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Michael Knowles (izquierda) Mary Haleweh y Matt Moreno (derecha) son trabajadores voluntarios. (Julie Donelson /Adelante) Abajo: La familia: Eduardo, Bárbara y su hija Nicole: “Juntos se puede.”

Luchando por la vida
Bárbara Brockman, esposa del fundador del Centro Latino, está luchando por recuperarse tras el terrible accidente que sufrió cuando montaba caballo

por Rebecca Rivas
reportera de Adelante

En la sala de espera de la unidad de cuidados intensivos del Hospital de la Universidad, Eduardo Crespi abraza al paramédico que trajo a su esposa Bárbara Brockman a la sala de emergencia.

“He tenido que explicar a Nicole que quizás su mamá no regrese nunca más”, comenta con mucha tristeza Eduardo a una mujer rubia que ha traído a Bárbara un globo en forma de manzana. Es jueves y Eduardo ha contado la misma historia al menos cinco veces durante una hora.

Hace dos semanas, Bárbara se cayó cuando montaba su caballo, su cabeza dio contra el suelo. No tenía puesto el casco. El caballo la pateó detrás del oído y el cerebro se le inflamó severamente, por lo que tuvieron que operarla en forma inmediata. El accidente puso en estado de coma a una de las activistas más destacadas en la comunidad latina de Columbia.

Mucha gente en la comunidad trata ahora de que las cosas sigan caminando.

Bárbara y Eduardo, juntos, establecieron el Centro Latino de Salud, Educación y Cultura, en Parkade Plaza. A este lugar acude muchos latinos para aprender inglés y recibir información de los voluntarios que ahí trabajan.

“El Centro es un punto de reunión para los hispanos, a donde pueden venir y simplemente averiguar que pasa en la comunidad”, cuenta Melody Schiaffino, voluntaria que hace de coordinadora en el Centro, y que ahora está liderando la campaña para recolectar fondos.

En los útlimos dos años, Bárbara y Eduardo han financiado el Centro con su propio dinero, y se temió mucho por la desaparición del Centro luego del accidente.

Sin embargo, las muestras de apoyo a Bárbara y al Centro han sido extraordinarias. La gente ha venido a ofrecer rosarios, oraciones, dinero y otras formas de ayuda dentro de sus posibilidades. Por ejemplo, una profesora de enfermería de la universidad, Joanne Banks-Wallace, ofreció contar cuentos a Bárbara como una forma de terapia.

Eduardo. argentino de nacimiento, es enfermero bilingüe. A menudo, cuando los inmigrantes tienen temor de acudir a los hospitales, él les da consejos, manifiesta Melody Schiaffino, quien también es practicante en el Departamento de Salud de Columbia y del condado de Boone.

Además Eduardo es miembro de la directiva de la Alianza de Salud para Minorías.

La noche del jueves 27 de septiembre, en Twilight Festival (el Festival del Atardecer) que hay en el centro de la ciudad, el apoyo que mostró la comunidad fue similar al que recibió Eduardo en el hospital. Gente de todo oficio y condición se concentró en la mesa del Centro Latino —en donde se escuchaba una alegre salsa—, para dejar sus donaciones o inscribirse como voluntarios.

Matt Moreno, un estudiante de la universidad que trabaja como miembro interno en el Centro, casi le faltaba el aliento de tanto conversar con la gente. “Tenemos mucha esperanza ahora”, comentó optimista, apuntando a su lista de teléfonos. “En el verano, teníamos sólo tres nombres en esta lista, ahora tenemos 29, y los colaboradores siguen aumentando”. Luego de dos semanas de hacer contactos, hay ahora suficiente personal para mantener el Centro Latino abierto como de costumbre, de 9:30 a.m. a 6:30 p.m., todos los días. Moreno, Schiaffino y un grupo de voluntarios están dispuestos a mantener el Centro funcionando ahora que Eduardo está ausente.

“En cierto modo, el Centro dependía de Eduardo, pero queremos que él sepa que la comunidad quiere al Centro y que él no tiene que ser Súperman”, subrayó Moreno.

Más aún, la comunidad entiende lo importante que es el trabajo de esta pareja, que no se limita a las cuatro paredes del Centro Latino. “No creo que mucha gente entienda aún cuán importantes son estas dos personas para la comunidad”, afirma Schiaffino.

Debra Howenstine, colega de Bárbara en su trabajo en el Centro de Salud Familiar, donó dinero y luego se alejó de la mesa sollozando. El español de Barbara es fundamental para el Centro de Salud. “Barbara es una persona admirable. Era la única terapista bilingüe en el Centro de Salud Familiar. Ahora no tengo a nadie a quien enviar mis clientes hispanohablantes”.

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