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Clínica brinda más que salud

por Jessie Turner
reportera de Adelante
traducido por Nancy Malugani

SEDALIA — La clínica está tan abarrotada de gente que parece un restaurante o una reunión familiar. Los “buenos días” y las “buenas tardes” resuenan a través de la sala de espera. Mientras la clínica está una hora retrasada, el voluntario de la recepción trata de explicar cómo llenar los formularios en inglés a un trabajador de habla hispana que está tosiendo. El Dr. Arturo González, el médico de turno de ese día, se precipita de consultorio a consultorio, para poder atender la mayor cantidad posible de pacientes.

La Clínica Gratuita de la Comunidad de Sedalia puede ser caótica, pero para algunos es la única fuente de esperanza que poseen. Esta clínica, compuesta por hábiles voluntarios que hacen desde diagnósticos hasta trabajos manuales, tiene horarios dispares a los de otros centros de salud y depende de un financiamiento diferente.

González, que ofrece sus servicios médicos voluntariamente junto con otros tres de sus familiares médicos, atribuye el éxito de la clínica al heroico esfuerzo de sus voluntarios.

“Cuando llegué aquí, el 90% del trabajo ya estaba hecho,” dijo González, oriundo de El Paso, Texas. “Hemos llegado hasta este punto gracias a la gran cantidad de voluntarios que tenemos.”

Desde sus inicios, la clínica ha funcionado a pura voluntad — con médicos, enfermeras y un grupo de voluntarios dispuestos a dar su tiempo y energía. Cuando la clínica fue abierta en 1997 por el Dr. Vijaya Mangunta, un médico local, funcionaba en el edificio del Ejército de Salvación (Salvation Army). Después de un año, la clínica se mudó al local actual con la ayuda del Dr. Donald Allcorn, quien ofrece voluntariamente mucho más que su tiempo para ayudar al prójimo.

Allcorn, quien ejerció la profesión médica por más de 20 años, no sólo ofrece sus servicios médicos sino también el edificio que utilizaba para su práctica privada antes de jubilarse. Como director médico de la clínica, a la que asisten entre 375 y 400 pacientes por mes, se siente orgulloso de que los pacientes sean tratados como en familia.

“El personal que tenemos es muy compasivo. Cuando una persona viene a nuestra clínica es de esperar que se sienta desilusionada y sin esperanzas”, dijo el doctor Allcorn. “Pero pronto se dan cuenta de que los vamos a atender apropiadamente y que están entre amigos.”

La gente viene a la clínica por diversas razones; y eso es exactamente lo que los médicos tienen en mente.

“Muchos vienen a la clínica porque podemos atenderlos pronto cuando tienen problemas para ver a otro médico”, dijo González. Para José Martínez fue un caso de conveniencia.

Su garganta le había dolido por cerca de dos meses — aunque sólo faltó un día a la escuela. Martínez, 16 años, decidió ver al médico cuando su nariz y garganta comenzaron a sangrar. Un médico en Bothwell Regional Health Center sospechaba que tenía una infección de estreptococos y le envió a que viera a un médico en Sedalia. Pero González vio la situación con escepticismo. “Si lo hubiera tenido por dos meses, ya hubiera muerto”, comentó González. Él sospechaba que podría haber sido un virus.

Esta era su primera visita a la clínica, aunque su madre había venido antes. Juana Torres de Martínez vino a ver al doctor González por un problema de artritis cuando no supo a dónde más acudir. A diferencia de la familia Martínez, la mayoría de los pacientes de la clínica no tienen seguros de salud. Muchos de ellos son nuevos en Sedalia, dijo González. Muchos tienen seguros pero ya le deben demasiado a su médico. Otros simplemente necesitan atención médica urgente, y ayudarlos es el objetivo principal de la clínica. La clínica parece ser un paraíso de salvación para aquellos que necesitan atención, sin importar si tienen o no seguro de salud. Todo esto es posible gracias a la gente que dona su tiempo y energía a la causa.

La clínica se mantiene abierta gracias a las donaciones de un gran número de negocios y organizaciones, así como de algunos pacientes. Recientemente la clínica aplicó para una subvención estatal que le permitirá tener un médico de tiempo completo y de atención las 24 horas. La subvención permitiría también extender los servicios de la clínica a otras ciudades, dijo Allcorn. A pesar de que los médicos esperan ansiosos los adelantos del futuro, por el momento se trabaja como siempre — un paciente a la vez. La clínica tiene cerca de 80 voluntarios por semana y seis de ellos son bilingües. Los martes y los miércoles siempre hay un voluntario bi-lingüe para ayudar a personas de habla española.

Para las personas como José Luis Díaz, y otros hispanos que conforman un 30% de los pacientes de la clínica, romper la barrera idiomática puede significar la diferencia entre la salud y la enfermedad. Díaz, que vino a la clínica por un resfrío, no habla mucho inglés. Con la ayuda de su esposa, y otras personas que estaban en la sala de espera, pudo llenar varios formularios con su historia médica, ver a González y conseguir los medicamentos necesarios.

Sin embargo, muchos pacientes de la clínica sufren de enfermedades mucho más graves que un resfrío, y la intervención de la clínica ha sido crítica para salvar sus vidas.

“Los casos de diabetes así como de hipertensión, o alta presión arterial, son comunes entre los hispanos,” dijo González.

“La diabetes se da más en la población hispana que en otras poblaciones,” agregó. Algunos dicen que la causa de la diabetes es genética y otros que es dietética. González dice que probablemente se debe a ambas cosas. Los latinos están acostumbrados a una dieta rica en carbohidratos como tortillas, maíz, frijoles, arroz y pasta, lo que puede empeorar la enfermedad. Estos son algunos de los puntos que González debe resaltar a los pacientes cuando vienen en busca de su ayuda.

Durante el día, los pacientes esperaron con calma mientras González caminaba de un consultorio a otro, recogiendo carpetas, hablando con la enfermera y haciendo sentir cómodos a todos los presentes durante su faena. González bromeaba con algunos pacientes acerca de la salsa y el tequila, uno de sus chistes favoritos. Pero su buen humor nunca interfiere con su profesionalismo.

Finalmente, una hora después del cierre de la clínica, González salió a disfrutar de una tarde primaveral. Para él, fue sólo otro día más de trabajo.

Los horarios de la clínica son:

Lunes: 9:30 a.m.-12 p.m.
Martes: 8-9:30 a.m. y 1-5 p.m.
Miércoles: 1-5 p.m.
Jueves: 6-9 p.m.
Domingo (el segundo y el cuarto de cada mes): 1-5 p.m.

De lunes a viernes: Operadora disponible de 9 a.m.-12 p.m.

Para más información, llame a la clínica al (660) 826-4774.

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