La
increible argentina
de todos los días

Hugo
Alconada Mon
DOCTOR MENEM,
A partir de este momento queda detenido
a disposición de mi juzgado por los
artículos 210 y 293 del Código
Penal, dijo el juez Jorge Urso, quien se
había parado para pronunciar la frase de
rigor.
¿Dónde?...
¿Puede ser arresto domiciliario,
doctor?, preguntó Menem sentado en una
silla de cuero bordó.
Sí,
doctor, ya arreglaremos el lugar de su
detención.
Eran las
10,23 del jueves 7 de junio de 2001 y Menem se
convirtió en el primer ex presidente
constitucional de la República Argentina
que, habiendo sido electo por las urnas, quedaba
detenido durante una democracia por orden de un
juez competente.
Usted
está cometiendo una injusticia,
agregó el ex presidente, pero era demasiado
tarde. Todo estaba dicho.
***
El
derrotero comenzó en 1991. La guerra en los
Balcanes tuvo su capítulo sudamericano,
cuando la Argentina exportó un
cargamento de pólvora y armas con destino
final en Croacia.
En 1995
la novela vivió su segundo capítulo.
La guerra entre Ecuador y Perú
conflicto en el que Argentina era garante del
acuerdo de paz también sirvió
de marco para una nueva venta de armas y
pólvora que llegó a Quito.
En total,
se vendieron 6.500 toneladas de armamento y
pólvora. Es decir, seis millones quinientos
mil kilos de armas. Pero los problemas comenzaron
de inmediato.
En marzo
de 1995 una denuncia presentada por un abogado
particular poco conocido por entonces, Ricardo
Moner Sans, impulsó una investigación
que seis años más tarde contiene
cerca de 100 expedientes y 200 mil fojas, en las
que están imputados penalmente 46 personas,
entre ellas varios ministros y secretarios de
Estado y, desde el jueves 7, el ex presidente de la
Nación.
A todos
ellos se les imputa algún grado de
participación en la organización,
práctica o encubrimiento del tráfico
ilegal de armas, que conlleva además el
encuadre penal de la asociación
ilícita y la falsificación
ideológica de decretos presidenciales. En
otras palabras, que numerosos funcionarios
públicos se confabularon y se beneficiaron
de sus puestos gubernamentales para
delinquir.
Pero
además, los argentinos quedaron absortos al
enterarse de los avances de otra causa penal
más sangrienta. En efecto, los
fiscales que intervienen en otro Juzgado federal
buscan determinar si existe alguna conexión
entre el tráfico de armas por el que
quedó detenido Menem y el estallido del
polvorín de una fabricación militar
en la provincia argentina de Córdoba. La
explosión de noviembre de 1995, que ahora se
duda si fue intencional o accidental,
provocó la voladura de un pueblo, la muerte
de más de una decena de personas y las
heridas de otros 2 mil habitantes.
***
Las
pruebas acumuladas en los tribunales hasta el
momento son elocuentes, pero no terminantes. Se
sabe en los decretos presidenciales figura que las
armas se exportaron a Venezuela y Panamá,
país célebre en el mundo por carecer
de Fuerzas Armadas. Pero que el armamento en la
práctica se desvió a Croacia y
Ecuador.
También
se sabe que se habrían cobrado coimas,
reintegros o favores económicos por las
armas. Esto permitiría descartar la
teoría esgrimida por el círculo
íntimo del ex presidente, que en las
últimas semanas afirmó que todo se
debió a un pedido de colaboración de
los Estados Unidos.
De
acuerdo a esta hipótesis, el gobierno
estadounidense habría solicitado a los
funcionarios argentinos que ayudaran a estos
países, proveyéndoles de armas pese
al embargo internacional, algo que los gobiernos de
George Bush y, luego, de Bill Clinton no
podían hacer por sí mismos para no
generar un conflicto mayúsculo, pero que
sí permitió a la Argentina, dejando
circular los embarques.
Sin
embargo, el cobro de dinero destruye la
hipótesis. Si se trató de una
decisión política, ¿por
qué algunos funcionarios recibieron dineros
en sus cuentas bancarias secretas?
***
Tres
datos. Primero, el gobierno nacional presidido por
Fernando de la Rúa sostiene como
única posición oficial que promueve
la independencia del Poder Judicial y que no desea
inmiscuirse, ni opinar, sobre las decisiones de los
magistrados. En realidad, la clase política
no sabe qué ocurre en la Justicia.
Más claro, los políticos no saben a
qué atenerse: si se trata de la
versión argentina de un mani pulite o
si sólo se enfrentan a un juez desesperado
por encontrar una salida a su propio
entuerto.
En efecto
y esta es el segundo dato , el juez
Urso no es una garantía del debido procesal.
Siempre se lo señaló como un juez
proclive a favorecer al gobierno menemista e,
incluso, de estar inmiscuido en una lista de
magistrados manejables por aquella
gestión, lista conocida como la
servilleta.
Ahora, el
cambio de gobierno nacional, el impulso del fiscal
federal Carlos Stornelli, el respaldo de la
Cámara Federal y la presión que ronda
sobre la cabeza del magistrado por una
investigación sobre su presunto
enriquecimiento ilícito, figuran entre las
explicaciones de las hasta entonces imprevistas
decisiones del Juzgado.
El tercer
dato es el más relevante. La Argentina vive
un período económico muy preocupante.
En una meseta recesiva desde hace ya tres
años, el país virtualmente se
devoró en apenas unas semanas una ayuda
financiera internacional de 40 mil millones de
dólares conocido como el
blindaje y ahora define su futuro con un
canje de títulos de deuda externa a tasas
que rondaron el 15 por ciento anual.
La
incógnita que subyace entonces en el
inconsciente colectivo es similar, pero distinto, a
la esgrimida por la clase política. ¿La
Argentina inicia un estadio de Estado de Derecho
real, alejada de la idea de impunidad para unos
pocos, o sólo presencia lo que en realidad
es una inmensa cortina de humo promovida
para distraer la atención de otros asuntos
acuciantes? ¿Justicia o Marketing?
Hugo
Alconada Mon es abogado y periodista argentino.
Especializado en el área de la
Comunicación Política,
completó con honores un máster en la
Universidad
de Navarra,
España, y vivió algunos meses en
Columbia como profesor visitante de la Universidad
de Missouri.
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