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¿Neutralismo
positivo?
Javier
Solano Marzo
EL
ATAQUE DE los Estados Unidos a
Afganistán el 7 de octubre no ha sorprendido
a nadie, pero nos ha llenado de tristeza. La
primera noticia del ataque la tuve cuando
salía de la Iglesia, tras la misa matutina,
después de haber pedido por la paz mundial.
En el monitor de televisión, George W. Bush
justificaba lo injustificable.
Estados
Unidos es amigo del pueblo afgano y somos amigos de
los casi mil millones de personas que profesan la
religión islámica en el mundo.
Estados Unidos es enemigo de aquellos que ayudan a
los terroristas y de los bárbaros que
profanan esta gran religión cometiendo
asesinatos en su nombre, dijo Bush en su
mensaje a la nación.
Las
palabras de Osama Bin Laden tras los primeros
ataques fueron aún más expresivas.
Yo les digo a ellos que estos acontecimientos
han dividido al mundo en dos campos, el campo de
los creyentes y el campo de los infieles. Y
¿quién es él? ¿El
líder de los creyentes o un loco
visionario.?
Según
Estados Unidos todos somos, o debemos ser
creyentes, creyentes en su cruzada y en su idea de
venganza y hostigamiento, en su mundo de buenos y
malos o en su proyecto de una América
mundial, primera y única nación del
mundo.
Que los
Estados Unidos nació para ser imperio es
algo que no podemos negar, es la primera potencia
del planeta, pero no el dueño de nuestras
vidas y destinos. Los atentados en Nueva York y
Washington del 11 de septiembre están
transformando profundamente nuestra vida
pública y privada. El ataque del pasado
domingo nos ha helado el aliento a todos. No por
las decenas de civiles que murieron en
Afganistán, ni siquiera por lo cobar del
ataque, desde el mar y en plena noche, cuando la
oscuridad del desierto envolvia a los terroristas
sino por la nueva posición que parece haber
adoptado Estados Unidos en materia de
política exterior. Inevitablemente, la nueva
política exterior choca con las antiguas
prioridades, ya sea respecto a los derechos humanos
en lo referente a China, o la defensa contra
mísiles balísticos, que ya no se
puede imponer a Rusia. ¿Tenemos que entrar
todos en este juego?
Nuestros
hermanos de Argentina, Brasil, Colombia,
Perú, Chile o México no lo han hecho.
Son por el momento los escasos miembros que tiene
el club de países neutrales en esta cruzada
contra los fanáticos musulmanes.
Si no
queremos vernos manchados de sangre esta postura es
justificable pero hay que sopesar que tipo de
neutralismo estamos defendiendo.
Podemos
ser neutrales respecto al episodio bélico
que se está desarrollando en Asia pero no
podemos mantenernos impávidos ante la
catástrofe humanitaria que se va a producir,
ante los miles de afganos que huyen de su
país, ante las pérdidas materiales de
un país pobre y desgastado.
Miles de
civiles continúan huyendo hacia los
países limítrofes. Escapan del ataque
aliado. Y lo seguirán haciendo,
huirán a lo largo de toda la guerra, huyen a
la nada, de la pobreza a la desesperación.
Huyen de la locura de un profeta y del cinismo de
un héroe. Es nuestro deber como seres
humanos brindar una mano a estos hermanos, hermanos
musulmanes. Igual que Guatemala recibió una
mano tras el huracán Mitch, o Venezuela con
sus inundaciones, El Salvador, Perú,
México...
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