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Mientras la patria duerme

Rafael Flores Segura

MIENTRAS LA PATRIA duerme, allá lejos, bajo el infinito manto celestial, cobijados con la única ilusión de arrancar pedazos de existencia al vientre de esta patria, un grupo de inmigrantes luchan por sacarle ventajas a la vida.

No piden nada al señor, tal vez porque ya olvidaron como se pide, tal vez porque se cansaron de rogar.

Han venido desde lejos, dejando a los suyos casi al total desamparo. Desde temprano, casi a oscuras, mientras la patria duerme, estos seres anónimos se enfrentan a una nueva jornada, bien sea en las verdes fincas del campo o en las fábricas de las grandes ciudades. En el campo, disfrutan viendo crecer el fruto de su sacrificio, cortando la tierra en pedazos, apartando raíces, piedras y terrones para dar paso a la semilla que regada con el sudor de su frente, y florecerá como el encanto en ésta que ya es su tierra.

Pronto llegará la cosecha, aparecerá cargada de abundante alegría, de esperanzas y de ilusiones. Nada los desanima, nada los preocupa. Nada que no sea el bienestar de su familia y el deseo de mejorar cada día. Ni siquiera saben de la existencia de una ley que les prohíbe trabajar libremente, esa ley que han violado y que seguirán violando con el simple objetivo de poner un grano de arena para el desarrollo de este maravilloso país.

Mientras la patria duerme, para los emigrantes, no existen trabas, no existen peros, no existen obstáculos para luchar.

La naturaleza da lo necesario, el hombre debe de aprender a vivir con lo que es fruto de su trabajo. Los emigrantes, sean estos legales o ilegales, son personas generosas con el único pecado de haber nacido en el lugar equivocado . Son personas que han aprendido a amar esta tierra como si fuera suya.

De hecho ha quedado demostrado ahora, después de la catástrofe ocurrida en Nueva York, el 11 de septiembre, más de 50,000 hispanos se enrolaron en calidad de reservistas, dispuestos a ofrendar sus vidas y el bienestar de los suyos, por este pedazo de tierra que consideran propia. Y no se trata de estar de acuerdo o no con que la violencia sea el mejor camino para conseguir la paz, se trata de ver la disposición en la que se encuentra el pueblo hispano con tal de defender esta tierra que alimenta sus raíces. Es por eso que al pueblo norteamericano, le recordamos una vez más, que con todo y las diferencias físicas y de lenguaje, SOMOS HERMANOS. Y lucharemos hasta el fin.

Lic. Rafael Flores es de Honduras. Enseña español en el departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Missouri.

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