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Cuba: de otra perspectiva

Johonna McCants

DESPUES DE QUE regresé de Cuba, una amiga brasileña me dijo que su gran país admira a esa isla pequeña por las reformas sociales y económicas que han tenido. Ellos respetan a Fidel Castro porque él, a diferencia de muchos otros gobernantes, no se rinde a los EEUU a pesar de las numerosas amenazas, intentos de asesinato y represalias económicas. Como quiera, aunque no estoy de acuerdo con todas las medidas políticas de Castro, yo le daría la mano sólo por esa razón.

Cuando salí de Cuba estaba enojada con Castro porque yo percibía que mis amistades serían detenidas si hubiéramos seguido con las conversaciones políticas que tuvimos las cuales eran muy cerca de los policías parados alrededor de las calles. Mi deseo era conocer mejor al pueblo más de cerca pero con los restaurantes, taxis y hospedajes reservados para los extranjeros, tenía la sensación que el gobierno cubano no quería que conociera este pueblo.

Estaba frustrada porque no podía saber sobre el país y cómo funcionaba. La mayoría de los edificios en La Habana Vieja se derrumbaban con frecuencia, mientras las estructuras en los distritos turísticos estaban bien mantenidas. Vi una caricatura política sobre Cuba, en la que el lema político “El Socialismo Siempre” había sido cambiado a “El Turismo Siempre;” esa es la realidad en Cuba ahora. ¿Cómo puede sobrevivir el socialismo en un país que depende del turismo para sobrevivir? No puede, y peor con el bloqueo estadounidense porque el peso cubano vale poco y no hay otra manera de traer divisas al país.

Si los burócratas estadounidenses odian al gobierno cubano por sus restricciones al pueblo cubano, ¿por qué bloquean las misiones humanitarias que apoyan al pueblo? Si los legisladores de los EEUU creen tanto en la democracia, ¿por qué hacen tan difícil viajar a Cuba?

Mientras más hablo de mis experiencias en Cuba, más quiero defender a esta nación de quienes la atacan, mientras más aplaudo la revolución por sus numerosos logros, más son las preguntas que tengo sobre las contradicciones de mi país.

Por ejemplo, una de estas preguntas serían ¿cómo es que pueden convivir el capitalismo y la democracia en los EEUU? Hace menos de cuarenta años, las leyes estadounidenses tenían a los negros en un nivel social, político y económico muy inferior. Y otros sectores de la población eran oprimidos también.

Con todo esto aún a este país se le llama “país demócrata.” ¿Por qué se detiene a algunos de sus ciudadanos bajo alegatos falsos por ejercer la libertad que está protegida por la Constitución?

¿Es de esta misma manera que “los Padres de la Patria” declararon que todos eran iguales mientras usaban el sistema de libre comercio para traficar con otros seres humanos?

Cada vez que viajo al exterior aprendo más de mi propio país que del que he visitado o tal vez, simplemente me sublevo contra lo que me han enseñado toda mi vida. Esto me sucedió más en Cuba porque allá hay un sistema totalmente diferente. Pues, ¿cómo podemos empezar a formular y contestar preguntas sobre nuestro país si no tenemos algo con que compararlo? Supongo que es algo que no debemos de hacer. Tal vez es la razón por la que tenemos que obtener una licencia para ir.

Adelante colaboradores Johonna McCants y Christina Claassen pasaron una semana en Cuba juntas el octubre pasado. el artículo de Claassen fue publicado en la edición de noviembre de 2000.

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