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Maritza
Pineda, de pie, planea una estrategia con otros
miembros del Grupo Ecologico al frente de su casa
de barro y palos. (foto de Phil Brady/contribuidor
de Adelante)
Grupo
ecológico venezolano lucha contra la
urbanización de zonas
naturales
por
Tracy L. Barnett
editora
de Adelante
El
crepúsculo resplandeciente pinta las lomas
desérticas donde Maritza Pineda se mantiene
firme. Siendo la hija mayor de una familia que
cría cabras en estas montañas
venezolanas cerca de Barquisimeto, Maritza
aprendió hace muchos años que uno
tiene que luchar para sobrevivir. Así que
cuando las compañías de desarrollo
urbano vinieron con sus buldózeres y
empezaron a raspar la zona protectora
alrededor del su pueblo de Pavia, ella
siguió la tradición de su familia:
Dijo No.
Entrelazando
sus brazos, Maritza y su familia se colocaron en
frente de las enormes máquinas para bloquear
su progreso. La lucha ganó ímpetu
cuando Phil Brady, un misionero católico de
Oregon, se juntó con ellos.
Para Phil
Brady, un asesor de computadoras de Minneapolis que
llegó con su familia a Barquisimeto, el
problema le era muy familiar, pero no por la escena
o los protagonistas. La expansión urbana
estaba consumiendo las áreas verdes
alrededor de la ciudad, y entre tanto, los
habitantes se quejaban sobre el tráfico, la
polución y la pérdida de la
naturaleza. Aún más importante era la
pérdida del área esencial para
recibir el agua subterránea que usa la
ciudadanía para agua potable.
En los
años ochenta, el gobierno venezolano, en una
acción de previsión inusitada,
creó un sistema de límites de
crecimiento urbano. La idea era de canalizar el
crecimiento de población de las ciudades a
las ciudades más pequeñas, y
así prevenir la creación de las
mega-metrópolis comunes en el Tercer Mundo.
La Zona, como se llamaba, se
extendía alrededor de las ciudades de Pavia
y Barquisimeto y creó un sentido de
tranquilidad rural en un área urbana que
estaba creciendo rápidamente.
Pero en
el año 1995, Maritza regresó a su
casa un día y encontró un
buldózer estacionado en su barrio, y la
batalla empezó. La familia Amaro,
dueños de gran parte del área,
reclamó que la Zona estaba en sus terrenos.
Y aunque no tenían papeles para demostrar
esta pretensión de hecho, nadie los
tenía lograron convencer al
Ministerio Nacional del Medio Ambiente de dejarles
desarrollar los terrenos.
Poco
después, Brady decidió iniciar un
grupo ecológico en la ciudad de
Pavia. El grupo rápidamente eligió
como su primera prioridad la preservación
del área, y empezó a cabildear a los
funcionarios locales, estatales y nacionales. Brady
consiguió un GPS (aparato para hacer mapas
precisos) y alquiló un avión para
seguir y documentar las fronteras del área
algo que nunca ha hecho el
gobierno.
Brady
reconoce que el crecimiento es inevitable,
especialmente en un país como Venezuela,
donde debido a la pobreza extrema, los niveles de
educación son bajos y el índice de
natalidad es alto. Pero, para Brady y Maritza
había muchos lugares mejores para el
crecimiento de la población, además
de la Zona Protectora.
Tomando
una idea de ecoturismo, el Grupo Ecológico
ha propuesto una idea diferente: Un parque con
senderos para los caballos y burros que atraviesan
las lomas ásperas, llenas de linces,
conejos, gavilanes y árboles de higo y de
cereza.
Imagínate,
montando un caballo en el mejor paisaje
desértico que puedes encontrar en Arizona
pero aquí, tienes loros verdes
brillantes volando entre los cactus, dijo.
Tenemos los crepúsculos más
espectaculares del Hemisferio Occidental por
eso se llama Tierra de
Crepúsculos.
Brady
está optimista; el grupo ha recibido la
aprobación tentativa de sus planes del
Ministerio del Medio Ambiente, bajo el nuevo
gobierno de Hugo Chávez. Su
administración está tratando de
promover una imagen de respuesta a la
comunidad.
En el
otoño del 2000, el grupo estuvo sembrando la
semilla del legendario semeruco, el árbol de
cereza del desierto al que el cantante venezolano
Alí Primera llamó un símbolo
de la resistencia tenaz. En la primavera, llevaron
los niños del barrio a sus lomas amadas para
sembrar los arbolitos en parte para marcar
su territorio, y en parte para regresar lo que la
tierra originalmente tenía.
Esta
tierra es tan hermosa y tan tranquila, dijo
Maritza. No la vamos a
entregar.
Tracy
L. Barnett es una autora independiente y la editora
de Adelante.
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