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Perú, ¿país posible?

Rosario Rubina

DESPUÉS DE LAS elecciones presidenciales del 3 de junio pasado que dieron como ganador a Alejandro Toledo, los más de 26 millones de peruanos deseamos que nuestro país mejore y adopte el rumbo correcto de la democracia, el desarrollo y la prosperidad.

Esta no es una tarea fácil para el actual gobernante, pues tiene que hacer del país un “Perú Posible” —como reza el eslogan de su partido político—, un país en donde se pueda vivir, se respeten los derechos humanos, los derechos laborales, y en donde los peruanos quieran quedarse para hacer patria.

Sin duda, Toledo tiene sobre sus hombros una importante tarea, sacar adelante a un país lleno de problemas, con altos índices de desempleo y subempleo y, una crisis política heredada del decenio fujimorista y anteriores gobiernos.

Su misión es complicada, si se tiene en cuenta que debe devolver a los peruanos la fe perdida y el respeto a la clase política luego del gobierno del ex presidente Alberto Fujimori, actualmente refugiado en Japón, que cometió atrocidades e hizo de la corrupción su principal arma de batalla.

Además el nuevo Jefe de Estado tiene que enfrentar a un mal aún existente, el terrorismo, que ha reaparecido en la selva central y, con natural razón, preocupa a la población peruana que vivió en carne propia el accionar subversivo de los años 80 y principios de los 90, y dejó más de un millón de muertos y cuantiosos daños materiales.

La labor del líder del Perú Posible es ardua y él lo sabe, por eso a sólo un mes y medio de su gobierno ha comenzado a dar algunas medidas, aplaudidas por unos y abucheadas por otros. Una de las más controvertidas es el aumento de sueldo a los miembros del Poder Judicial, en el orden del 70 al 100%, para — según Toledo — garantizar un correcto funcionamiento de la justicia y evitar las “coimas” y el usual soborno.

Sin embargo, ese anuncio no fue tomado con alegría por la ciudadanía, debido a que existen otros sectores laborales que requieren con mayor urgencia ser atendidos como los profesores, policías, jubilados, muchos de ellos perciben un pago ínfimo de 360 soles ó 100 dólares al mes y, siempre son los últimos de la fila, los olvidados.

A estas airadas protestas, no faltó un acusioso periodista que averiguó el estipendio presidencial y lo dio a conocer a la opinión pública. La sorpresa fue grande. Según la información, Toledo ganará $255,000 al año — doce sueldos y dos gratificaciones, cada una equivalente a $18,000). Para algunos expertos laboralistas, ésta es una excesiva remuneración para un Jefe de un Estado de un país en recesión y en donde la palabra “austeridad” está muy de moda.

Otra dispositivo que estudia el gobierno de Toledo es la descentralización, que busca que Lima, la capital, no sea todo el Perú y, los habitantes de los pueblos más alejados puedan tener acceso a una mejor educación y servicios.

Por el momento, desde esta tribuna, no podemos juzgar su gobierno, sería demasiado prematuro. Hay que darle tiempo. Solamente espero, y lo digo como peruana, que sin buscar ambiciones políticas Toledo adopte las medidas correctas que lleven al Perú a la reactivación económica, al desarrollo y logre después de muchos años de sufrimiento salir Adelante!

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