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No
me hable en español
Martha
Ruiz-Garcóa
CUANDO
MI HIJO de seis años de edad me dijo por
primera vez no me hable en
español, pensé en la dificultad
a la que nos enfrentamos los padres inmigrantes
para mantener nuestras raíces en un
país extranjero. El idioma materno encierra
en sí mismo la afectividad, la visión
de mundo, las creencias, los modos de ser, en fin,
todo lo que nos señala como seres
únicos de una determinado grupo cultural. No
es simplemente un legado de gramática y de
vocabulario que está disponible para
aprenderlo. Olvidarlo o dejar de hablarlo es como
negar a la madre que nos dio la vida, nuestra
esencia misma de ser.
En la
mayoría de los casos, el niño nacido
en los Estados Unidos tiene padres completamente
bilingües y en algunos otros, padres que
hablan mejor el español que el
inglés, quienes se sienten orgullosos de sus
raíces latinas y quieren que sus hijos
aprendan el español como idioma materno. Por
eso, deciden hablarle a sus hijos solamente en
español en casa para que lo aprendan antes
de que empiecen la escuela primaria. Una vez esta
etapa escolar empieza, el niño se ve
involucrado en el período de
socialización con niños y personas
del grupo dominante. La mayoría del tiempo
del niño se pasa en actividades escolares y
esto hace que adquiera gradualmente mejor dominio
del inglés así como también
mejor entendimiento de la cultura del grupo
dominante.
En la
medida en que el niño avanza en los
años escolares, se presenta un des-balance
en su nivel de proficiencia en los dos idiomas. La
lectura, el aprendizaje en general, los juegos con
otros niños de su edad, etc. se llevan a
cabo en inglés por lo cual él gana
más confianza al expresarse con fluidez en
este idioma. Una vez domina el inglés, el
niño escoge incluso hablarlo también
en casa porque sabe que sus padres lo pueden
entender. Es aquí donde los padres deben
hacer el mayor esfuerzo de obligarlos a hablar
siempre en español. Sin embargo, esto no es
lo que siempre sucede. En la mayoría de los
casos, se desarrollan conversaciones en las que los
niños dicen todo en inglés y los
padres responden en español. En otras
situaciones se presenta también la mezcla de
los dos idiomas en una misma oración como,
por ejemplo, I want to go to the movies
porque están presentando Pokeman Two;
mami, can I have some leche, etc. Este
cambio de códigos no es usual cuando los
niños se comunican con familiares o personas
monolingües en español.
En la
preferencia de uno u otro idioma influye
también con qué grupo cultural se
identifican los niños. Dominar un idioma
representa el conocimiento de los aspectos
culturales. Esto, no obstante, no es tarea
fácil para un niño de edad escolar y
tampoco se completa durante esta etapa. Cuando la
diferencia entre dos culturas es marcadamente
grande, es inevitable el choque cultural. Este se
presenta generalmente cuando el niño no ha
tenido mayor contacto con la cultura de sus padres,
por lo que tiende a identificarse con la cultura
del grupo dominante. Para mi hija de ocho
años, por ejemplo, le es difícil
aceptar la idea de que no puede participar en las
conversaciones de los mayores. Para ella es
ridículo. Es normal en español hacer
chistes y bromas o usar apelativos como gordo/a,
flaco/a o negro/a para llamar a las personas
cercanas como amigos y familiares, pero para ella
simplemente that´s not funny,
that is mean.
Cuando un
niño le dice a sus padres bilingües
no me hablen en español, es
necesario buscar soluciones que requieren de tiempo
y dedicación para que no pierdan el idioma y
adopten una actitud positiva desde los primeros
años escolares. Como todo se resume en la
palabra des-balance, sea éste
cultural o de dominio lingüístico, la
respuesta lógica será balancear. Si
en la escuela, por ejemplo, el niño se
divierte con la lectura de un cuento en
inglés, en casa debemos leerles cuentos en
español y discutir su contenido
analíticamente, es decir, quiénes son
los personajes, qué parte te gusto,
dónde pasó, etc. Esto les
aumentará el vocabulario y la posibilidad de
entender aspectos culturales. En caso de que el
niño llegue a casa muy contento porque
aprendió una canción nueva,
enseñémosle el mismo día otra
en español. Si dice I want some
leche no tengamos pereza de corregirlos. En
lugar de invertir dinero en películas en
inglés para niños, mejor
consigámoselas en español, pues ya
ellos ven suficientes programas en la
televisión americana. Las primeras etapas
son definitivas para reforzar el afecto hacia el
idioma y la cultura y es nuestro deber como padres
ayudar a nuestros hijos.
Martha
Elizabeth Ruiz-García es de Colombia,
América del Sur, y actualmente es profesora
de español en el departamento de Romance
Languages and Literatures de la Universidad de
Missouri-Columbia. Esta columna está
re-publicada del Columbia
Missourian.
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