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Muerte por Chocolate

Summer Collins

EN EL PASADO, había un pueblo en Irlanda llamado Corillo. Corillo era un pueblo muy extraño. Todas las personas en Corillo eran muy bajas. Habían dos chicos que vivían en Corillo, ellos se llamaban Nicolás y Salira. Nicolás y Salira eran hermanos.

Un día, Nicolás y Salira quisieron caminar en un bosque muy cerca de Corillo. Ellos tomaron un sendero y vieron flores muy bonitas. Cuando estaban caminando, encontraron un duende. Los chicos estaban emocionados porque, aunque ellos vivían en Irlanda, ellos nunca habían visto un duende. El duende dijo,

“Aunque dulces y pasteles son buenos para la mente, tengan cuidado con el daño que hacen al alma”.

Tan rápido como él apareció, él desapareció. Los chicos pensaron que las palabras del duende fueron muy extrañas, pero ellos las ignoraron. Nicolás y Salira siguieron por el sendero y llegaron a un castillo. El castillo no era un castillo regular, estaba construido de chocolate. El techo, las paredes, las puertas eran todas de chocolate. Nicolás y Salira tenían hambre, entonces comenzaron a comer el techo.

Después de comer por mucho tiempo, Salira pensó que había escuchado un ruido. Salira se dio vuelta y vio una mujer muy mayor. Asustada, Salira avisó a Nicolás y comenzó a correr. La mujer dijo,

“¿Por qué están comiendo mi casa? ¿Como yo, su casa?”

Los chicos tuvieron miedo, pero no quisieron correr. La mujer siguió,

“No me importa. Entren a la casa y voy a contarles una historia”.

Nicolás y Salira entraron a la casa y se sentaron en la silla que tenía polvo. La mujer se sentó también.

“Abuela”, Salira, la llamó, porque no sabía el nombre de ella. “¿Por qué vive en el bosque sin otras personas?”

“Vivía con mi hermano por mucho tiempo, pero él tuvo que salir después de unos años. Cuando nosotros fuimos mayores, quisimos caminar en el bosque. Un día nosotros caminamos mucho en el bosque y nos perdimos. Vimos un duende que dijo:

‘Aunque los dulces y pasteles son buenos para la mente, tengan cuidado con el daño que ellos hacen al alma’. Entonces, encontramos una casa construida de dulces. Mi hermano y yo comimos la casa, pero una bruja estaba mirando. La bruja gritó y nos dio una maldición. Nosotros nunca pudimos irnos del bosque”.

La abuela no habló más. Después de mucho tiempo, Salira dijo:

“Necesitamos salir”.

La mujer se paró y abrió la puerta. Nicolás y Salira salieron de la casa. Nicolás dijo,

“¡Adiós, abuela!”

Y la abuela dijo,

“Me llamo Grettel”.

Los chicos volvieron a Corillo y nunca hablaron de la abuela del bosque o de la casa construida de chocolate.

©2002 Adelante