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Para
colombianos, terrorismo es devastador, aunque nada
nuevo
por
Kara Childers
reportera
de Adelante
De
niña, Sandi Hurtado-Peters podía ver
todo su mundo desde la copa de un árbol de
Popayán, su pueblo natal en Colombia.
Veintitrés años más tarde, el
recuerdo favorito de su niñez está
fuera de su alcance. La calle que una vez fuera el
cristal por donde mirara el paraíso una
joven chica colombiana, es la puerta a una
peligrosa área de
narcotráfico.
Desde los
ochentas, los narcotraficantes empezaron a causar
estragos en las calles de Colombia, sumiendo al
país en una encarnizada guerra de drogas que
apoya tanto las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) como su oposición
paramilitar, el derechista Ejército de
Liberación Nacional (ELN), poniendo al
país en una debilitante guerra
civil.
Ahora con
los Estados Unidos y el mundo recuperándose
del ataque terrorista del 11 de septiembre y la
guerra declarada contra el terrorismo, los
norteamericanos de todas las nacionalidades han
estado reflexionando sobre los desordenes de sus
países de origen. Para los colombianos que
viven en Columbia, Mo., el terrorismo dirigido
contra los Estados Unidos es desvastador, aunque
nada nuevo.
Mauricio
Hurtado, padre de Sandi, creció bajo las
revueltas políticas de finales de los
cuarenta. Colombianos de derecha e izquierda se
mataron entre sí en nombre de sus creencias
políticas. Si les pregunta
porqué se matan entre sí, no lo
saben... dicen que su padre era liberal, o su
abuelo era republicano ... pero no saben
porqué matan, dijo Hurtado con su
acento en inglés.
Los
ejércitos terroristas colombianos han
clarificado su misión en la guerra de hoy.
El narcotráfico y los ataques terroristas
dirigidos contra militares y civiles han llevado a
secuestros con rescates muy altos que proveen apoyo
financiero, militar y político. Aún
los extranjeros no son inmunes, el grupo
guerrillero FARC y el ELN son responsables de
secuestrar por lo menos 231 extranjeros
(norteamericanos, venezolanos, alemanes e
italianos) desde 1996, de acuerdo con la
última información del departamento
de estado.
Estos
secuestros desvían turismo y separan
familias. Casados por un año, Sandi y su
esposo David no han visitado a la familia de su
padre en Colombia. David y su acento del medio
oeste lo identificarían rápidamente
como extranjero y como blanco potencial
fácil de secuestrar.
No
me siento segura llevando a mi esposo a
Colombia, dijo Sandi, obviando su
frustración y desilusión.
Aunque
Sandi sí fue a Colombia hace cinco
años para visitar a la familia sin
ningún sentimiento de peligro, su padre no
va con frecuencia.
Mis
hijos estarían cruzando los dedos todos los
días si voy, dijo Hurtado. Ser
secuestrado es un riesgo muy alto.
Hurtado
no es el único residente de Columbia que
pronto regresará a un hogar asolado por la
guerra. Martha Rivero Matthews sale el
sábado para visitar a su padre enfermo en
Cali, Colombia. De hecho, Matthews y su esposo
norteamericano pasaron dos meses en Cali el verano
pasado. Aunque se abstuvieron de manejar por
áreas rurales, tanto el marido como la
esposa dijeron que se sintieron seguros en la
ciudad. Pero aún en la ciudad, manejar
después de que oscurece puede ser peligroso,
especialmente para las mujeres, dijo
Matthews.
Todos
tienen sus propios miedos, dijo Matthews.
Una se preocupa, pero la vida
continúa.
El
gobierno de Colombia, siendo sede de tres grupos
terroristas marcados por los Estados Unidos,
respalda al gobierno norteamericano en su
resolución de pelear la guerra contra el
terrorismo.
En una
carta al presidente George W. Bush, el presidente
colombiano Andrés Pastrana escribió,
Colombia, un país a su vez
víctima del terrorismo, entiende el
sufrimiento que plaga su
país.
Y aunque
Matthews dijo que recibió correos
electrónicos de familiares y amigos en Cali
expresando su sorpresa y rabia ante los ataques del
once de septiembre a los Estados Unidos,
también explicó que el mundo en
Colombia continua rodando a pesar de que los
ejércitos de la guerrilla aterrorizan el
país y Estados Unidos se ve empujado hacia
una guerra contra el terrorismo.
Hemos
vivido con esto por 18 años uno se
acostumbra dijo ella, fijando sus ojos
oscuros en los ojos claros de su esposo del otro
lado de la mesa.
El amor
trajo a Mauricio y Martha a los Estados Unidos,
creando un puente entre dos culturas bastante
diferentes. El matrimonio de Sandi y David
fortaleció el puente aún
más.
Estoy
muy orgulloso de mi familia norteamericana y
latinoamericana juntas, dijo Hurtado.
Sentimos lo que es doloroso y lo que es
bueno. Siento en mi corazón que soy
norteamericano y colombiano.
Pero
ahora los colombianos y norteamericanos
están unidos por algo más que un
matrimonio y ciudadanías duales,
están unidos por la amenaza de
terrorismo.
Sin ser
más una niña, Sandi Hurtado-Peters
entiende que tal vez nunca sea seguro mostrar a su
esposo y su casa desde la copa de su árbol
mágico en Popayán. Puede que nunca
sea seguro desfilar a su marido norteamericano en
las calles de las ciudades sureñas de
Colombia. Mauricio Hurtado entiende que se
está arriesgando al visitar a su anciano
padre. Y Martha Matthews entiende que sus muchas
visitas serían arriesgadas si ella no tomara
las precauciones correctas al abordar el
avión para Cali este sábado. Pero
como colombianos y norteamericanos que han visto
que el terrorismo puede sorprenderlo a uno en casi
cualquier parte del mundo, están dispuestos
a hacer algunos sacrificios en nombre del amor y el
país.
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