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Nacho Galicia, trabajador del Frente Democrático Campesino, dialoga con un agricultor de Chihuahua.

Agricultores mexicanos en pie de lucha
Piden justa competencia con sus vecinos de los Estados Unidos

texto y fotos por Rebecca Rivas
reportera de Adelante
traducido por Suan Pineda

CHIHUAHUA, Mexico. Con manos temblorosas, Martín Solís Bustamante rasguñaba la mesa de conferencias del banco nacional. Aunque era el más joven de los 50 granjeros reunidos en esa sala, todos lo escuchaban.

“No podemos terminar de pagar los préstamos”, dijo. “Por ocho meses, el precio del algodón en el mercado ha sido de $45 por paca. Mientras que en 1998, cuando obtuvimos los préstamos, el precio del algodón era de $75 por paca. El mercado está mal ahora mismo”.

El canoso director del banco, que encabezaba la mesa de negociaciones, moviendo su cabeza en desacuerdo dijo: “No hay nada que podamos hacer ... No podemos cambiar la política bancaria”.

Martín con los ojos enrojecidos, exhausto después de siete horas de negociaciones, miró sus manos curtidas de tanto trabajar la tierra. El 3 de enero pasado, Martín recibió una orden de detención por parte de las autoridades locales por no cumplir con el pago del préstamo para sus tierras.

Pero Martín no era el único. Unos 260 agricultores de todo Chihuahua recibieron una carta similar. Si no pagaban sus préstamos, que oscilaban entre $10,000 a $80,000, el Banco de Crédito Rural del Norte (Banrural) les quitaría sus casas o les mandaría una orden de arresto. Sin embargo, lo mas común es que les embarguen los carros u otras propiedades.

A las 9 de la mañana de ese miércoles 2 de enero, más de 200 campesinos de Chihuahua invadieron la entrada del banco. Todas las ventanillas estaban cerradas. Todas las sillas estaban ocupadas.

En el centro del vestíbulo, un rústico quemador de propano asaba chiles verdes, carnes y papas dentro de una olla de metal. El olor, mezclado con el de las tortillas calientes, inundaron todo el banco y los salones de conferencia. Trece horas después, el director del banco repitió su reclamo: “Comprendemos y simpatizamos con sus problemas, pero la demanda se mantiene”.

El cuarto entero suspiró frustrado.

Pero Solís no iba a dejar que el director del banco tuviera la última palabra. Como el presidente de la cooperativa campesina de la región de Buenaventura, habló en nombre de todos los presentes: “Nos quedaremos hasta que podamos negociar”, dijo.

Muchos de los presentes no eran campesionos del algodón, pero se sumaron a la pelea porque están asociados a la cooperativa. Todos rehusaron marcharse hasta que los cargos en contra de Solís y los otros demandados fueran retirados.

Esta red formada por miembros del Frente Democrático Campesino (FDC), una organización fundada en 1986 para promover la creación de empresas campesinas, granjas familiares, y cooperativas de ahorro y crédito. Martín fue presidente del FDC, en el período 1994-1996.

Las cooperativas fueron construidas para proteger a los campesinos de esta clase de situaciones. El banco no es el problema, dijo Solís. Es el sistema. A finales de 1998, casi 1 millón de pacas de algodón provenientes de los Estados Unidos entraron al mercado local por el precio de $45 el quintal (media tonelada).

Como es obvio, los mexicanos no pueden competir con sus vecinos que dominan el mercado, ya que tienen que pagar el doble por el combustible y la electricidad. El gobierno podría ayudar a ls campesinos y a la economía bajando los precios del diesel, una reserva natural, dijo Miguel Colunga, representante del Frente.

Antes de la creación de las cooperativas, la mayoría de los productores vendían sus productos a los coyotes, o los hombres ricos de la ciudad. Los coyotes compran los productos a la mitad del precio. Las cooperativas ayudaron a los campesinos a financiar las herramientas de trabajo y los medios de transporte.

Pero ahora, los agricultores afrontan a un reto aún mayor. Sus pares estadounidenses pueden producir maíz, frijoles y algodón —producto básico con el que subsiste la industria agrícola de Chihuahua— rápidamente y a menor precio.

Sin el equipo apropiado, los agricultores mexicanos no representarán competencia alguna para los agricultores estadounidenses. Es por eso que la mayoría de los campesinos mexicanos migran hacia los Estados Unidos para trabajar por tres meses y así acumular dinero para comprar tractores y otros equipos. Estos efectos de la inmigracion se ven en los campos mexicanos.

“Cada año, un millón de mexicanos, la mayoría campesinos, tratan de cruzar la frontera sin documentos presionados por la necesidad”, dijo Victor Quintana, uno de los fundadores del FDC. “Nuestras comunidades rurales van en camino de convertirse en pueblos fantasma, solamente se ven ancianos mujeres y niños”.

Por tres días los agricultores durmieron en las escaleras del Banco Banrural. Finalmente, en la mañana del sábado, cuatro miembros del Congreso Estatal llegaron a un acuerdo con los funcionarios del banco. La agencia gubernamental Fideban pagaría las deudas de los agricultores, y estos a su vez, le pagarían al gobierno directamente. Los negociadores dicen que quizás pasarán muchos meses hasta encontrar una solución viable para los campesinos, si es que eso llega a suceder. Aunque fue una pequeña victoria, sólo es el comienzo.

©2002 Adelante