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Kristy Perry y su hijo,
Kalen, de 5 años de edad, en Alicante, España.
Madre
e hijo estudian en el extranjero

Kristy
Perry
ESTUDIAR EN ALICANTE,
España, por seis meses, fue la mejor y
más segura decisión de mi vida.
Sí, he tenido bastantes pesares, como hacer
la compra sin dinero, estudiar en Mizzou y no haber
conocido otras ciudades americanas; pero nunca me
ha pesado el haber llevado a mi hijo, a
través del Pacífico, conmigo, en
enero de 1999. Fue una experiencia que tenemos
presente y que nunca olvidaremos (especialmente con
tantas fotos). Claro que hubo obstáculos.
Primero, tenía que buscar una escuela
infantil para mi hijo, para cuando estuviera en
clase, y nos robaron en la playa, apenas un mes
después de nuestra llegada. Pero estas cosas
carecían de importancia, porque
¡ESTÁBAMOS EN ESPAÑA!
Mi hijo
se acostumbró fenomenalmente.
Aprendió una frases básicas en
Español para comunicarse y tuvo dos
amiguitos, Aida y Manuel. La guardería le
gustó mucho y su maestro Paco fue
increíble con los niños y muy
sencillo con Kalen.
Todo esto
es para decir que hay que arriesgarse. Es mejor
para tus niños. Poneos en situaciones nuevas
y diferentes para que vos y vuestros hijos
podáis aprender sobre algo nuevo, sobre
vosotros dos y sobre vos mismo. Juntos aprendimos
que el mundo es grande y pequeño, a la vez.
En un país tan lejos de nuestro hogar,
conocimos gente con intereses y experiencias
comunes. Aprendí que mi hijo es
extraordinario. Es gracioso, flexible y me apoya
también. Al llegar a Madrid, estaba muy
cansada y casi rompí a llorar, hasta que
Kalen me consoló y me dijo
¡Tranquila mamá! Vamos a comer y
después te sentirás mejor.
¡Y tenía razón!
También
aprendí que la exposición al
español o cualquier idioma o cultura es muy
importante en el desarrollo completo e integral de
un niño. Sí, cenamos con nuestros
amigos coreanos y nigerianos en EE.UU., pero eso no
se puede comparar con estar totalmente absorto en
un país y su rica cultura. Viajes a
Barcelona y el Museo de Picasso, camping en Font
Roja, y marchas al Palacio Real en Madrid
serán recuerdos especiales en la mente de mi
hijo para siempre.
Además,
un segundo idioma es substancial en la compleja
habilidad de pensar. Mientras en otros
países enseñan a sus niños muy
temprano, a la edad de 1 o 2, idiomas extranjeros;
el sistema americano espera hasta que los
estudiantes tienen 10 o 11 años. ¡Ya es
demasiado tarde! Los niños son muy capaces
de aprender una lengua extranjera cuando tienen 3,
4 o 5 años. Mi hijo es un ejemplo perfecto.
Finalmente, aprendí que tengo que estar
segura de mis decisiones, sabiendo que los
intereses de mi hijo son siempre de gran prioridad.
Como madre soltera, tengo el placer y la
responsabilidad total de proporcionarle
experiencias positivas para su aprendizaje, y yo
sé que nuestras experiencias en
España le enseñaron cultura, lenguaje
y, aún más, la importancia de
arriesgarse. Cuando sea mayor, quiero que él
recuerde España y que se diga ¡Si
mi mamá podía hacer todo lo que
quería, yo puedo
también!
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