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Lori
Berenson, a la derecha, escucha al testimonio de
Miguel Rincón, el líder condenado del
grupo guerrillero Tupac Amaru (MRTA) durante su
juicio civil en Lima, Perú, en abril.
Berenson, originaria de Nueva York, está
acusada de colaborar con el MRTA. (AP/Martin
Mejía)
¿Justicia
negada?
El caso de Lori Berenson
Miguel
Ugarte
LA CAUSA CELEBRE
de Lori Berenson ha sido motivo de abundantes y
diversas opiniones en la prensa peruana. Aunque
pocos estadounidenses le hacen mucho caso con
excepción de los padres de Lori y unos
grupos dedicados a su defensa, la verdad es que a
los ciudadanos del país de las
libertades, nos debería
interesar.
Hija de
profesores universitarios neoyorquinos y estudiante
de antropología de MIT en los años
80, Berenson viajó a Centro América
con un grupo de individuos interesados en las
dificultades políticas y económicas
de los campesinos, indígenas y marginados.
Colaboró con CISPES (Committee in Solidarity
with the People of El Salvador, organización
al cual el autor de este artículo ha
contribuido en más de una ocasión).
Luego en 1994 se dedicó al periodismo,
interesándose por su desgracia a la
situación política del Perú.
Allí fue detenida en noviembre de 1995 por
traición a la patria
¿se puede saber qué patria? y
por alegadas actividades relacionadas con
el
Movimiento Revolucionario Tupac
Amaru,
uno de varios grupos armados peruanos, el cual tuvo
su momento culminante en 1996-97 cuando
ocupó la embajada japonesa en Lima.
Después de tres meses de negociación
(o no-negociación), la respuesta del
entonces presidente Fujimori si es que se
puede llamar presidente fue rotunda. Ni un
revolucionario quedó vivo, lo cual fue para
el presidente/dictador un gran triunfo contra la
barbarie. Sin embargo, después de las
elecciones peruanas del verano pasado, la
subsiguiente dimisión de Fujimori, los
abusivos escándalos de derechos humanos de
Vladimiro Montesinos (alto funcionario de espionaje
y tortura), tendríamos que preguntar
quiénes son los culpables de barbarie
terrorista.
Efectivamente
ha habido poco interés por parte del
gobierno peruano y menos por las fuerzas armadas de
cumplir con las leyes internacionales referentes a
los derechos humanos, derechos por los cuales se
ocupaba Lori Berenson en su trabajo
periodístico. Es más, según
algunos periodistas, el mismo proceso de Lori
indica que también las leyes peruanas
referentes a los derechos civiles de los acusados
han sido violadas.
Para
los que nos percatamos de las realidades
político-sociales de países
hispano-parlantes como el Perú en la edad
del neoliberalismo, la idea que Lori
Berenson pueda ser procesada imparcialmente es
ingenua si no absurda. Las circunstancias de la
detención y los subsiguientes procesos
militares y civiles indican que hay demasiadas
contradicciones y, más aún,
demasiados intereses en juego para que se descubra
la verdad del caso.
Hoy
día el testigo principal en el proceso civil
contra Berenson es un tal Pacífico
Castrellón, él mismo acusado de
actividades terroristas y condenado a treinta
años de encarcelamiento. Según
él, fue compañero de Berenson en los
90 cuando los dos alquilaron un apartamento que
luego se usaría como base para un plan de
secuestro de miembros del Congreso peruano. El
hecho es que en recompensa por su testimonio, a
Castrellón se le ha concedido un nuevo
proceso civil. También ha ofrecido su
testimonio Miguel Rincón, confesado
líder de MRTA, que contradice la
versión de Castrellón sobre las
actividades de Berenson.
¿Y
la verdad? Bastante elusiva, teniendo en cuenta los
intereses, los antagonismos y el poder. Lo
más probable es que la verdad del caso
Berenson no se descubra hasta bastante
después de su juicio.
Insistiendo
en la soberanía de un país, hay
hispanos, hasta algunos peruanos sospechosos de la
democracia de su propio país,
que han afirmado que el caso Berenson es
cuestión del gobierno peruano y que la
presión de grupos ajenos a su cultura no
debe influir en el juicio final de la activista. Es
de entender: ¿Cómo han de reaccionar
políticos norteamericanos, por ejemplo,
cuando un gobierno extranjero cuyo ciudadano ha
sido condenado a muerte por un crimen cometido en
EE.UU. protesta la condena en vista de que en su
país no existe la pena capital?
También
deberíamos tener en mente una de las
realidades más palpables del caso Berenson,
algo que sus padres han afirmado repetidamente: que
no es la única que ha sido condenada
injustamente, que tantos individuos, además
de ella, han sufrido años en prisiones
peruanas por actividades que nadie ha podido
probar.
Yo
admito, como Lori Berenson, soy ciudadano
norteamericano, y peco de nacionalismo.
Quizás por eso me indigna tanto lo que le
está pasando: es norteamericana. He conocido
a mujeres activistas de EE.UU. como ella que se han
lanzado al Sur para expurgar la pobreza del mundo.
Ojo, les aviso, que los Montesinos del mundo os
están vigilando.
Miguel
Ugarte es profesor de literatura española de
la Universidad de Missouri.
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