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La Ciudad

reseñada por Jai Amrod

La mayoría de los clase medieros en los Estados Unidos son descendientes de inmigrantes quienes encontraron adversidad en la lucha por una mejor vida aquí. Pocos de nosotros conocemos los detalles de sus sacrificios. Y quizás muchos menos de nosotros tenemos una experiencia directa con la lucha de aquellos que recientemente han llegado a este país, mirándolo como la tierra de la oportunidad, pero encontrando algo diferente.

Realizada en 1999, la película en blanco y negro de David Riker, La Ciudad, pertenece al grupo de filmes clásicos neo-realistas de hace medio siglo: Ladrones de Bicicletas (1948) de Victorio De Sica, y Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel.

Cada una de las cuatro viñetas que componen La Ciudad narra una historia de inmigrantes latinos ganándose la vida por sí mismos en Nueva York. En el primer episodio, “Bricks” (“Ladrillos”), varios hombres en una esquina ruegan a posibles empleadores que pasan por ahí que les den trabajo. José lee de pie una carta de su esposa, quien le envía noticias de su madre e hijo. El rostro de añoranza y tristeza en la cara de José revela lo profundo de su sacrificio. La oportunidad de trabajo llega, pero las promesas de $50 al día se deshacen una vez que llegan al sitio de trabajo.

La segunda historia, “Home” (“Hogar”) muestra a Francisco, recién llegado, buscando inútilmente el apartamento de su primo Rafael. Camiando alrededor de la barriada de Washington Heights, se encuentra por casualidad una fiesta de quinceañera. Ahí conoce a María. Descubren que ambos son de Tulcingo, y se hacen íntimos amigos. Francisco tiene grandes esperanzas de una buena vida. Pero María, quien lleva cuatro años en Nueva York, le dice que no es tan fácil, algo que pronto descubre por sí mismo.

Luis es el titiritero del tercer segmento. No tiene hogar y está tomando medicinas para la tuberculosis que contrajó mientras vivía en un albergue de la ciudad.

Con la ayuda de su hija de seis años de edad, Dulce, él realiza actos de títeres en un solar de la ciudad, y viven en su coche. Luis decide que necesita matricular a su hija en la escuela pública. Ella se niega a ir ya que ello significa separarse de su padre, pero él está decidido a que ella reciba instrucción.

Un taller de confecciones es el escenario de la historia final de La Ciudad. Los trabajadores laboran en las máquinas de coser y planchar, mientras un supervisor gritando los conmina a trabajar más rápido. Los trabajadores no han recibido pago durante cuatro semanas; cada semana se les promete el pago para la siguiente semana. Una trabajadora, Ana, dejó a su hija, Carmelita, con su madre cuando vino a trabajar en Nueva York. Cuando Ana recibe una llamada de su madre informándola que Carmelita está en el hospital, ella desesperadamente trata de conseguir $400 para los gastos de hospital.

Si estas historias resultan conmovedoras, también ofrecen una visión conmovedora de la vida diaria de la gente que ha venido de Latinoamérica. Cuando los mitos y esperanzas chocan con la dura realidad, el coraje y la ayuda mutua se requieren y a veces se encuentran. Seis años tomó el trabajo de producir este película, filmado en talleres comunitarios de trabajo, participando principalmente actores no profesionales.

La Ciudad es una película que quisiera mostrar a mis abuelos inmigrantes. Es una obra que revela honestidad y compasión, lo cual es poco común.

La Ciudad está dirigida, escrita y editada por David Riker, New Yorker Films. Disponible en Ninth St. Video, 25 N. Ninth St.

Jai Amrod es un sicólogo y crítico de cine que vive en Columbia, Mo.

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