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Trabajadores
venezolanos con carteles del presidente Hugo
Chávez en una marcha conmemorarativa del
1º de mayo en Caracas. A pesar de los llamados
a la unidad, la polarización no se ha
detenido en las semanas posteriores a que Chavez
fue brevemente expulasado por los militares. (Jesus
Ochoa/AP)
Venezuela:
No es una república bananera
Gregory
Wilpert
CARACAS,
Venezuela
FUERON
MUCHOS LOS que temieron que, con el intento de
golpe de estado del 11 de abril contra el
presidente Hugo Chávez, Venezuela se estaba
degradando a ser meramente un país
aún más obligado a doblegarse ante la
poderosa voluntad de los Estados Unidos. Sin
embargo, el exitoso contragolpe que
restituyó a Chávez el 14 de abril
probó que Venezuela es un hueso más
duro de roer de lo que los fracasados golpistas
pensaban.
Los
líderes del golpe contra el presidente
Chávez cometieron dos errores fundamentales.
Primero, comenzaron a hacerse ilusiones de
grandeza, creyendo que el apoyo para su golpe era
tan completo que simplemente podían ignorar
a los otros miembros de la coalición
golpista y colocar solamente a los suyos en el
nuevo gobierno. La federación obrera CTV,
que se consideraba a sí misma como uno de
los principales actores del movimiento de
oposición al presidente Chávez,
así como casi todos los partidos de la
oposición moderada, quedaron
excluídos del nuevo gabinete de unidad
democrática. El gabinete de
transición terminó incluyendo
solamente a los elementos más conservadores
de la sociedad venezolana. Procedieron entonces a
disolver la legislatura, la Corte Suprema, la
Oficina del Fiscal General, la Comisión
Electoral Nacional y las gobernaciones de los
estados. Luego, decretaron que sería
suspendida la Constitución de 1999, que
había sido redactada por una asamblea
constituyente y ratificada por el voto popular.
Así mismo, comenzó una intensa
cacería de brujas contra los líderes
del gobierno de Chávez. El nuevo presidente
de transición gobernaría por decreto
hasta el año próximo, momento en que
se convocaría a nuevas elecciones.
Generalmente, este tipo de régimen encaja
perfectamente en la definición de dictadura
que dan los textos escolares.
Este
primer error de cálculo llevó a
varios generales a protestar contra el
régimen, tal vez bajo la presión de
los sectores excluídos de la
oposición, o quizás con genuino
remordimiento. Esto resultó en que pidieran
cambios en el abarcador decreto de
transición democrática.
El presidente de transición Pedro Carmona,
presidente de la cámara de comercio
más grande de Venezuela, aceptó
inmediatamente reinstaurar la Asamblea y
cedió al resto de las exigencias de los
generales.
El
segundo error de cálculo fue creer que
Chávez era irremediablemente impopular entre
la población y entre los militares y que
nadie, excepto Cuba y las guerrillas de Colombia,
lo apoyaban. Tras el pasme y desmoralización
iniciales que el golpe causó entre los
seguidores de Chávez, este segundo error de
cálculo desató enormes levantamientos
y motines en los gigantescos arrabales de Caracas,
que conforman casi la mitad de la ciudad. En
prácticamente todos los barrios de Caracas
las manifestaciones espontáneas y los
cacerolazos se desataron durante los días 13
y 14 de abril. La policía se apresuró
a suprimir tales expresiones de descontento y unas
40 personas murieron en los choques con la
policía. Pero, temprano en la tarde, por
pura transmisión de boca a boca y mediante
teléfonos celulares (Venezuela tiene una de
las tasas per cápita más altas de uso
de celulares en el mundo), se convocó una
manifestación de apoyo a Chávez que
marcharía hacia el palacio presidencial de
Miraflores. A las seis de la tarde unas cien mil
personas se arremolinaban en las calles que rodean
el palacio presidencial. Aproximadamente a la misma
hora, el batallón de paracaidistas, al cual
Chávez antes pertenecía,
decidió mantenerse fiel a Chávez y
tomó el palacio presidencial. Seguidamente,
a medida que se propagó la certeza de
cuán extenso era el apoyo a Chávez,
principales batallones en el interior de Venezuela
comenzaron a alinearse con
Chávez.
Se
evaporó entonces el apoyo al régimen
de transición entre los militares, de modo
que el presidente de transición Carmona,
renunció en aras de evitar el de rramamiento
de sangre. A medida que crecía el arrojo en
sus filas, los seguidores de Chávez
comenzaron a tomar varias estaciones de
televisión, las cuales no habían
informado una sola palabra sobre los levantamientos
y manifestaciones. Finalmente, alrededor de la
medianoche del 14 de abril, se anunció que
Chávez estaba libre y que asumiría
nuevamente la presidencia. Las mul titudes frente a
Miraflores estaban en éxtasis. Nadie
podía creer que el golpe podría
revertirse tan rápidamente. Cuando
apareció en la televisión nacional a
eso de las cuatro de la mañana,
Chávez también bromeó acerca
de que sabía que regresaría pero
nunca había imaginado que sería tan
pronto. Ni siquiera tuvo tiempo de descansar y
escribir algunos poemas, como había esperado
hacer.
¿Cómo
podía ser esto? ¿Cómo un golpe
planeado tan impecablemente y ejecutado tan
suavemente, podía derrumbarse en casi
exactamente 48 horas? Aparte de los dos errores de
cálculo mencionados antes, parece que los
corazones de los militares no estaban totalmente
inmersos en el proyecto de golpe. Una vez que fue
obvio que la extrema derecha estaba
apoderándose del golpe y que Chávez
cuenta con mucho más apoyo del que ellos
podían imaginar, amplios sectores de los
militares decidieron rechazarlo, lo que
desató un efecto bola de nieve
que cambió las lealtades militares. De la
misma forma, al anunciar que una de las principales
razones del golpe era evitar derramamientos de
sangre y que los militares venezolanos nunca
volcarían sus armas contra su propio pueblo,
los seguidores de Chávez se armaron de
más valor para salir a protestar contra el
golpe sin miedo a represalias.
Los
planificadores del golpe parecen haber
creído su propia propaganda de que
Chávez era un líder extremadamente
impopular. Lo que parece que habían olvidado
es que Chávez no fue ningún
fenómeno fortuito, que había
aparecido en Venezuela como resultado de un caos
político, como parecen creer ciertos
analistas políticos. Más bien, el
movimiento de Chávez tiene sus raíces
en una larga historia de organización
comunal e izquierdista en Venezuela. De la misma
forma parece muy probable que, aunque mucha gente
pudiera estar descontenta con la falta de rapidez
en implantar las reformas prometidas, Chávez
sigue siendo el político más popular
en el país.
Gregory
Wilpert es profesor de la Universidad Central de
Venezuela, en Caracas, y de la New School
University de Nueva York. Este extracto de su
artículo ha sido reimpreso por Z Magazine
con el permiso del autor.
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