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Felipa arregla sus guantes de seda antes de la fiesta. Ella ha cuidado todos los detalles para la gran noche, que le permite pasar a la adultez.

Inolvidable Quinceañera
Ingresamos en la fiesta de una joven latina, en su paso de niña a mujer

por Rebecca Rivas
reportera de Adelante

SEDALIA — Afuera del restaurante y bar México Lindo, seis muchachas ataviadas con hermosos vestidos de seda, hacen cola a lado de sus respectivas parejas. Ellas lucen nerviosas.

Toda la semana, en el sótano de la iglesia, los muchachos y muchachas —14 en total— practicaban el movimiento de caderas y un poco de merengue para la tradional fiesta de los Quinceaños.

Felipa Pérez, la quinceañera, arregla sus guantes de seda por centésima vez. Ella lleva puesto un vestido similar a la de una novia, pero de colores: rosado y blanco.

Por un día, Felipa pasa a ser como una reina con un vestido muy elegante, un anillo de oro y una coronilla, pues cuando una niña cumple quince años en latinoamérica, ella se convierte en una señorita. Para la niña, esta nueva etapa significa más libertad, permiso para salir con los chicos y una gran fiesta.

“Es el día más importante de la vida de una chica”, opina Karen Sierra, una de las cinco damas de honor que acompañarán a Felipa toda la noche.

La fiesta de Quinceaños tiene su origen en las tradiciones aztecas y mayas, cuando la niña era sacada de su comunidad para que pudieran aprender a ser una mujer. Después de la llegada de los españoles, la ceremonia adoptó ciertos aspectos de la fe católica.

Como en una boda, la quinceañera empieza con un acto litúrgico, en el que le pide a Dios su bendición. Después, sigue el baile.

Para una chica, es tradicional que las manos tiemblen cuando está frente al altar mientras todos los presentes la miran con atención. Es parte del rito que sienta “mariposas en el estómago” cuando llega el momento de bailar con los siete acompañantes o “chambelanes”.

Toda la semana, Ana Cruz, una amiga de la familia, sonreía cuando veía a Felipa salir del círculo central durante los ensayos. Cada vez que Ana le pedía a Felipa bailar con algún chico, ella lo hacía con la miraba baja para esconder el rubor de sus mejillas. “Ella es muy tímida, pero cuando llegue el día de la fiesta se va a divertir tanto que perderá el miedo”, dice Ana. “Es parte del paso de convertirse de niña a mujer”.

Como una buena amiga, Ana le enseñaba a Felipa como rizarse las pestañas con una tapita con laca, cuando practicaba el maquillaje para la gran noche.

“Es barata, pero funciona”, comenta. Ella fue la primera persona que tocó sus virginales párpados con sombra de color plata. Y para este ocasión, le compró su primer juego de maquillaje.

Cada noche durante siete días, Cruz y Martínez, la otra entrenadora, les gritaban a simpáticas bailarinas: ¡a mover las colitas!

Cindy, Felipa y Esperanza movían sus caderas lo más sensual que podían, tratando de igualar a las otras chicas, mientras los chicos ensayan los difíciles y elaborados pasos.

Y la esperada noche llegó...

Cientos de personas se reunieron en la pista de baile, en el momento que el grupo hacia su entrada. El vals empezó y, las tensas piernas se empezaron a mover tímidamente.

El padre de Felipa, David Pérez, bailó el vals con su hija como una parte de la tradición. Él fue el único hombre que sonreía. El resto de los muchachos estaba ocupado murmurando el número de pasos que debían seguir. “Uno, dos, tres…, vuelta”.

Pero cuando escucharon el merengue, Juan Martínez y Andrew Sierra, empezaron a mover sus caderas con mucho ritmo. Aunque todos se veían nerviosos, al final bailaron con naturalidad y se olvidaron de la tensión.

Después del baile, sus 20 padrinos formaron una fila en la pista de baile. Estaba José Enrique Rodríguez, usando botas y sombrero tejano; David Hofmeister en un traje azul con una llamativa corbata.

Cabe indicar que todos los gastos, desde el vestido hasta la torta, fueron pagados por los padrinos. Por ejemplo, Rodríguez y Hofmeister pagaron la torta.

Rodríguez y su esposa Deyanira trabajan con el papá de la quinceañera, David Pérez, en la fábrica de pollo Tyson al igual que la mayoría de los invitados.

Los hispanos llegaron a Sedalia, hace cinco años, cuando la primera fábrica empaquetadora de pollo comenzó a funcionar. Cuando la familia de Pérez se mudó de Guatemala a Sedalia, ellos no hablaban inglés.

David y Jane Hofmeister recordaron en la fiesta, como la “niña tímida” trabajaba dando catequesis a los niños. Mildred Steffens ayudó a Felipa con sus primeras clases de inglés. Steffens siente que es un honor ser madrina, pero ella no sabía qué hacer, pero la familia le explicó la tradición de las quinceañeras al igual que a los otros padrinos.

El entusiasta DJ pone una pegajosa salsa, mientras las luces rosas y azules enfocan el rostro de los bailarines. Chicas latinas en faldas pegaditas y tacones altos bailaban alrededor de los chicos más guapos de la fiesta que lucían su mejor atuendo y cadenas de oro. Los niños también bailaban.

David mira a su hija que está en el pista de baile y recordaba el mes pasado. Él y su esposa no durmieron durante tres noches. Felipa tampoco. Pero, ahora ella baila como una señorita.

David considera que Felipa va a tener más responsabilidades, pero él sabe que ella no es una adulta todavía. “Ella piensa con una adulta, aunque ella no lo es”.

Al final de la noche, la nueva señorita levanta sus brazos y se pone a bailar en medio de un círculo que formaron sus amigas.

“Ella no es la misma chica”, dice Ana Cruz al ver a Felipa moverse alegremente. “Mírenla, ella está feliz”. El padre de la quinceañera corre por toda la pista de baile con la cámara de video para captar las escenas más importantes de la fiesta. “Sólo se cumple 15 años una sóla vez en la vida. Éste es un día importante para los hispanos”, remarca el orgulloso padre.

Después del baile, sus 20 padrinos formaron una fila en la pista de baile. Estaba José Enrique Rodríguez, usando botas y sombrero tejano; David Hofmeister en una traje azul con una corbata. Todos los gastos, desde el vestido hasta el pastel, fueron pagados por los padrinos. Felipa agradeció a la gente que la apoyó. Rodríguez y Hofmeister pagaron la torta.

Rodríguez y su esposa Deyanira trabajan con el papá de la quinceañera, David Pérez, en la fábrica de pollo Tyson al igual que la mayoría de los invitados.

Los hispanos llegaron a Sedalia, hace cinco años, cuando la primera fábrica de empaquetado de pollo comenzó. Cuando la familia de Pérez se mudó de Guatemala a Sedalia, ellos no hablaban inglés.

David y Jane Hofmeister miraban como la “niña tímida” trabajaba dando catequesis a los niños. Mildred Steffens ayudó a Felipa con las primeras clases de inglés como segunda lengua.

Steffens siente que es un honor ser madrina pero ella no sabía que hacer, pero la familia le explicó la tradición de las quinceañeras al igual que a los otros padrinos.

El DJ pone una pegajosa salsa, mientras las luces rosas y azules enfocan el rostro de los bailarines. Chicas latinas en sus faldas pegaditas y tacones altos bailaban alrededor de los chicos con jeans Tommy Hilfiger y cadenas de oro.

Los niños también bailaban.

David miraba a su hija en el pista de baile y recordaba el mes pasado. Él y su esposa no durmieron durante tres noches. Felipa tampoco, pero ahora ella baila como un adulto.

Al final de la noche, la nueva señorita levanta sus brazos y se pone a bailar en medio de un círculo que formaron sus amigas.

“Ella no es la misma chica”, dice Ana Cruz al ver a Felipa. “Mírenla, está feliz”.

El padre de la quinceañera corre por toda la pista de baile con la cámara de video para captar las escenas más importantes de la fiesta. “Sólo se cumple 15 años una vez en la vida. Es un día importante para los hispanos”, remarcó David.

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