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Los
amantes del Círculo Polar
Una
meditación cinematográfica sobre el
azar
por
Aritz Parra
reportero
de Adelante
Un amor
apasionado y secreto, unido por una casualidad y
compartido desde los ocho años hasta los
veinticinco. Hasta ahora, nada del otro mundo. Pero
si se le suma una narración senci lla pero
singular, innovadora pero eficiente; nos hallamos
ante el cuarto proyecto del realizador vasco Julio
Medem (Vacas, Tierra, La ardilla roja), en lo que
él mismo ha denominado, mi trabajo
menos hermético y más
sobrio.
El tema:
nada nuevo, el amor. Pero en Los amantes del
Círculo Polar, es el amor en estado puro.
Todo comienza cuando a la salida de un colegio, dos
niños empiezan a correr por distintas
razones... Desde esa tarde en la que se les escapa
el mundo, las vidas de Ana y Otto se
trenzarán en un mismo círculo, que
comenzará a cerrarse diecisiete años
después, en Finlandia, en la
mismísima línea del Círculo
Polar.
En la
obra, todo fluye como una pieza de música,
como una composición. Los compases, unas
veces con el ritmo de Otto, y otras veces en clave
de Ana, se van sucediendo en un contrapunto, a la
vez que desarrollan una historia y dos puntos de
vista a través de los ojos de los
protagonistas.
Ana
y Otto son también los
títulos capicúas que introducen cada
una de las unidades narrativas. En un mundo lleno
de estadística como en el que vivimos, el
azar y las casualidades van guiando la vida de
estos personajes hasta que las cortinillas
Los ojos de Ana y Otto en los
ojos de Ana nos preparan, justo a tiempo de
caer en la rutina, para sorprendernos de nuevo. Y
es esa última sorpresa la que cierra el
círculo en un final sereno, pero de
volcánicos sentimientos.
La manera
de convertir la estructura clásica de toda
historia, con un principio, un conflicto o nudo y
un desenlace, en una poesía de
imágenes, se enriquece con una cuidada y
efectiva fotografía cuyos decorados pueden
llegar a ser singulares, como los paisajes
finlandeses, o urbanos, como la Plaza Mayor de
Madrid.
Julio
Medem es uno de esos directores por descubrir para
el público americano, aunque no haya sido
nominado nunca para los Óscars como
Almodóvar, al que, sin embargo, no tiene
nada que envidiar. Todo lo contrario. Su etapa de
aprendizaje, aunque en cotas ya muy maduras, hace
que los errores sean mínimos en su obra. Se
convierten simplemente en puntos flacos,
especialmente en un argumento y una
narración que, por original, exige estar
tratada con una perfección de
maestro.
Pero
posiblemente, lo que no sobreviva del todo en la
memoria a la película, sean las actuaciones,
que quedan ensombrecidas por la madurez de la
inteligencia visual que muestra Medem. Fele
Martínez (Tesis, Abre los ojos,
Lágrimas negras), de una manera muy
creíble, encarna, en uno de los mejores
papeles de su carrera, la melancolía y la
ingenuidad. Sus palabras nos introducen en la voz
narrativa magníficamente usada por Medem
aquí, pero el off de la voz
rasgada, peculiar y expresiva de Najwa Nimri (Salto
al vacío, Abre los ojos, Asfalto), junto con
su interpretación de Ana, lo eclipsan. Najwa
encaja perfectamente en el papel, de tal manera que
la cámara y el espectador se enamoran de
ella a medida que la película
avanza.
Sin
embargo, la elección del reparto,
especialmente por lo que se refiere a los papeles
infantiles y adolescentes, no es uno de los puntos
fuertes del filme, aunque Nancho Novo y Maru
Valdivielso hacen un buen trabajo.
En Los
amantes del Círculo Polar, el espectador se
encuentra con una historia romántica
redonda, más aún, circular, diferente
a la mayoría de Hollywood. Una historia de
amor con dos únicas fronteras, la de un
lugar tan exótico como el Círculo
Polar Ártico y la de la matemática,
muchas veces cruel, del azar.
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