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Uno de esos soldados del periodismo

por Sara Nso
colaboradora de Adelante

Las guerras transforman a aquellos que las provocan, tanto como a los que las padecen. Pero aceptar el compromiso de informar sobre un conflicto armado también puede llegar a transfigurar a la persona que hay detrás del periodista.

El corresponsal de guerra español Julio Fuentes, quien trabajaba para uno de los diarios más influyentes de España, El Mundo, escribía en uno de sus artículos, “los que vivimos la guerra de cerca nos convertimos en seres transparentes. En ella se puede sentir desde la solidaridad más profunda hasta delirios y fantasías criminales impensables en otras circunstancias.”

Cuando Fuentes escribía el artículo En el Amor y en la Guerra, en memoria de su compatriota Miguel Gil, periodista brutalmente asesinado el 24 de mayo de 2000 en Sierra Leona, se quejaba de la falta de comprensión por parte de las agencias de noticias que los enviaban al frente, sin tomar medidas de seguridad suficientes para proteger sus vidas.

“Era uno de tantos periodistas de elite mal pagados, que sacrificó involuntariamente su vida para ofrecer a las televisiones de todo el planeta un pedazo de historia viva, cruel y despiadada del mundo,” escribía Fuentes.

Es la paradoja de los “riesgos razonables” que entraña la profesión periodística, en la medida en que se acerca a una verdad tan cruel como la guerra. Según el corresponsal de la BBC David Bowen, el exceso no existe, en la medida en que los riesgos se acepten como fruto de un compromiso personal con el sentido de servicio que tiene el periodismo.

Sin embargo, con cada nueva vida que se cobra dicho compromiso, muchos periodistas nos preguntamos si realmente existe una información que valga la vida de un hombre.

Julio Fuentes era uno de esos periodistas de elite, que había encontrado en la corresponsalía de guerra su razón de ser y de vivir. La caída del sandinismo en Nicaragua, la invasión de Panamá por orden de George Bush padre, la ocupación de Kuwait por Irak y la guerra del Golfo, los Balcanes, Chechenia, Afganistán… Él también estuvo allí. 

Había cubierto las guerras más sonadas desde 1989 para el diario El Mundo, formando con el también renombrado Alfonso Rojo uno de los equipos de enviados especiales más sólidos del reciente periodismo español.

Llegó a pasar más tiempo trabajando fuera de España que dentro. Incluso la grabación de su contestador de teléfono, “no estoy y, cuando vuelva, si vuelvo, te llamaré” apuntaba con un humor, para muchos desatinado, su conocimiento del peligro que le acechaba.

El pasado 19 de noviembre, cuando viajaba en una caravana con varios periodistas por la carretera que une Jalalabad con Kabul, en Afganistán, Fuentes fue víctima de una emboscada. Una periodista del diario italiano Corriere della Sera, dos reporteros de Reuters y un traductor también resultaron muertos en el ataque, perpetrado por guerrilleros talibán.

España entera quedó conmocionada ante la noticia de su fallecimiento en semejantes circunstancias, apedreado y disparado. La guerra se volvía a cobrar la vida de un periodista cuyo empeño fue querer acercar una realidad atroz al resto de sus conciudadanos, para proveerles con el instrumento del cambio: la información. Con nosotros quedan sus testimonios. El gran legado de un hombre que, para bien y para mal, acabó por convertirse en “uno de esos soldados del periodismo”, de los que a menudo hablaba en sus artículos.

Descanse en paz.

©2001 Adelante