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El 18 de mayo cientos de personas se unieron a la protesta contra las políticas de John Ashcroft. El fiscal general de los EE.UU. fue invitado para dar un discurso para los estudiantes graduados de la facultad de derecho de la Universidad de Missouri en Columbia. (Osamu Fujimaru/Adelante)

Justicia a prueba

Osamu Fujimaru

¿SE OFENDERÍA SI alguien le dijera que su país es racista? Si a usted le molesta —buena señal— por favor, siga leyendo este artículo. Si no le molesta —porque usted es en realidad un racista incurable y se siente superior a las personas que está discriminando— entonces este artículo probablemente no le significará nada.

Existen varias formas de racismo — explícita, implícita, individual y colectiva. Hay también las que son respaldadas por la ley. Estas dos últimas son las formas más extremas de racismo. Algunos ejemplos que existieron en los Estados Unidos incluyen la esclavitud de los negros y el confinamiento de estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial (el gobierno estadounidense confiscó la tierra de sus ciudadanos y los forzó a vivir en campos de concentración por ser descendientes de sus enemigos durante la guerra). Aún después de que la esclavitud fuera abolida con el fin de la Guerra Civil, el racismo colectivo permaneció contra los estadounidenses de origen africano y otras minorías étnicas. Pasó más de un siglo antes de que el racismo explícito y colectivo se convirtiera en tabú.

Gracias a los esfuerzos y a las luchas de mucha gente, este país se convirtió en uno de pocos en el mundo donde se aprecia la diversidad. Ésta es una de las razones por las que personas de todo el planeta siguen viniendo a este país a estudiar, viajar o trabajar. A la vez que los inmigrantes reciben beneficios de este país, lo enriquecen cultural y económicamente.

Hoy este país está corriendo el riesgo de implementar una política de racismo colectivo — y, de esta manera, perder uno de sus grandes valores que es resultado de muchos años de esfuerzos.

Como parte de la guerra contra el terrorismo, John Ashcroft, el Fiscal general de los EE.UU., ha propuesto un plan para dar a la policía local la autoridad de funcionar como agentes de inmigración. Si tal plan es puesto en práctica, los policías locales podrán parar a inmigrantes para interrogarlos —basándose solamente en su apariencia física— y arrestarlos o detenerlos si descubren que están en este país ilegalmente. Aunque los inmigrantes legales no tienen por qué preocuparse de ser arrestados y deportados, siempre que no cometan ningún delito, sería desagradable que un oficial de policía lo pare solamente porque parece diferente, habla un idioma diferente o habla inglés con acento.

Los oficiales de policía quizá pararán con más frecuencia a los estadounidenses con aspecto extranjero.

Recientemente tuve un encuentro desagradable e inesperado con la policía en Lincoln, Nebraska. Fui esposado porque parecía que estaba durmiendo en un restaurante. “¿Sabe adónde lo estamos llevando?”, me preguntó un oficial. “Lo estamos llevando al centro de desintoxicación”.

Ahora tengo una mejor idea de cómo se siente el ser molestado por la policía cuando no se es culpable de ningún delito. No estoy seguro si lo que me hizo la policía en Nebraska fue racista o no. Sin embargo, parece que en el ambiente de paranoia que este país está experimentando, sí lo fue.

Tengo una pregunta a los lectores que no tienen posibilidad alguna de ser parados porque lucen como estadounidenses. ¿Qué sentirían si, sólo por su apariencia, fueran parados por un oficial cuando está visitando un país extranjero?

La propuesta de Ashcroft, que resultaría en más abusos de autoridad por la policía local, es discriminatoria y racista en un sentido literal.

El Diccionario de la Real Academia Española define “discriminar” como “dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.”. Y el diccionario Vox define “racismo” como “exaltación de la superioridad de la raza propia”.

La propuesta de Ashcroft sólo afecta a personas con ciertos orígenes étnicos; por eso, es discriminatoria y racista. Y es una propuesta peligrosa porque legalizaría el racismo.

Tal vez Ashcroft no tenga intenciones racistas por haber hecho semejante propuesta, pero lo que determina si su propuesta es racista o no es cómo las víctimas la perciben. Si muchas personas se sienten discriminadas, es probablemente racista.

Algunos defensores de Ashcroft dicen, “la libertad no es gratis”. Estoy de acuerdo. ¿Pero quiénes están pagando por nuestra libertad? Tal vez una respuesta obvia es que los soldados están luchando en la guerra. Sin embargo, no se olvide de las personas cuyos sacrificios no son reconocidos.

Eliminar el terrorismo es una causa noble pero, para lograr esta meta, necesitamos tener cuidado de que ninguna persona sufra debido a su raza u origen.

Si la propuesta se convierte en ley, los departamentos de policía locales determinarán si ellos quieren aplicar la nueva ley. Ojalá sigan su conciencia.

©2002 Adelante