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Mexico:
¿Qué horas son?

Óscar
Chávez
La
noche del 2 de julio mi esposa y yo nos la
pasamos pegados a la televisión.
Alrededor de las 11 de la noche, lo
inimaginable: el presidente Zedillo
reconocía por televisión la
victoria de Vicente Fox, uno de los dos
candidatos de oposición. El partido
oficial, el PRI, era derrotado por vez
primera en una elección
presidencial desde la fundación de
su antecesor, el PNR, en 1929. Lo
impensable acababa de ocurrir.
¿Qué
significa esto? Es fácil ceder a la
tentación y decir que es como la
caída del Muro de Berlín.
Muro de Berlín o no, en cualquier
caso no puede negarse que es un hecho de
enorme trascendencia en la historia de mi
país.
El
1o. de diciembre tomó
posesión Fox, y desde la ceremonia
misma rompió con algunas de las
tradiciones establecidas. A pesar de que
casi todos los presidentes mexicanos de
este siglo han sido católicos,
ninguno ha hecho ninguna
manifestación pública de
ello. Fox decidió iniciar su
mandato yendo a la Basílica de
Guadalupe antes de la ceremonia oficial.
Su
discurso inaugural estuvo lleno de
promesas, tal como uno esperaría.
¿Cumplirá Fox estas promesas?
Parece ser que el sentir de mucha gente es
que sí. Puede ser que algunas de
estas promesas despierten cierto
escepticismo, pero de todas maneras en
México se respira un aire de
cambio. El gabinete presidencial ha sido
formado en su mayor parte por personas que
no habían ocupado altos cargos de
gobierno en el pasado. Esta falta de
experiencia es compensada por la confianza
que se le tiene a alguien que no ha sido
parte de los gobiernos anteriores.
¿Qué
cabe esperar del gobierno de Fox? En
México se tiene la mala costumbre
de esperar todo del gobierno, lo bueno y
lo malo. De acuerdo con esta costumbre,
probablemente muchos mexicanos sientan que
ahora sí vamos a cambiar, que ahora
sí vamos a progresar, como si estas
cosas dependieran exclusivamente del
Presidente. En realidad, es probable que
la economía cambie lentamente, y
que muchos de los cambios no ocurran de
inmediato. Lo que los mexicanos hemos
ganado no es, creo yo, un gobierno que va
a resolver todos los problemas, sino el
reconocimiento de que ahora tenemos la
facultad de elegir, en una competencia
abierta y justa, a quien va a gobernar el
país. Esta diferencia es muy
significativa. Ahora, por vez primera
desde 1911, el presidente le debe su cargo
al pueblo que lo eligió, no al
presidente anterior o a las armas.
Lejos
quedaran aquellos días en que el
presidente de México gozaba del
poder absoluto. Poder que se refleja con
exactitud en una vieja anécdota
sobre el presidente López Mateos
(1958-1964). El presidente le pregunta a
uno de sus ayudantes
¿Qué horas son?, y
el ayudante responde, las que usted
quiera, Señor Presidente.
Ahora son las horas que son, le guste o no
al Señor Presidente.
Óscar
Chávez (oc918@mizzou.edu)
estudia el doctorado en Educación
Matemática en la Universidad de
Missouri.
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