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En
Dalis, Paco Sánchez y Miguel
Martínez (dueños) y Todd Christman
(chef) trael el gusto y la atmósfera de
España a Columbia. (Sara
Fajardo/Adelante)
A la
conquista del paladar
por
Suan Pineda
reportera
de Adelante
Un rayo
de sol en la cara, una pizca de viento en los
cabellos, los olores de ajos fritos en la punta de
la nariz y el paladar, y el siseo del lago, nos
transportan a una alucinante tarde en la costa
mediterránea. Los vapores y olores de
platillos españoles envueltos en la
mística atmósfera de Salvador
Dalí terminan de convencernos que no estamos
en Columbia, Missouri, sino en un rincón de
una plaza española.
Dalís,
que abrió sus puertas el 29 de julio, ya
recibe cerca de 300 comensales un viernes por la
noche. Miguel Martínez y Paco Sánchez
le abren a todos los brazos de España a
través de la comida.
Estos
dos pioneros de la cocina española han
estado en el ambiente culinario por más de
una década. En 1993 abrieron Café
Olé, y luego de 4 años de
funcionamiento cerraron, para regresar con un nuevo
nombre, Dalís, y una nueva
locación, 10 Southampton Road.
De hecho,
este dúo planea conquistar el apetito de
Columbia. Pero su plan de conquista es
diferente.
Hay
que conquistarlos de nuevo, dice
Martínez. Pero no como en
1500.
Martínez
y Sánchez lo tienen fríamente
calculado. Su fórmula es simple: Abrir
los ojos y el paladar con tibio aroma de los
platos y la calidez del ambiente.
Una de
sus armas secretas es Todd Chrisman, el chef.
Chrisman no ha tenido problemas en cocinar comida
española, aunque sí un poco memorizar
los nombres de los platos en español. A
pesar de no ser oriundo de España, Chrisman
dice que es casi un instinto para él
preparar platillos españoles.
Lo
que me gusta de la comida española es que es
sencilla. No tiene muchas salsas que disfrazan el
sabor del plato, dice Chrisman.
Pero
Dalís hace más que abrir
los ojos y el paladar. No sólo abre el
apetito con los aromas que emanan de la cocina,
sino que abre los oídos con el raspar de las
guitarras, abre los poros con la calidez del
ambiente, y abre el espíritu con un viaje
tácito a la Península
Ibérica.
Decenas
de mesas sin mantel, un farol en medio de un piso
de mosaico, y el repicar de castañuelas,
sirven de ambientación perfecta para la
manera más placentera y relajante de
comer... y aprender español.
Con todos
los nombres de los platillos en español y
más de la mitad de la selección de
vinos es importada de España, los comensales
no tienen otra opción que tratar de
pronunciar en un castellano machacado Gambas
a la Sevillana o Paella
Valenciana.
El ruido
de los platos de la cocina, de la que se escapan
todo tipo de fragancias, entremezclado con un
bocado de Codorniz Isabel, una mordida
a unas tapas, y un sorbo de vino español,
hace olvidar a la lengua el idioma que
habla.
Pero este
es el simple resultado de lo que Martínez
dice, es el principal e imprescindible ingrediente
de todos los platos: cariño. Porque el
cariño le da un gusto especial,
enfatiza.
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