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El
oficial Rubén Villatoro escribe una
notificación de advertencia a un vecino de
Marshall por infringir las leyes que
prohíben tener objetos en desuso a la vista.
(Mike Kane/Adelante)
Mediador
de dos culturas
por
Anca Micu
reportera
de Adelante
MARSHALL
Rubén Villatoro, oriundo de El
Salvador, fue contratado como oficial de la
policía hace dos años en Marshall. La
escasez de traductores en la región y el
alto costo de estos servicios hicieron que el Jefe
de la Policía, James Simmerman, lo empleara.
Pero más que nada, por la necesidad de que
alguien conociera la cultura hispana.
Estas
circunstancias no son ajenas a otras poblaciones de
Missouri Central que han experimentado un
rápido crecimiento en la comunidad latina.
Milan, Sedalia, Jefferson City, México,
Kirksville, Columbia y California también
han visto el considerable aumento de la
población hispana.
Sin
embargo, actualmente, Villatoro es el único
policía latino en Missouri Central. De los
ocho departamentos de policía de esta
área encuestados, sólo uno tiene un
oficial bilingüe, Jefferson City.
Como
miembro de la policía, Villatoro no es el
latino más popular de la comunidad. Su labor
lo pone entre la policía, el público
y los sospechosos de actos criminales.
Al
preguntarle si tenía algún amigo
cercano en la comunidad latina, Villatoro
respondió que no. Trato de mantenerme
alejado. Tarde o temprano voy a estar involucrado
en alguna situación desagradable,
dice.
Villatoro
toma su trabajo en serio. Sabe que la gente
se asusta cuando están frente a oficiales
estadounidenses y más aún cuando
estos son anglosajones y hablan
inglés. Pero añadió,
mi responsabilidad es la de traducir; a veces
siento que ellos esperan que los ayude. Pero no
puedo. Es diferente en este país. Tenemos
que aprender.
¿Por
qué un oficial hispano?
Los
policías a diario deben tratar problemas
sensibles con el público. Y un traductor no
es suficiente cuando se trata de hacerse entender
con alguien que no habla inglés, dice
Simmerman. La cultura es tan importante como
el idioma, apunta.
El
sargento Danny Grabt, quien trabaja en el servicio
especial de asistencia pública en la
comunidad hispana de Columbia opina nosotros
necesitamos acortar la brecha (del
idioma).
No es
porque los hispanos tienden a cometer más
crímenes, sino porque no conocen o no
están conscientes de las leyes locales.
Algunas diferencias culturales llevan a cometer
infracciones a las leyes de tránsito,
disturbios y violencia doméstica. En la
mayoría de los países hispanos lo que
se encuentra en el patio es asunto de uno. En
cambio, en los Estados Unidos tener autos viejos en
desuso, electrodomésticos inservibles,
maleza y suciedad es considerado una
infracción a las leyes.
Villatoro
ha traducido el enorme archivo de las leyes locales
al español, de modo que los posibles
infractores lo entiendan. Sin embargo, no es
accesible al público. Tampoco se toman
iniciativas para advertir a los hispanos que
recién llegan, sobre las leyes, por lo que
ellos deben aprender de la manera más
dura.
Según
Villatoro, las infracciones más comunes son
las de tráfico y están relacionadas
al mal papeleo o a la pérdida de las
licencias de conducir o los documentos del
vehículo.
A
veces no entienden que necesitan los
documentos, dice el oficial Joe Bernhard del
Departamento de Policía de Columbia, quien
habla español. No obstante, su dominio de la
lengua de Cervantes sólo alcanza para multar
a aquellos que infringen las leyes del
tráfico, pero no para explicarles el proceso
y la importancia de conseguir la
documentación apropiada.
Cuando
Villatoro fue contratado hace dos años, la
planta porcina Excel Corporation estaba en su
apogeo y el Departamento de Policía de
Marshall se enfrentó a una explosión
de gente proveniente de una cultura foránea
que casi no hablaba inglés.
Al
principio, el Departamento de Policía de
Marshall trabajó con traductores
voluntarios. Pero, como Simmerman dice, nunca
puedes contar con encontrar a un
voluntario.
La otra
opción fue trabajar con el servicio especial
de traducción de AT&T AT&T
Language Line. El costo del servicio en ese tiempo
era de $4.50 por minuto, eso es $270 por
hora.
El costo
no era el único problema.
Necesitábamos a un traductor que
trabajara para nosotros, dice Simmerman
alguien que estuviera habituado al proceso
policial.
Antes de
ser contratado como oficial de Servicio Social,
Villatoro era uno de los cuatro traductores que
trabajaba para el Departamento de Policía de
Marshall. A principios del 2000, el departamento se
enfrentó con un caso de homicidio en el que
tanto la víctima como el sospechoso eran
hispanos. Los traductores voluntarios no
podían cubrir las largas horas que el caso
requería. Por lo que se contrataron a
traductores pagados. Tres o cuatro meses
más tarde, contratamos a Rubén,
recuerda Simmerman.
Dos
años después, está contento de
haberlo hecho.
No
hay substituto para Rubén, afirma.
Entender la cultura es una ventaja, y la
gente aprecia eso.
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