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Boicot
a pepinillos ayuda a los labradores de N.
Carolina
por
Rebecca
Rivas
reportera de Adelante
Viven
como fantasmas en las tierras de Mount
Olive, en Carolina del Norte. Una fila de
obreros mexicanos inmigrantes van
arrastrando los pies por un polvoroso
camino después de 11 horas de
recoger pepinillos. Se repliegan en una
casucha situada detrás de los
terrenos donde acaban de cosechar, doce de
ellos, todos en un solo cuarto. Con
sólo una ventana por toda
ventilación, el hedor a pesticidas
que despiden sus ropas contamina el aire
ya reconcentrado. Una bañera es
todo lo que hay para 30 personas.
Esta
no es la vivienda que esperamos para nadie
en este país. Esta gente es
trabajadora y está contribuyendo a
nuestro sistema de agricultura, dijo
Virginia Nesmith. Como Directora Ejecutiva
de la Organización Nacional de
Trabajadores Agrícolas de St.
Louis, Louis Nesmith ha visitado varios
campos laborales en Mount Olive y es
testigo de las condiciones de vivienda que
existen allí.
Los
trabajadores padecen atrapados en un mundo
de silencio. El miedo a ser deportados no
les permite hablar en voz alta sobre las
deprimentes condiciones en las que
viven.
En
Missouri, los activistas quieren que los
consumidores apoyen a estos trabajadores.
Si hacen huelga son
despedidos, dijo Nesmith.
Tienen que valerse del apoyo del
consumidor para ayudarse, así
pueden llegar hasta la mesa directiva y
negociar una mejor condición de
vida y mejorar las condiciones de
trabajo.
Hace
dos años, el Comité de la
Organización de Trabajadores
Agrícolas, un sindicato con sede en
Ohio, inició un boicot contra la
compañía Mount Olive Pickle
Company, la más grande compradora
de pepinillos de Carolina del Norte. La
meta del boicot es presionar a la
compañía a que pague a las
cultivadoras más por sus
pepinillos, así ellos pueden
proveer mejores condiciones y salarios
para los trabajadores. Dorothy Gilles es
una de los líderes en Missouri para
la organización nacional de este
movimiento. Como representante de la
Organización Nacional Ministerial
de Trabajadores Agrícolas, Gilles
está tratando de llamar la
atención del público acerca
del dilema.
Mi
rol en todo esto, dice Gilles,
es crear un extenso movimiento
educacional público en St. Louis y
educar al público sobre la
verdad.
La
Organización Nacional Ministerial
apoya al Comité de la
Organización de Trabajadores
Agrícolas trabajando para movilizar
organizaciones religiosas a nivel nacional
para que auspicien el boicot. Nesmith
trabaja con el Consejo Nacional de
Iglesias, quien representa a 50 millones
de feligreses. Para ganar su apoyo,
Nesmith visitó los campos de
cultivo en junio acompañada de
Baldemar Velásquez, fundador del
Comité.
Velásquez
relató sus experiencias el mes
pasado en St. Louis. Gilles
organizó la presentación
para informar al
público.
Parte
de lo que exige el boicot, dice
Velásquez, es el establecimiento de
un proceso por medio del cual los
trabajadores puedan exponer sus quejas sin
temor a represalias. Por medio de un
acuerdo sindical, un representante de los
trabajadores podría dar a conocer
los problemas a sus empleadores sin
revelar nombres concretos.
Puesto
que la mayoría de los obreros no
hablan inglés, el proceso que puede
llevarse a cabo con un representante
contribuiría a superar las barreras
del idioma.
En
Mount Olive, los obreros no sindicados
perciben salarios de 3 a 4 veces menores
de aquellos representados por el
Comité de obreros en Ohio. Los
trabajadores allí pueden ganar un
promedio de 40 a 70 centavos por bushel.
La COTA intenta actualmente aumentar el
salario de éstos en los
próximos cinco años,
doblando la tarifa fijada para los
recogedores de pepinos.
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