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Un policía de civil usa una linterna para buscar pistas después del estallido del coche bomba en Pamplona, España. (Jon Dimis/AP)

Universidad española contra ETA

Javier Solano

EL 23 DE mayo ETA “volvió” —como hace 22 años— a colocar una bomba en el campus de la Universidad de Navarra. Varios compañeros míos viven a metros de donde explotó el artefacto.

El ataque a la Universidad de Navarra se produjo horas después de que la Cámara de Diputados rechazara, por amplia mayoría —más del 90 por ciento del consenso—, siete enmiendas de un proyecto de Ley de Partidos Políticos que impulsaría la proscripción de Herri Batasuna, brazo político de ETA. Con la votación, la ley cumplió su primer trámite parlamentario y está previsto que el pleno del Congreso la apruebe el 4 de junio. De este modo, el Senado podría aprobarla definitivamente en la sesión convocada el día 25 del mismo mes.

Con este nuevo ataque, ETA sólo ha tratado de demostrar cobardemente su repulsa a esta medida tomada en Madrid, demostrando tan sólo el estado languideciente del grupo terrorista desde hace algunos años. Los ataques a la Universidad no son, sin embargo, algo nuevo.

Cincuenta y dos de los 61 rectores de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas se reunieron el 15 de febrero de 2001, en el Campus de la Universidad del País Vasco —UPV— en Lejona, donde ETA había colocado una bomba un mes antes. Su reunión tenía por objetivo expresar su compromiso con la libertad y contra el terrorismo de ETA.

El rector de la UPV, Manuel Montero, alertó que la “democracia está en peligro aquí y ahora” y reclamó que “nadie mire hacia otro lado”. Los rectores hicieron una llamada “a la colaboración, diálogo y consenso de toda la ciudadanía para la defensa firme de la vida, de la libertad y de la democracia”.

El mundo universitario español ha sido uno de los objetivos de ETA en los últimos años:

  • Noviembre 2001: la banda terrorista mató de dos disparos a Ernest Lluch, catedrático de la Universitat de Barcelona y ex rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
  • Mayo 2001: ETA también intentó acabar con la vida de un guardia jurado de la UPV en Lejona colocando en su coche una bomba lapa que no llegó a explotar.
  • Diciembre 2000: el grupo intentó asesinar a un profesor en la Facultad de Periodismo de la Universidad del País Vasco en Lejona (Vizcaya). El artefacto, colocado en uno de los ascensores del edificio, no estalló.
  • Febrero 1996: un terrorista asesinó al catedrático de Derecho Constitucional Francisco Tomás y Valiente en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.
  • Mayo 1996: decenas de jóvenes asaltaron varias facultades de la Universidad del País Vasco en San Sebastián. Los asaltantes derribaron puertas a patadas, llenaron las aulas de pintadas, golpearon a alumnos y profesores e hirieron a un delegado estudiantil que intentó dialogar.

La Universidad es, por antonomasia, el ámbito de la reflexión, de la producción y difusión del conocimiento, el ámbito del debate, del diálogo democrático, del ejercicio de la libertad intelectual. Es una institución que sólo puede cumplir sus funciones desde la democracia, la tolerancia, y el uso cotidiano y furibundo de la libertad.

Pero sí quiero advertir algo: no se puede confiar la supervivencia de nuestra democracia a las capacidades de resistencia individuales, a los heroísmos cotidianos y con frecuencia anónimos de quienes tan sólo pretenden vivir una vida normal, ir y venir libremente, hablar libremente, pensar libremente, practicar la tolerancia como sucede en cualquier lugar de nuestro entorno, en cualquier sitio del mundo occidental. Es una cuestión de todos y cada uno de nosotros.

Hablar de libertad, aquí y ahora, quiere decir cosas sorprendentemente sencillas: que todos nosotros, todos los universitarios españoles y nuestros conciudadanos puedan hacer las cosas que son habituales en cualquier sociedad civilizada.

Creo que no puede haber ninguna política sensata que no tenga como objetivo prioritario devolvernos la libertad, terminar con el fascismo, con la demencia terrorista. No puede admitirse bajo ningún concepto una situación que, aquí y ahora, está trastocando la vida de cientos y cientos de personas, que tienen derecho a la libertad.

No podemos, no debemos acostumbrarnos al terror, ni a que se piense que la violencia, el chantaje o el miedo pueden ser una circunstancia política, cuando son, en sí mismos, la negación de la política. La negación de la civilización.

Mientras tanto los terroristas siguen asustando a mis compañeros, simples estudiantes universitarios.

©2002 Adelante