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Everardo Ortega, aquí, y su hermano Efraín abandonaron los Estados Unidos después de que el INS detuvo a sus vecinos en una redada en Columbia el 4 de abril. (Osamu Fujimaru/Adelante)

Dos hermanos regresan a México después de la Redada

por Osamu Fujimaru
reportero de Adelante

El apartamento de Efraín y Everardo Ortega estaba bien ordenado. Las paredes recién pintadas de blanco contrastaban con la sucia alfombra. Con la mayoría de sus pertenencias empacadas, el apartamento estaba medio vacío. Efraín y Everardo iban a regresar a México.

Everardo, 55 años, dijo que decidió regresar porque a él no le gustó vivir en los EE.UU. Iba a salir “con gusto”, dijo.

“Es una mentira,” confesó Efraín, 60 años, hermano de Everardo. “Querríamos quedarnos.” Pero “como no tenemos papeles”, hace poco fueron obligados a dejar su trabajo. Se les hizo muy difícil encontrar otro empleo en Columbia y mucho más después de las redadas hechas por el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) el mes pasado en esta ciudad. Los arrestos de inmigrantes hispanos indocumentados el 4 de abril en Columbia afectaron a la comunidad hispana de la ciudad, especialmente a los indocumentados.

Siete mexicanos y un hondureño fueron detenidos. Según la oficina del INS de Kansas City, cinco mexicanos fueron deportados el 9 de abril. Dos mexicanos pagaron la fianza para permanecer en los EE.UU. Uno pagó $5,000 y otro $3,000. Al principio de mayo, el hondureño todavía estaba en los EE.UU, esperando ser deportado. Hasta la fecha, la deportación del hondureño ha sido demorada.

Los arrestos no sólo sacaron del país a los detenidos, sino también a algunos inmigrantes indocumentados que no fueron detenidos por el INS el mes pasado. Efraín y Everardo vivían cerca del lugar de la redada, pero no fueron capturados porque no estaban presentes cuando ocurrieron los arrestos Sin embargo, decidieron salir de los EE.UU por su cuenta.

Efraín dijo que iban a regresar a México antes de que “la migra” los arrestara y se llevara sus “cositas,” que incluían una bicicleta y un tocador de discos compactos. Efraín y Everardo, campesinos de Chiapas, México, vinieron a los EE.UU porque se decía que se ganaba mejor en este país. Pero “no es así”, declaró Everardo. Dijo que costaba mucho trabajo ahorrar dinero “porque se gasta en comida, renta y todo”.

Además de trabajar duro como muchos mexicanos, Everardo tenía otra dificultad. Tenía un problema en su tobillo izquierdo. “Me duele cuando ando lejos”, dijo.

Everardo se quebró el tobillo izquierdo en la víspera de Navidad el año pasado. Se quedó en casa por unas semanas, faltando al trabajo debido al intenso dolor. A pesar del dolor y de su tobillo hinchado, que le impedía calzarse el zapato, no fue al hospital por varias semanas hasta que un amigo le convenció de lo contrario. En el hospital, le enyesaron el tobillo quebrado.

Everardo nunca volvió al hospital a pesar del constante dolor. No quería ir por temor a que le operaran y le saliera muy cara la cuenta. De hecho, el hospital le mandó una cuenta, por unos $50, la que no pagó y tiró al basurero. El hospital no le volvió a mandar la cuenta, declaró.

Cuatro meses después de haberse fracturado el tobillo, Everardo aún cojeaba. El tobillo seguía hinchado y el dolor no cesaba. Pero Everardo creía que el dolor pronto iba a desaparecer.

Cuando se lastimó el tobillo, trabajaba en un restaurante mexicano. “Ahí era duro trabajar”. Lavaba platos, desde las 8 de la mañana hasta las 10 u 11 de la noche. Dejó de trabajar después de varios meses porque no le pagaban bien — no más de $300 por semana.

Antes de salir de Columbia, Everardo trabajaba en un carwash por $6.50 una hora. “Ahí, el trabajo es suave. No es duro”, dijo. Efraín también trabajaba en el mismo carwash y ganaba $7 por hora.

Everardo trabajó dos años en los EE.UU — un año en Phoenix y otro en Columbia. Antes de llegar a este país, trabajaba en una fábrica de Tijuana en donde ensamblaba televisores por 1,200 pesos a la semana — alrededor de $130, menos de la mitad de lo que ganaba en Columbia. En Chiapas, trabajaba en el campo, cosechando frijoles, maíz, tomates y cebollas y ganaba alrededor de $3 por día, comparado con los $50 diarios que ganaba en Columbia. Dijo que al regresar a Chiapas, trabajará las 3 hectáreas de terreno que posee con su esposa y en las que sus cinco hijas trabajan.

Aunque no querían, tuvieron que renunciar a su trabajo en el carwash, dijo Efraín. Alrededor de una semana antes de la redada, el empleador del carwash les pidió que le mostrara sus números de Seguro Social otra vez, dijo Efraín. El empleador les informó a los hermanos de que sus números de Seguro Social, que le habían presentado antes, eran incorrectos y que él necesitaba corregirlos, dijo Efraín. Efraín y Everardo no podían mostrar números correctos de Seguro Social porque no los tenían. Por eso, decidieron renunciar a su trabajo.

La Administración de Seguro Social (SSA) manda una carta a empleadores cuando los nombres y números de Seguro Social de empleados en la Declaración de Retención de Salarios (formulario W-2) no corresponden a los registros de la SSA. La SSA lo hace para acreditar adecuadamente los sueldos de los empleados. Carlos Salazar, portavoz de la oficina de la SSA en Kansas City, dijo, “Estos registros deben ser corregidos, para que el Seguro Social pueda determinar la idoneidad de un individuo para recibir pagos del Seguro Social y la cantidad correcta de cualquier pago.” La discrepancia de la información puede ocurrir cuando alguien se casa y cambia su nombre pero no lo informa a la SSA.

“La carta no insinúa que los empleadores o empleados intencionalmente den información incorrecta”, dijo Salazar. “La Administración de la Seguridad Social no fija como objetivo a ningún grupo étnico o racial. Cualquier empleador puede recibir esta carta.” La carta no tiene nada que ver con la inmigración, agregó.

Efraín, por su parte, aseguró que no sentía ningún resentimiento hacia su empleador. “Él tiene razón”, dijo. “Agradezco mucho a Columbia y al estado de Missouri, porque nos dejó trabajar sin papeles”, añadió. Efraín y Everardo partieron en autobús de Columbia hacia México el 29 d e abril “Nunca regresaremos acá”, dijeron.

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