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Una extraña enfermedad inclasificada: crónica de la Argentina

Federico Waitoller

ROBERTO TIENE 65 años, es ingeniero industrial y tiene una licenciatura en Administración de Empresas. Además ha trabajado en los más importantes frigoríficos y represas de la República Argentina. Su profesión actual: desempleado sin voluntad de serlo y por tiempo indefinido. Su hijo más joven de 21 años dejó el país hace tiempo enfermo de la mediocridad y la falta de oportunidad del país. Su hija recién casada está haciendo el papeleo para irse a vivir a Suiza con su esposo, ya que ambos trabajan más de ocho horas por día y no ganan mas de $600 al mes. Su hijo del medio es vicerrector en un colegio secundario, profesor de la Universidad de Buenos Aires y todavía vive con sus padres por su sueldo que no llega a $800 por mes. La ciudad donde vive Roberto cada vez esta más insegura. Ha leído en el diario que la diferencia entre pobres y ricos es de 28 veces y que hay 26.000 personas por día que revuelven basura en la calle para obtener algo de comer (¿todo un ejercito no?). Su esposa hace magia con el dinero y mantiene también a su madre que por jubilación sólo recibe $200 al mes. Si este es un típico ejemplo de la clase media Argentina, imagínense de la gente pobre que son la mayoría. Este ejemplo nos demuestra una extraña enfermedad inclasificada que padece la Argentina, cuyo síntoma es que ya no queda nada.

La gran pregunta es por qué un país con tantas riquezas naturales (ríos, montañas, fauna, océano, etc) está en tan deplorable condición. Para entender esta extraña enfermedad habría que remontarse en la historia 27 años atrás cuando los militares en 1974 tomaron el poder tras la muerte de Juan Domingo Perón y un inaceptable posterior gobierno de su esposa Isabelita. El gobierno militar, apoyado política y económicamente por el gobierno norteamericano y, porque no decirlo, por el pueblo argentino también dejó un saldo de 5.000 estudiantes desaparecidos, terror al hablar y al pensar, un mundial que dio perdida y una vergonzosa Guerra por recuperar las Malvinas que dejó más almas inocentes en el camino. Pero esto no es todo, en este periodo empezó lo que ahora es el problema más grande de Argentina: la deuda externa. Domingo Cavallo, en ese momento Presidente del Banco Central, apoyó la estatización de la deuda que tenían las empresas privadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo que significó que el pueblo se hiciese cargo de una deuda que no era suya. 

En 1983, Alfonsín asumió la presidencia inaugurando un gobierno democrático después de mucho tiempo. “Con la democracia se come, se cura y se educa”, solía decir. La cuestión fue que su incompetente y corrupto gobierno dejó como saldo saqueos a supermercados, hiperinflación, dos levantamientos militares y más deuda externa. Pero si el lector ya esta asustado le diría que se prepare para leer lo peor. En 1989, asume la presidencia Carlos Saúl Menem por el Partido Peronista (Justicialista) y nombrando como Ministro de Economía a Domingo Cavallo. Este último por tres años logró estabilizar la economía pero a costa de vender (diría regalar) todas las empresas estatales a manos extranjeras o a grandes terratenientes del país. Cuando no hubo más joyas de la abuela que vender comenzaron los problemas, los fantasmas de siempre: Más endeudamiento y un gobierno que ya no sólo robaba con dos manos (gracias a Dios que solo tienen dos manos) sino que lo hacía descaradamente en la cara de la gente. El desempleo volvió a crecer, la diferencia entre ricos y pobres se transformó en un abismo y la crisis se agravó en el segundo periodo de Carlos Menem. Finalmente, en 1999, asumió la presidencia Fernando de la Rúa prometiendo un gobierno menos corrupto y más austero. Con una Argentina enferma, con alta temperatura y sin diagnostico, el flamante presidente sólo se dedicó a hundir más la daga. La Alianza, partido formado por radicales y frepasistas) tuvo que recurrir a las manos “salvadoras” de Domingo Cavallo para “salvar” al país de la nada total. Si Cavallo tenía manos salvadoras se podría decir que nació manco porque el país llegó a un riesgo de 3.200 puntos batiendo cualquier record. Ahora la Argentina está comprometida con el FMI a gastar sólo lo que recauda el estado (Ley Déficit Cero) para poder seguir teniendo el apoyo de éste. Como consecuencia de esto, cada vez se exprime más al pueblo bajando los salarios y aumentando los impuestos, quedando un pueblo hambriento de trabajo y pan y de una dirigencia política, que es la misma de hace 27 años, que se pela por las ultimas migajas de la torta. Pero en este bendito país mis lectores, de la torta ya se han llevado hasta la bandeja y la Argentina sigue agonizando con esta extraña enfermedad inclasificada, cuyo síntoma es que ya no queda nada. Capaz Gabriel García Márquez sólo estaba prediciendo el futuro de la Argentina cuando escribió Crónica de una Muerte Anunciada.

Federico Waitoller es estudiante de Psicología en Columbia College. Él es uno de los productores del programa “La Hora Latina” que se escucha los sábados de 9 a 10 a.m. en KOPN Radio, 89.5 FM. La historia que ha leído es de la familia de Federico y representa la historia de muchas familias argentinas.

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