La
hora de un cartel de deudores ha
llegado
¿Dos, tres, muchas Argentinas?
Jeremy
Brecher, Tim Costello y Brendan
Smith
LA
CRISIS ARGENTINA ha revitalizado la idea de que
un frente común de países deudores
puede propiciar un cambio de fondo que evite que el
hambre y la desesperanza se adueñen
aún más de los países
cumplidores de sus compromisos internacionales. La
sola amenaza de un incumplimiento concertado,
sostienen los autores, es una bomba atómica
financiera, y blandirla podría cambiar por
completo la dinámica de las relaciones
financieras globales Los inversionistas
internacionales imponen su voluntad en el mundo a
través de un cartel de
acreedores en la forma del
FMI,
el Banco
Mundial,
el G7-8 y sus criaturas y aliados. Imponen
crueles y destructivas políticas a los
pueblos de los países deudores. Las elites
que controlan a la mayoría de gobiernos
deudores a menudo cooperan con los inversionistas
extranjeros y se enriquecen. Ahora el pueblo de
Argentina dijo: ¡Ya basta!
Mientras los argentinos actúen solos, el
cartel de los acreedores tendrá el poder de
imponerles mayores crueldades y se
está preparando para hacerlo. Pero hay
una estrategia para darle la vuelta a la
tortilla.
Las
organizaciones populares de todo el mundo se van a
juntar a finales de enero en Porto Alegre, Brasil.
Tienen la oportunidad de impulsar (de manera no
violenta) un disparo que se escuche en todo el
mundo: el lanzamiento de una campaña global
para la creación de un cartel de
deudores.
Es del
conocimiento común entre los prestamistas
pero se mantiene secreto para los que piden
prestado que los acreedores dependen de sus
mayores deudores para su bienestar. Si los deudores
no pueden o no quieren pagar los servicios de sus
deudas, los que otorgan crédito se quedan
con la bolsa vacía en la mano.
Pero la
única manera en que los países
deudores de hoy pueden aprovechar tal dependencia
es rompiendo con la estructura actual en la que
cada país deudor se aproxima a sus problemas
de manera separada, como un asunto entre él
y el cartel de los acreedores.
Así
como un trabajador individual carece de poder ante
un jefe pero es fuerte en un sindicato con otros
trabajadores, los países deudores de hoy
necesitan trabajar unidos para limitar el dominio
que ejercen los acreedores internacionales. Una vez
que los países deudores comiencen a negociar
de manera colectiva con sus acreedores
resumido en la expresión cartel
de deudores el resultado podría
ser un cambio radical en la configuración
del poder global.
La
amenaza de una moratoria colectiva en el pago de la
deuda es el equivalente a una huelga.
Brinda
una vía para bloquear las represalias del
cartel de acreedores, como con las que ahora
amenaza a Argentina.
Por
supuesto que los gobiernos deudores y las elites
que los controlan difícilmente
pondrán en práctica una estrategia
como ésta bajo su propia iniciativa. Pero el
surgimiento de un movimiento global de justicia,
combinado con el creciente rechazo hacia el
neoliberalismo entre los pueblos de los
países deudores, abre nuevas posibilidades
para presionarlos a que lo hagan o para
sustituirlos por otros que sí lo
hagan.
He
aquí una resolución que da forma a
esa estrategia y que todos están invitados a
tomar prestada o adaptar.
Resolvemos
que:
1. Los
inversionistas internacionales cooperan a
través de un frente unido el FMI, el
Banco Mundial, el G7-8, y sus funcionarios
subordinados. Pero solicitan a los
países deudores que negocien con ellos de
uno en uno.
2. El
resultado es un dramático desequilibrio de
poder que devasta tanto a los países pobres
como a los que están en vías de
industrialización.
3. Si
bien los gobiernos de los países deudores y
sus elites han cooperado muy seguido con los
inversionistas extranjeros para su propio
enriquecimiento, Argentina muestra que los
movimientos populares pueden forzar a que cambien
las políticas. Pero los gobiernos que
abandonan las políticas neoliberales se
enfrentan a la amenaza de revanchas devastadoras de
parte del cartel de los acreedores. La
solución es la solidaridad entre los
deudores.
4.
Demandamos que los acreedores y aquellos que los
representan, incluyendo el FMI, el Banco Mundial y
el G7-8, estén de acuerdo en negociar
colectivamente con los países
deudores.
5.
Llevaremos a cabo una campaña para que los
países deudores creen un frente unido que
incluya a los gobiernos y a los movimientos
populares.
6.
Realizaremos una campaña para que ellos
respalden esta demanda con la amenaza de una
moratoria común en el pago de la deuda. Tal
moratoria debe continuar hasta que los acreedores y
sus representantes estén de acuerdo en
negociar con las naciones deudoras, en consulta con
los representantes populares, con una agenda que
incluya lo siguiente:
- Limitar
el porcentaje de ganancias de exportación
que pueden ser solicitadas para el servicio de
la deuda. En esencia, esta es una manera de
resistirse a que el funcionamiento de las
economías de los países deudores
se oriente al servicio de la deuda en vez de
cubrir las necesidades de su pueblo.
- Eliminar
las condiciones de los préstamos que
hacen que los países no puedan expandir
sus mercados domésticos, otorgar
crédito a sus campesinos y sus negocios,
y usar los recursos que tengan para desarrollar
su propia economía en vez de pagar
intereses a los ricos globales.
- Cancelar
la deuda de los países más
pobres.
- Proveer
de apoyo internacional a los controles de
capitales impuestos a nivel nacional que
limitan el flujo del capital especulativo que
entra y sale de los países.
- Reducir
el poder del FMI y de otras instituciones
financieras internacionales.
- Sustituir
las operaciones de rescate del FMI
con un mecanismo de no solvencia para los
países endeudados, con paneles de
arbitraje que representen tanto a los deudores
como a los acreedores, los cuales
tomarían en cuenta la necesidad de redes
de seguridad social para proteger un
mínimo de dignidad humana de los
pobres.
- Poner
en marcha el impuesto Tobin
internacional sobre los flujos de dinero
caliente, especulativo, para reducir la
volatilidad financiera internacional y proveer
de recursos a los países más
pobres.
Tal idea
ya sopla en el viento, promovida por grupos como
Jubilee South, cuya Declaración
en la Cumbre
Sur-Sur
enfatizaba la necesidad de acción
colectiva en el Sur y la formación de
una alianza estratégica para unirse en torno
a temas como el repudio a la deuda. De
la misma manera, los representantes de
organizaciones populares de 13 países
africanos que se reunieron en Lusaka, Zambia,
llamaron a un repudio colectivo al
ilegítimo pago de la deuda externa y a
entrelazar nuestros brazos más
allá de las fronteras para ejercer
presión sobre nuestros líderes
y establecer un Cartel de Deudores. La idea
también ha sido ampliamente discutida en el
PT, el partido brasileño cuyo líder
más visible, Lula, es el actual candidato en
la entrante elección
presidencial.
Los
próximos pasos pueden ser tan sencillos como
incluir el tema de la cooperación entre
países deudores en los programas locales y
nacionales de los movimientos, incluirlo en las
demandas de acciones masivas contra el ajuste
estructural, e inyectarlo en las campañas
electorales y demandar que los partidos que dicen
oponerse a las políticas del FMI se
comprometan dicha cooperación
internacional.
Tal
acercamiento también provee un
vínculo natural a los trabajadores en el
norte. Las condiciones del FMI hacen que
países como Corea del Sur, Brasil y Rusia
exporten bienes manufacturados a precios de ganga,
basados en salarios de la época de la
depresión. Esto ha contribuido
sustancialmente a despidos y desempleo masivo,
principalmente en la industria manufacturera
estadunidense. Un ataque conjunto a las
políticas de ajuste estructural y un apoyo
al crecimiento que parta de la demanda interna de
los países del Tercer Mundo podría
servir como base para una poderosa alianza entre la
fuerza de trabajo del Primer Mundo y una amplia
gama de fuerzas en el Tercer Mundo.
Hasta
la amenaza de un incumplimiento concertado es una
bomba atómica financiera, blandirla
podría cambiar por completo la
dinámica de las relaciones financieras
globales. (Traducción: Tania Molina
Ramírez) Jeremy Brecher, Tim Costello y
Brendan Smith son los autores de Globalization
from Below: The Power of Solidarity (Editorial
South End) y los productores del documental
Global Village or Global Pillage?
Este
artículo está republicado con
autorización de la revista
Z.
|