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Problemas de comunicación hacen más vulnerables a los hispanos

por Jon Ariztimuño
reportero de Adelante

Por muy amables y competentes que sean los miembros de las fuerzas de seguridad, el trato con la policía no es siempre una tarea fácil. Generalmente, el ciudadano se comunica con ellos en accidentes, crímenes y otras situaciones complicadas. Pero, ¿qué ocurre cuando además se interpone la barrera idiomática entre el agente y el ciudadano?

El crecimiento de la población hispana en los últimos años está generando un nuevo reto para los distintos cuerpos de la policía del país: la necesidad de contar con agentes bilingües.

George Batek, de Columbia, trabaja desde hace 10 años como defensor público en Missouri. Batek, de padre peruano, ha defendido a numerosos hispanos en procesos judiciales. Según él, los problemas de comunicación perjudican a los hispanos de manera considerable. Batek afirma que muchos hispanos no saben qué está ocurriendo cuando la policía les hace detener su vehículo. “Típicamente, a los latinos los paran por delitos de tráfico”, comenta.

En muchas ocasiones, sus derechos fundamentales son vulnerados ya que los agentes no leen los derechos del detenido en español, dice Batek.

Según él, muchas veces los jueces incriminan al acusado basándose en testimonios de policías con escaso conocimiento de español.

En la ciudad de Garden City, Kansas, con la mitad de población hispana, el problema viene de tiempo atrás. Según James Hawkins, jefe de la policía municipal, la ciudad tiene ocho agentes bilingües de un total de 63.

Hawkins declara que su departamento tiene gran interés en contratar agentes bilingües. Para ello, utilizan varios incentivos como ayudas económicas para cursos de español. Hawkins afirma que la distancia idiomática y cultural no es sólo cuestión de la policía sino también de la comunidad hispana. “Siempre hay preocupación sobre la comunicación, en los dos lados. Es frustrante para los ciudadanos y para los policías”, afirma.

Hawkins asegura que la percepción en el papel de la policía es un asunto cultural. El agente, que ha vivido en México en varias ocasiones, afirma que en el país azteca existe “cierta aceptación cultural de la corrupción y del soborno en la policía”. “En ciertos aspectos, se trata de un asunto de desconocimiento cultural, e intentamos considerar eso con los nuevos trabajadores”, dice.

El antiguo alcalde y todavía comisario de Garden City, Reynaldo Mesa, asegura que la importancia de hablar español reside en “aportar alivio en una situación hostil”.

“El hecho de que los agentes puedan dirigirse a la gente en su propio idioma puede ser efectivo”, comenta Mesa. Respecto a la contratación de hispanos, Mesa declara que la actitud no ha sido demasiado abierta: “Tiene que ser prioritario. Contratar hispanos en los cuerpos de seguridad del estado no es algo que hagamos de forma natural. Tenemos que abrir las puertas y dejarles claro que les solicitamos, que les necesitamos”.

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En los estados fronterizos, donde la población hispana es más numerosa y antigua, los problemas de comunicación entre la comunidad hispana y la policía surgieron hace décadas. Ya en 1982, cinco policías hispanos de la policía de Austin, Texas crearon “Amigos en Azul”, una organización de voluntarios que hoy cuenta con 275 miembros. Según explica el sargento Ernesto Pedraza, actual presidente de la organización, la falta de comunicación entre las dos partes fue notable durante los ’60, ’70 y comienzos de los ’80. “Si creces con esa actitud (de desconfianza), es muy probable que nunca quieras ser agente de policía”, comenta.

Pedraza afirma que la organización que preside trabaja directamente con la comunidad, a través de las iglesias o las escuelas, para romper esas barreras de comunicación.

Según él, otros estados que están experimentando, actualmente, un rápido aumento de hispanos “deben prepararse adecuadamente”.

Los intentos por aunar esos esfuerzos en el ámbito nacional tomaron forma en 1987, cuando varias asociaciones se juntaron para crear la Hispanic National Law Enforcement Association. La organización tiene presencia en lugares tan diversos como Nueva York, Illinois, Miami o Pennsylvania. Joe Pérez, el presidente actual, fue elegido por HNLEA como “policía del año” en 1996. “Queremos crear afiliados en cada estado”, declara.

Según Pérez, muchos miembros de la comunidad no saben cosas tan básicas como qué hacer cuando son multados por la policía. “Los agentes no les explican por que les paran Desconocen que tienen que ir a juicio y, lo siguiente que reciben es una orden de busca y captura Eso hace daño a la comunidad”, dice Pérez.

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