Casa

English Version

Noticias

Opiniones

Salud

Cultura

De la Editora...

Tracy L. Barnett

MIENTRAS ESTOY ESCRIBIENDO esta nota, el gobierno de los Estados Unidos está lanzando bombas sobre Afganistán, un país demasiado pobre aún para alimentar a su propia gente, y lo lamento.

Lamento las vidas perdidas en Nueva York y Washington, en Kandahar y Kabul y tambien lamento todas las vidas que dejarán de existir por la política de la “Edad de Piedra”, de venganza y castigo que el gobierno estadounidense ha decidido seguir.

Y lamento que se pierda una gran oportunidad: Una oportunidad para unir la comunidad mundial alrededor una amenaza común, el terrorismo, y buscar juntos una nueva política de coalición, de colaboración y de paz.

Viene a mi mente las fotos; he visto vigilias con velas en muchos paises en memoria de las víctimas del 11 septiembre: en lugares tan inesperados como Cisjordania, Moscú y Kósovo. Nunca hemos visto una unidad tan fuerte en apoyo a este país, cuya política exterior ha sido muy controvertida. Esta compasión, profunda y casi universal, se disolvio con las bombas del 7 octubre y, solamente, el tiempo nos dirá el precio que todos tendrán que pagar, como residentes de los Estados Unidos y como ciudadanos del mundo.

Recuerdo las palabras de mis amigos latinos y de otros países que me han recordado que cientos de los desaparecidos en las Torres Gemelas eran inmigrantes hispanos. Todos han ofrecido palabras sinceras de pesar. No lo dicen, tal vez por discreción, lo que para ellos es muy obvio: Esto es lo que hemos padecido en nuestros países por años. Ahora, en norteamérica, es su turno.

Pienso en las palabras del presidente de la Universidad de Missouri, Manuel Pacheco, que advirtió a un grupo de profesionales hispanos, un día antes del bombardeo a Afganistán que los tiempos serán mucho más difíciles para ellos y otros de procedencia internacional. Exigió a la gente de la comunidad latina que tomara liderazgo para formar vínculos permanentes de amistad con los estudiantes extranjeros que vienen de lejos para estudiar, para que cuando regresen a sus países, sean nuestros mejores embajadores.

Y pienso en las palabras de Gabriela de la Paz de México, una gran amiga de nuestra ciudad, que nos envió una carta de apoyo y tristeza desde Cuernavaca después de los atentados, que podrán leer en estas páginas.

En fin, busco una señal de esperanza en todo esto, y veo que el sol brillando otra vez en un día glorioso en Missouri Central. Recuerdo a mis valientes amigos, latinos, anglos, afroamericanos y árabes, que han defendido la paz en un ambiente cargado de guerra. Recuerdo las sonrisas en las caras de cientos de personas que se han reunido durante el pasado mes para celebrar la cultura de América Latina y España en un esfuerzo espectacular para una ciudad tan pequeña. Y me regocijo de vivir en un lugar especial, donde la tela multicolor de la paz está siendo tejida, hilo por hilo.

Todos están invitados a contribuir al diálogo en las páginas de Adelante; cartas y comentarios y artículos de la comunidad siempre están bienvenidos. Escribe a Adelante@missouri.edu, o llame (573) 882-1939.

©2001 Adelante