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La jugadora
Kenny Moreno remata un balón contra Missouri Baptist
mientras su hermana Yesmina observa atentamente la jugada. Las
hermanas Moreno son de Medellín, Colombia. Columbia College
les ha dado la oportunidad de reencontrarse después de
tres años.
El
sabor de un equipo
por
Jon
Ariztimuño
reportero
de Adelante
Es
probable que el escritor y dramaturgo
español del siglo XVI Félix Lope de
Vega hubiera dicho aquello de: No quiso la
lengua castellana que de Columbia a Colombia
hubiese más de una letra de
diferencia.
El pasado
1 de noviembre, esta pequeña ciudad del
Condado de Boone y el país sudamericano
tuvieron mucho más en común que lo
similar de su nombre. Y en Missouri no hubo
sólo sabor a Colombia, sino también a
Venezuela y a toda Latinoamérica.
A las 7
de la noche, en el Southwell Gymnasium del Columbia
College se escuchaban gritos de ánimo en
español, música salsa por los
altavoces y había chicas bailando en medio
de la pista... ¿Una gran verbena hispana? No
exactamente.
El equipo
de voleibol de Columbia College es el número
uno en la clasificación de la National
Association of Intercollege Athletics
(NAIA).
Nadie
puede negar que gran parte de su carácter ganador tiene
algo que ver con Latinoamérica; cinco de las seis mejores
jugadoras del equipo son latinas. El 1 de noviembre, se enfrentaron
a Missouri Baptist, en el último partido de la temporada,
y había sabor de casa, había fiesta en el campo
de juego.
Parece
que el calor humano influía también
en el atmosférico. El mexicano Alfonso
Celorio nació en México D.F. hace 22
años. Poncho, como le llaman sus
amigos, se quejaba de la alta temperatura en el
interior del pabellón: Hace mucho
calor, demasiado, aunque las chicas son muy
guapas, decía con sonrisa
pícara.
Los
altavoces nunca hubieran imaginado que
hablarían con acento argentino. Lo hicieron
por un día. Nacido en Buenos Aires, el
estudiante de Columbia College Federico Waitoller
narraba el partido en español. A su lado,
Amber Cox, del Departamento de Atletas de Columbia
College, aprendía nuevas palabras de la
lengua de Cervantes. Esto es cultura, un modo
de mostrar la diversidad de nuestros atletas,
dijo tras concluir el partido.
Todo el
público parecía estar disfrutando del
juego de las chicas: aplaudían cada jugada y
muchos, en su primera experiencia como espectadores
de voleibol en los Estados Unidos, se
sorprendían por el alto nivel de
juego.
Entre
todos, el grupo comandado por Juan Felipe Calle
celebraba su propio festín. Agitando la
bandera de su país, este joven natural de
Medellín, Colombia, lideraba a un grupo de
compatriotas que chillaban, aplaudían y
cantaban más alto que nadie. Mientras,
algunos estadounidenses les miraban
extrañados ante tan inusual jolgorio y el
profesor de español David Bécquer se
lamentaba por no haber traído a sus
estudiantes.
Juan
Felipe se sentía orgulloso de ser latino
pero especialmente de ser colombiano: Por lo
general los colombianos tenemos fama de ser
narcotraficantes o guerrilleros. Es muy rico saber
que hay gente que de verdad está aportando
algo a nuestro país y demostrando a otras
culturas que tenemos muchos valores, gente buena,
con ganas de trabajar y de hacer deporte. No somos
únicamente todo lo malo que sale en las
noticias, afirmaba.
El
resultado, poco sorprendente. Ya lo había
dicho Jay Potter, entrenadora de Missouri Baptist,
bromeando con una periodista local. Hemos
traído cascos de seguridad. No podemos hacer
nada más. Nadie golpea el balón de
esa manera. Los Pumas, nombre que
utilizan todos los equipos de Columbia College, no
defraudaron: 30-12, 30-17 y 30-20.
Al
terminar el encuentro, las chicas no disimulaban su
felicidad ante tan buena jornada. La capitana del
equipo, la venezolana Endrinha Sosa, quien bailaba
minutos antes entre set y set, declaraba haber
jugado su mejor partido. El día de hoy
es un estímulo para los latinos, una muestra
de que podemos salir adelante y triunfar
aquí.
Parte de
la hinchada latina se acercó a las
jugadoras. Tras las felicitaciones y los abrazos,
las chicas se dirigieron, junto a algunos
compatriotas, al partido que disputaba el equipo
masculino de fútbol. Ellas eran, entonces,
las que gritaban y aplaudían tan fuerte, tan
apasionado, tan latino.
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