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Pablo Ureta,
su hijo wilson y su hermana Laura celebran su
cimpleaños el 21 de septiembre de 2000 en
Columbia, Mo. (Cortesia de la familia
Ureta)
Doble
condena para Pablo Ureta
Tracy
L. Barnett
A
LOS 18 años, Pablo Ureta era como muchos
jóvenes estadounidenses se
relacionó con malas compañías,
y usó drogas. Se vinculó con un grupo
de jóvenes que traficaban marihuana. Lo
detuvieron, enjuiciaron y sentenciaron a 14 meses
en la cárcel.
En 1994
fue cuando Ureta vivió los hechos que
cambiaron su vida para siempre. Él no
tenía idea de cuánto
cambiaría, hasta mayo de este
año.
Ureta fue
a la cárcel y cumplió su condena. Se
casó con su novia de la secundaria, y
tuvieron un niño al que llamaron Wilson. Se
comprometió a no nunca más usar
drogas, y a evitar cualquier cosa que pudiera
causarle problemas. Consiguió trabajo en una
compañía instalando equipos de
telecomunicaciones, y trabajó allí
por cinco años.
Pero no
quería detenerse aquí. Quería
volver a estudiar y conseguir un título para
poder tener más oportunidades y mejorar la
situación de su familia. Le dijeron que para
entrar en un programa de capacitación,
necesitaba ir a la oficina del Servicio de
Inmigración y Naturalización
INS, en Kansas City y hacer los
trámites para renovar su residencia. Porque,
a pesar de haberse criado en los EE.UU., Ureta
nació en Uruguay. Su madre, veterinaria,
vino con sus tres hijos a los Estados Unidos poco
después de morir su esposo, con una beca de
las Naciones Unidas. Pablo tenía 8
años.
A pesar
de las dificultades económicas, Nancy
Malugani proporcionó una buena vida para su
familia, trabajando como profesora de
español en una escuela secundaria de
Columbia, y Ureta creció como cualquier
niño estadounidense.
Cuando
decidió renovar su residencia, Ureta no
tenía la menor idea de lo que le esperaba.
En la mañana del 24 mayo, besó a su
esposa y salió rumbo a Kansas City para
hacer el trámite. Nunca
regresó.
Ahora, el
joven uruguayo espera en un centro de
detención del INS en Topeka, Kansas. Lo que
le espera es una deportación
automática bajo la ley de Inmigración
de 1996 que empeoró la situación de
los inmigrantes que tienen antecedentes policiales
como el de Pablo Ureta. Aún cuando
éstos hayan cumplido con su condena, se
hayan rehabilitado y se hayan convertido en buenos
ciudadanos, a pesar de estar casados con una
ciudadana estadounidense y de tener un hijo
estadounidense.
Ni Ureta
ni su esposa hablan español, y hay pocas
posibilidades de que él consiga trabajo en
un país con una situación
económica desastrosa como la del Uruguay. No
tiene familia ni amigos en su país natal que
lo puedan ayudar una vez que llegue al aeropuerto
de Montevideo. Si lo deportan, su esposa no tiene
planes de acompañarlo. Su hijo de cinco
años no tiene la menor idea de lo que
está pasando con su papá. Su familia
está desesperada.
A Pablo
Ureta le quedan dos remotas posibilidades para
poder quedarse en el país. Una es el
perdón del gobernador de Missouri la
familia está haciendo circular una
petición para pedir tal perdón al
Gobernador Bob Holden. La otra es que pase un
proyecto de ley federal, la Ley de
Reunificación Familiar (Family
Reunification Act). Esta ley permitiría
que un juez estadounidense considerara a la familia
de Ureta y su buen comportamiento en los
últimos siete años.
Para
firmar la petición, vaya al www.petitionpetition.com
bajo el título: Save
an American Family from Permanent
Separation.
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