares ven en María una potencial inmigrante ilegal en los Estados Unidos. Es que la crisis económica mexicana de 1994 obligó a su esposo, Héctor, a vender su negocio de distribución de frutas y legumbres. En los años siguientes él intentó remontar su situación vendiendo sus productos a almacenes de la región. Pero en los papeles que María presentó en el consulado, Héctor figura como “desempleado”.
Lo irónico es que María es hija de un estadounidense que vive en Houston, Texas. Ella tuvo la posibilidad de pedir la residencia, pero decidió no hacerlo. Su vida estaba en Monterrey, donde su familia materna se instaló hace 150 años.
Sin embargo, todo esto unido a las cartas que envió su yerno estadounidense al consulado, no alcanzó para cambiar la decisión de los funcionarios de inmigración.
En mayo de este año, María no pudo asis-tir a la graduación de su hija en la University of Missouri. Guadalupe, quien vive en Columbia desde hace nueve años, acaba de doctorarse en Literatura Española.

Tolerancia cero

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La historia de María es la de miles de personas para quienes después de los atentados del 11 de septiembre venir a los Estados Unidos se ha transformado en una pesadilla.
Largos viajes para cumplir con el nuevo requisito de una entrevista personal en la embajada, esperas de varias semanas o, en algunos casos, meses, y altos costos económicos, son algunas de las características del proceso de emisión de visas bajo la nueva política de “tolerancia cero” de la Agencia de Servicios de Inmigración y Ciudadanía (BCIS, por sus siglas en inglés).
Los resultados del endure-cimiento de los controles son elocuentes. Según datos oficiales, el porcentaje de negación de visas aumentó un 38 por ciento entre 2001 y 2002. En lo que va de 2003, este número mejoró levemente, pero al mismo tiempo el total de visas aprobadas disminuyó casi un 20 por ciento respecto de 2002.
Esto acentúa una tendencia. Entre 2001 y 2002 la aprobación de visas de no inmigrante (turismo, negocios, estudio) cayó de 7,5 a 5,7 millones. “Perdimos un par de millones de visas en un año”, dice Demetrios Papademetriou, co-director del Migration Policy Institute, en Washington, D.C.
“Ya se perciben efectos negativos en ámbitos que han sido tradicionalmente importantes para nuestro país, intercambio cultural, estudiantes internacionales, y tu-ristas”, agrega.
Según el especialista en inmigración, el tradicional 30 por ciento de rechazo en la emisión de visas a los mexicanos trepó en el último tiempo al 40 por ciento. “Por otro lado, a los argentinos y a los uruguayos ahora se les exige visa”, dice Papademetriou. “A los colombianos y a los argentinos se los tiene muy controlados por la inestabilidad económica de sus países”.

Nadie está exento
Aún los ciudadanos de países a los que los Estados Unidos no les exigen visa de tu-rista , como Suiza o España, hoy tienen que pasar por mayores controles.
“Pedidos que se han aprobado siempre, ahora son cuestionados e incluso rechazados”, dice Crystal Williams, de la American Immigration Lawyers Association. “Hay un cambio drástico en la actitud de quienes tienen el poder de otorgar visas. Hoy estamos en la cultura del No”.
Suzzane Gladney, abogada de inmigración en Kansas City, dice que “la gente se queda esperando por meses. En algunos casos no los rechazan, sino que ni siquiera les dan una respuesta”.
En los últimos dos años, el número total de visas en espera de una decisión aumentó el 31 por ciento, según datos del gobierno. Se trata de casi 5,3 millones de visas que aún no han sido aprobadas ni rechazadas.
Por otro lado están quienes reivindican las nuevas exigencias como parte de una necesaria política de seguridad nacional. “En el pasado, los controles del Departamento de Estado para el otorgamiento de visas eran muy débiles", dice Steven Camarota del Center for Immigration Studies, en Washington D.C.. "Si observamos las solicitudes de visa de 15 de los 19 terroristas del 11 de septiembre, vemos que están llenas de espacios en blanco... y de respuestas sin sentido".
"Ahora esto cambió", asegura Camarota. "Los extranjeros tienen que entender que este país está en guerra... Si les resulta muy complicado el proceso de obtención de una visa, entonces tienen la opción de no venir".
Otros, en cambio, consideran que los controles masivos no conducen a resultados concretos en materia de seguridad, y generan situaciones injustas e, incluso, absurdas.
"Estas reglas se están imponiendo a países que nunca han enviado terroristas... Están aplicando las reglas sin distinción, y esto ha causado grandes problemas a muchas personas", dice Gladney. "Y no estoy segura de que esto signifique menos terrorismo".
Walter Gassmann es suizo y trabaja desde hace tres años como profesor adjunto en el departamento de Microbiología de Plantas y Patología de la University of Missouri. En julio fue a Suiza para renovar su visa H-1B, un trámite rutinario que nunca duró más de uno a dos días. Después de todo, hace 13 años que trabaja en los Estados Unidos.
Cuando entró a la embajada en Berna, el 30 de julio, no se imaginó que sus planes para las próximas cuatro semanas estaban a punto de dar un vuelco de 180 grados. El oficial de inmigración miró la pantalla de la computadora y frunció el ceño.
A los pocos minutos, Gassmann fue notificado de que sus papeles debían pasar por controles especiales de seguridad. Esto podía demorar entre seis y ocho semanas. ¿El motivo? La computadora arrojó que Gassmann nació en Paquistán, uno de los países que los Estados Unidos tienen en su lista de potenciales peligros terroristas.
Lo que la computadora no dijo es que Gassmann nació en Paquistán por una eventualidad, que su padre es suizo y su madre alemana, y que él nunca tuvo nacionalidad paquistaní. .
En ese momento Gassmann pensó en su esposa y en sus tres hijos que estaban en Columbia, en el comienzo de clases y en su laboratorio de investigación, donde trabajan siete personas a su cargo. Sintió rabia e impotencia..

Laura Elizabeth Pohl/Adelante

Walter Gassmann, an assistant profesor in MU’s Department of Plant Microbiology and Pathology, is one of many foreign nationals in Missouri who have faced visa problems.

De no haber sido por la ayuda de sus colegas de la universidad que movieron algunos contactos políticos, entre ellos el senador por Missouri Kit Bond, probablemente Gassmann aún estaría en Suiza.
Nadie debería tener que pasar por esto, dice Gassmann. "Ni un ciudadano paquistaní ni uno sirio... Pero mi caso muestra cuán ridículo es todo el sistema".
Después de esperar cuatro semanas, Gassmann pudo regresar a Columbia, el 27 de agosto. La historia no termina allí, ya que a principios de octubre tendrá que presentarse en el edificio de la BCIS en Kansas City, Missouri para controles adicionales.
"Los funcionarios siguen una serie de reglas que no son coherentes", dice Gassmann desde su oficina en la universidad. Y explica que en Suiza a los inmigrantes también les toman las huellas digitales, pero pero los controles se realizan en forma eficiente y con el personal adecuado".
El de Gassmann no es un caso aislado. Durante una audiencia que se realizó en marzo ante el comité de Ciencia de la Cámara de Diputados, en Washington, D.C., se expuso que había aproximadamente 25.000 visas demoradas por chequeos adicionales de seguridad, y que la mayoría de éstas pertenecían a personas que realizan investigaciones en áreas clave como SIDA, Virus del Oeste del Nilo, mapa genético y ciencias espaciales.
Esta situación ya había sido criticada por la Oficina del Inspector General (OIG, por sus siglas en inglés), un organismo del Departamento de Estado, en un documento publicado en diciembre pasado. Allí se indica que después del 11 de septiembre de 2001, y a pesar de los esfuerzos por mejorar la situación, "las políticas y los recursos (en materia de inmigración) siguen siendo inadecuados".
Carencia de personal, mala infraestructura y falta de capacitación de los funcionarios son, según el informe de OIG, algunos de los problemas recurrentes en los 200 puntos de emisión de visas que los Estados Unidos tienen en todo el mundo.
Las nuevas medidas inmigratorias, unidas a una economía local y mundial en retracción, produjeron un quiebre sustancial en los ingresos de los llamados visitantes temporarios a los Estados Unidos, que venían en ascenso desde 1985. Durante 2002, hubo 27,9 millones de ingresos de extranjeros (no-inmigrantes) a los Estados Unidos. Esto es, 4,9 millones menos (15 por ciento) que en 2001.
Si consideramos sólo a los estudiantes internacionales, los ingresos disminuyeron un 7 por ciento en el mismo período, de acuerdo con un estudio reciente del Migration Policy Institute -alrededor de 73.000 alumnos menos que en 2001.
"Los estudiantes pueden ir a otros países, como Australia, que ya supera a los Estados Unidos en el número de alumnos de Asia y de otras regiones del mundo", dice Gary Weaver, de la facultad de relaciones internacionales de la American University, en Washington, D.C.
"El turismo también se va a ver seriamente dañado.Esto va a ser devastador para algunas ciudades estadounidenses que nunca se recuperaron del impacto económico del 11 de septiembre", explica Weaver. La otra consecuencia a corto plazo, en su opinión, es que cada vez será más difícil para los estadounidenses viajar al exterior. El resto del mundo va a pagar con la misma moneda.

Sin atenuantes
Tolerancia cero significa, literalmente, que los funcionarios consulares no van a dudar en ser demasiado conservadores. Cuando un caso levanta sospechas no hay atenuantes que valgan. Ni siquiera el hecho de estar casado con un ciudadano estadounidense.
Else es brasileña y cursó sus estudios de pre-grado en una universidad de Kansas. En un punto de la carrera tuvo problemas de salud y dejó las clases durante un semestre. Cuando se recuperó, la universidad le informó que había perdido su estatus inmigratorio al no inscribirse en las materias, y que no podían aceptarla como alumna.
En medio de todo esto, Else conoció a Rene, un estadounidense de Kansas City. La pareja decidió casarse este año en Sao Paulo, Brasil, donde Else tiene una familia muy numerosa.
Pasada la fiesta, los recien casados fue al consulado de los Estados Unidos en Brasil para solicitar una visa de inmigrante para Else. El oficial que los atendió se la negó, y le informó que por haber perdido su estatus de estudiante y haberse quedado, no obstante, en los Estados Unidos, le correspondía un castigo: no podría ingresar al país por 10 años.
Rene volvió a los Estados Unidos solo. En Kansas se contactó con la abogada Mira Mdivani, quien de inmediato tomó el caso. Mdivani estudió la letra chica de la ley y descubrió que en el caso de los estudiantes no se aplica el castigo de 10 años, a no ser que un juez haya dictaminado que esa persona estaba violando el estatus.
En el consulado de Sao Paulo rechazaron el argumento. Mdivani contactó al Departamento de Estado, en Washington, D.C. Le dieron la razón. Después de cuatro meses, Else pudo reunirse con su esposo en Kansas City, Missouri. Y hace poco volvió a la universidad.
"Este es un ejemplo de cómo la ley se aplica hoy con la mayor dureza, y sin considerar los atenuantes que la misma ley prevé", dice Mdivani. "Detrás de trámites que parecen sencillos hay tragedias humanas terribles".
A María, de Monterrey, México, la sola idea de volver a intentar conseguir una visa le revuelve el estómago.
"Te quiero mucho hija, pero no puedo volver a pasar por esto", le dijo a Guadalupe la última vez que la rechazaron, a principios de año. "Ese día, después de que le entregaron el pasaporte con la visa denegada, un guardia de seguridad la empujó con un rifle", cuenta Guadalupe, quien da clases de español en una universidad privada en Missouri Central.
Para la mexicana, cuya especialidad son los estudios culturales, es necesario mirar el presente en perspectiva histórica.
"Los estadounidenses no deberían estar tan preocupados por la seguridad si hubieran sido justos con sus vecinos", dice Guadalupe.
"No se puede negar la historia".

Nota: Guadalupe pidió reserva de identidad mientras el gobierno estadounidense aprueba su pedido de residencia

 



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