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Convertirme
en ciudadana estadounidense

Nancy
Izelda Malugani
CUANDO
SALÍ DE Uruguay en 1984 me
despedí de mis amigos y familiares con la
intención de volver a mi patria en 2
años, de acuerdo a lo acordado con las
autoridades de las Naciones
Unidas.
Mis planes cambiaron radicalmente luego del primer
año de estar en Columbia. Por razones
profesionales y de la política de mi
país en ese momento, mis 3 hijos y yo
decidimos quedarnos en los Estados Unidos en forma
permanente.
Toda
persona que haya tenido que lidiar con
inmigración sabe cuan tediosos y complicados
son los trámites para obtener la
ciudadanía.
Este
proceso lo iniciamos luego de que mi visa
diplomática se venció, en 1986.
Primero tuvimos que solicitar la residencia
temporaria. Debido a que mi pasaporte era
diplomático, nos llevó más de
6 años de trámites para transformar
esa residencia temporaria en permanente. Un
inmigrante puede solicitar la ciudadanía
estadounidense luego de 5 años de ser
residente permanente del país. Es una
decisión que implica no sólo el
desembolso de $250 pero también estar seguro
de que sus huellas digitales pasarán el
escrutinio de las sofisticadas máquinas del
FBI, estudiar para el exámen de gobierno y
demostrar básicos conocimientos de
inglés.
Lo
antedicho es simplemente una explicación de
los pasos a seguir para convertirse en ciudadano
estadounidense. Lo que a veces hace muy
difícil tomar esa decisión es el
hecho de que en el momento en que aceptamos esa
ciudadanía debemos renunciar a la de origen.
Personalmente me llevó varios años
llegar a la determinación de renunciar a mi
ciudadanía uruguaya y convertirme en
estadounidense. No puedo negar que mientras
esperaba el desenlace de este proceso
comencé a sentirme más cómoda
con la idea. Luego de un año de esperar
desde mi solicitud recibí una carta
anunciando que el 19 de julio debía
presentarme en un juzgado de Kansas City para dar
mi juramento de fidelidad a este país.
Aunque debiera haber sido una noticia para
festejar, en mi caso se vio ensombrada porque en
ese mismo momento mi propio hijo estaba detenido
por el Servicio de Inmigración y
Naturalización , INS en inglés, para
ser deportado. Una parte de mí se
sintió feliz y la otra increíblemente
triste. Decidí invitar a una de mis mejores
amigas a la ceremonia y la verdad es que su
presencia fue invaluable para mí. Todo el
ambiente en la sala de la corte era festivo y debe
haber sido la primera vez que veo a todo el mundo
contento salir de una corte judicial. Durante la
ceremonia todos los candidatos debimos prestar
juramento a la constitución y prometer
fidelidad a los principios que representan a esta
nación. Con todo mi corazón yo
quería sentirme feliz, pero honestamente en
el momento que tuve que repetir:
....fidelidad a esta nación con
justicia y libertad para todos.... no pude
contener las lágrimas que comenzaron a rodar
por mis mejillas al recordar el intenso dolor que
mi familia está padeciendo; digamos que ese
día que yo esperaba que fuera
increíblemente feliz se transformó en
una experiencia agridulce.
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