Casa

English Version

Noticias

Opiniones

Salud

Cultura

¿Linda la Compasiva, o Linda la Hipócrita?

Michael Ugarte

ENTRE LA VARIEDAD de opiniones y artículos sobre la nominación de Linda Chávez para el puesto de ministra de trabajo y su subsiguiente renuncia, raramente se comenta la historia de Marta Mercado. Mercado, la mujer guatemalteca entonces residente ilegal en los Estados Unidos, que había sufrido maltratos de un marido alcohólico, es la causa primaria por la cual la nominación del Republicano G. W. Bush ha sido tan políticamente problemática. Al fin de cuentas es Mercado la que declaró desconcertadamente a los medios de comunicación que Chávez no la trató como una empleada sino como una amiga. Y si ayudó a la entonces comentarista conservadora en las labores domésticas fue por querer devolver el favor de haberla ayudado en momentos de crisis personal.

Para los que conocemos la cultura hispana desde dentro, la declaración de Mercado es de peso. Tan latina es la expresión “mi casa es tu casa” y tan bien visto es el albergar a una persona desesperada y necesitada como hizo Chávez según Mercado. Tampoco son valores exclusivos de los hispanos; lo que hizo Chávez ha sido caracterizado por un pe-riodista latino como un “acto de compasión”; algunos añadirían “compasión cristiana.” Si tuviera que enfrentar la misma situación de nuevo, dijo Chávez, no se comportaría de otra forma. Para muchos hispanos residentes en este país, la rueda de prensa en que Chávez renunció la nominación — no sin protestar la injusticia de su tratamiento poniendo de manifiesto los testimonios de los residentes hispanos que, según ellos, fueron ayudados por Chávez — desmintió las críticas de la oposición demócrata, liberal y laboral a la nominación.

Sin embargo, no creemos que sea valor cristiano la hipocresía. Efectivamente, hay argumentos en contra de Chávez asimismo de peso por parte de los que cuestionamos la legitimidad de la presidencia de Jorge II. Difícil es desarticular la aparente “caridad” de Chávez de las causas sociales por las que existe la necesidad de ayuda a tantos hispanos que siguen llegando al Norte huyendo de la injusticia y miseria en sus respectivos países, luego encontrándose en un país donde existe una notable oposición a la educación bilingüe, a la subida de salario mínimo y a iniciativas para ampliar los derechos civiles de las minorías y los nuevos inmigrantes.

La ideología de Chávez, una persona no sin poder entre los círculos políticos estadounidenses, como confirma su nominación a tan alto cargo, encarna precisamente las causas por las que Marta Mercado se vio tan desesperada. La participación de Chávez en la cultura política norteamericana ha sido clara: Está en contra de la educación bilingüe, en contra del aumento del salario mínimo, en contra de la ayuda a las minorías (affirmative action) y a favor de iniciativas que establecen el inglés como idioma exclusivo de los Estados Unidos. Es más, por lo que se comenta en los medios de comunicación, la Señora Chávez no habla español y, peor aún, parece no ver tal hecho como algo intelectualmente limitativo. No es de extrañar que una de las organizaciones nacionales más protectoras de los derechos civiles de los hispanos residentes en los Estados Unidos, MALDEF (Mexican-American Legal Defense Fund — Fondos Para La Defensa Jurídica de Mexicano-Americanos), ha criticado a Chávez no tanto por las razones oficiales de su rechazo, sino por sus posturas, posturas que no concuerdan con su supuesta “caridad.”

A largo plazo la verdadera historia de Marta Mercado está por escribir.

Miguel Ugarte es un profesor de literatura española de la Universidad de Missouri.

©2001 Adelante