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Hablando
con los ojos

Fernando
Galindo
Como
parte de mi trabajo de entrevistar
hispanos para una investigación
sobre minorías en pequeñas
ciudades, he tenido la oportunidad de
visitar varios lugares en el centro de
Missouri. Estas visitas me han permitido
interactuar con la nueva comunidad latina
y ser testigo de pequeños detalles
de su proceso de adaptación a este
nuevo medio.
Por
ejemplo, una familia usa una ingeniosa
manera de establecer comunicaciones
telefónicas. Esta familia tiene dos
teléfonos, uno inalámbrico y
uno regular. Cada vez que suena el
teléfono, el teléfono
inalámbrico es atendido por uno de
los niños y el teléfono
regular por el padre o la madre. Si la
persona en el otro lado de la línea
sólo habla inglés, entonces
el niño ayuda con la
traducción. Y si la persona en el
otro lado de la línea habla
español, el niño cuelga el
teléfono y deja a sus padres hablar
y continúa con lo que previamente
hacía.
Uno
de los problemas centrales que confronta
la recién llegada población
latina es la comunicación. Para
superar esta limitación, amistades,
voluntarios, parientes e hijos sirven como
intérpretes para establecer
comunicación con el
medio.
Pero
el lenguaje no es la única manera
como los nuevos inmigrantes se comunican
con el mundo exterior. Muy a menudo
también utilizan otros medios no
convencionales para comunicarse, como por
ejemplo hablar con los ojos. Tal vez usted
no lo crea, pero la madre de esta familia,
Isabel, es capaz de hacer esto con mucha
habilidad.
Isabel
y su familia migraron de Chile hace
aproximadamente un año. Isabel es
enfermera y terapista, pero debido a que
todavía no domina el inglés
y a que casi por regla general la
formación profesional que uno
obtiene en Latino América no es
fácilmente transferible al mercado
labor norteamericano, ella como otros
muchos inmigrantes no pueden ejercer su
profesión. Sin embargo, debido a la
escasez de personal en el área de
salud, desde hace aproximadamente tres
meses, fue contratada como enfermera
asistente en un hospital.
"Aunque
no hablo el idioma yo puedo entender el
sufrimiento de la gente que está
enferma" ella afirma. "Uno sólo
tiene que mirar a sus ojos para entender
su sufrimiento, uno no necesita hablar el
idioma para darse cuenta que una persona
necesita ayuda. Yo sólo les miro a
sus ojitos y entiendo su sufrimiento. Con
amor, con vocación se puede llegar
a las personas que están enfermas y
hacer más llevadera su
situación. Con un poquito de amor y
atención hasta los dolores
más grandes se desvanecen," ella
añade.
"Como
no puedo comunicarme muy bien con las
otras enfermeras debido a que
todavía no hablo muy bien
inglés, entonces me concentro en
los pacientes, afirma Isabel.
Yo agradezco a Dios que me haya
puesto en este trabajo y espero pronto
aprender inglés para poder hacer
más."
Con
su limitado inglés y su inmensa
paciencia, Isabel ha sido capaz de llegar
a comunicarse con los pacientes y hacer
que se alimenten de nuevo. Incluso sin
palabras, Isabel ha sido capaz de hacer la
diferencia para aquellos que sólo
pueden comunicar su dolor.
La
entrega y dedicación de Isabel y de
muchos otros inmigrantes nos recuerdan que
para comunicarse, no son siempre las
palabras las que cuentan, sino
también los gestos y las acciones.
Fernando
Galindo es candidato a doctorado in
sociología rural en MU, y es
originario de Bolivia.
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