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Literato
en las sombras
Editor
peruano disfruta de la obscuridad
por
Sara Andrea Fajardo
reportera
de Adelante
traducido
por Suan Pineda
Domingo
Martínez Castilla siempre ha estado en la
periferia.
Soy
del tipo Forrest Gump, dice, más allá de
la broma, alguien que está en todos lados en los
momentos indicados, pero que pasa desapercibido. Mientras
unos buscan ser el centro de atención, Martínez
se contenta con mantenerse al margen de los eventos, siempre
observando, siempre escuchando, catalogando cada momento, aunque
nadie se dé cuenta de su presencia.
Como
estudiante universitario a mediados de la
década de los 70 en Perú,
Martínez frecuentaba los bares y
cafés limeños donde poetas,
escritores, músicos y grandes pensadores se
reunían para compartir los productos de su
inspiración. Pero si se les preguntara si
recuerdan haber visto a Martínez sentado
entre las atestadas mesas de las localidades
impregnadas de humo de cigarrillo, un inseguro
cabeceo sería la posible respuesta.
Después de más de 20 años,
Martínez, residente de Columbia, está
al fin en el centro del mundo que él
solía ver.
Se
necesitaron más de 6,000 kilómetros
de distancia y la invención de la internet
para colocar a Martínez en el ojo literario
peruano.
Martínez
es economista agrícola, pero su verdadera
pasión es su labor como fundador y editor de
una de las más antiguas y respetadas
revistas en la red, webzines, de habla castellana,
Ciberayllu.
Recibe poesías y obras literarias de
más de 25 países y actualmente, en
promedio, más de 600 navegadores visitan el
sitio diariamente, bajando más de 3,000
páginas. Pero pocos de estos escritores
vanguardistas que embellecen con sus versos las
páginas de Ciberayllu, podrían
describir la apariencia física de
Martínez.
Les
escribo a estas personas, les edito sus obras,
compartimos nuestras vidas, pero todo esto es hecho
a través de la red, dice.
Martínez no se esfuerza por resolver el
misterio, que es acentuado aún más
por su retrato tomado de espaldas que
acompaña a su biografía
cibernética. Es parte del juego,
dice. Nadie tiene idea de cómo me
veo.
Durante
el día, Martínez se dedica a sus
investigaciones en la Universidad de Missouri. Pero
cuando cae la noche y está en casa, se
sumerge en la tranquilidad de su oficina situada en
el sótano, y a través de la tenue luz
de la pantalla de su computadora, se transporta a
un reino de ideas. La revista ha recorrido un largo
trecho desde sus humildes orígenes que datan
del 1º de Noviembre de 1996, fecha en que se
celebra el Día de los Muertos. Y aunque lo
anterior es sólo una coincidencia,
Martínez prefiere creer que es señal
de buen agüero.
Cuando la
revista comenzó, Martínez tuvo que
rogar a sus amigos a que contribuyeran, y
sólo tenía cerca de 140 personas en
su lista de direcciones de correo
electrónico a quienes enviar la revista.
Pero la chispa se esparció y Ciberayllu
comenzó a aparecer en los buscadores de la
red y en los anales de la Biblioteca del
Congreso.
El nombre
Ciberayllu es un juego de palabras. Ciber proviene
de la palabra cibernética, y ayllu es una
palabra Quechua que significa comunidad
recíproca. Fiel a sus raíces,
Martínez afirma que comenzó el
webzine como una forma de pagarle a Perú por
todo lo que le ha dado.
Los
que emigramos porque queríamos y los que lo
hicimos forzados somos una inversión de
nuestro país, dice. Recibimos
una educación allá, y no es justo que
nos larguemos y nos olvidemos. Este es mi pago. Es
pequeño. Poco pago.
Miembro
de lo que se puede considerar la Diáspora
Peruana, Martínez vino a Columbia en 1986
para completar su doctorado. Siempre había
planeado vivir en el Perú, pero el
levantamiento del grupo rebelde Sendero Luminoso
desvió sus pasos. Su asistente de
investigación fue asesinado y luego dos de
sus colegas cercanos corrieron la misma suerte. La
táctica de Sendero Luminoso fue atacar a la
infraestructura peruana. Soy economista
agrícola, dice. Pronto me di
cuenta de que no quedaba lugar para hacer mis
investigaciones.
A pesar
de estas tragedias, la gota de agua que
derramó el vaso e influyó su
decisión de mudar a su familia fuera del
Perú ocurrió en la fiesta del cuarto
cumpleaños de su hija. Los
niños salieron al jardín,
cuenta, empezaron a jugar a los
policías y terroristas. Estaban
jugando a enterrar y desactivar bombas. Esto me
pareció terrible. Tuve que encontrar un
lugar donde criar a mis hijos, un lugar donde no
hubiera esa clase de violencia.
Llegando
al onceavo año como residente de Columbia,
Martínez dice que nunca ha dejado el
Perú. Yo no he salido del Perú.
Yo no he emigrado del Perú. Sólo me
he ido quedando acá. Sin embrago, los
Estados Unidos es el país que le ha dado la
oportunidad de convertirse en un activo
participante del escenario literario peruano.
No habría podido hacer esto en
Perú, confiesa, no habría
tenido tiempo.
Más
de 300 artículos fluctúan en el limbo
de su correo electrónico, todos, candidatos
para futuras ediciones. Ya no tengo tiempo
para leer todo, dice, recibo tantos que
tengo que clasificarlos basándome en si
conozco o no el nombre del autor y la calidad de
los primeros párrafos. El sitio se
construye en retazos o cuando Martínez
encuentra tiempo para incluir nuevos
artículos.
Muchos
piensan que Ciberayllu es manejado por varias
personas, pero sólo soy yo, dice.
Soy un verdadero autócrata. Yo decido
qué se incluye, y tristemente, qué no
se publica. Me encargo de la edición y del
diseño de la página web. Me hace
gracia cuando recibo mensajes con el encabezado
Estimados Señores. La gente no
se da cuenta que esta publicación es trabajo
de un sólo hombre.
Ritmos
peruanos resuenan desde su equipo musical mientras
sus oscuros ojos escudriñan los pensamientos
mandados desde todo el planeta. Su perra Sadie, el
único miembro de la familia con suficiente
paciencia para acompañarlo durante sus
largas jornadas nocturnas, se acurruca alrededor de
su silla. La foto de su hermana mayor, Maruja
Martínez, le inspira desde la esquina del
escritorio donde está posada. Editora de una
revista peruana, Maruja fue la que le
enseñó a vivir bajo sus principios y
a dar sin esperar. Razón por la cual no hay
publicidad en las páginas de
Ciberayllu.
Martínez
continuará con este proyecto mientras su
pasión persista. El día que no
lo disfrute más, dice,
pondré un aviso que diga Cerrado
por falta de creatividad.
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