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Centro
Latino, Mano Amiga
El
recientemente establecido Centro involucra
a la comunidad, ofreciendo diversos
servicios
por
Sara Nso
reportera
de Adelante
Hay
un rumor que, desde hace unos meses, bulle
en la comunidad hispana de nuestra
pequeña ciudad. Dos palabras corren
de boca en boca, llegando a cada uno de
los hogares de las familias hispanas en
Columbia: Centro Latino.
El
1 de abril de 2000, el Centro Latino
abrió sus modestas oficinas en el
Centro Parkade, erigiéndose como
una organización sin fines de lucro
y como centro comunitario para los latinos
del área de Columbia.
Pero
este proyecto de servicio a la comunidad
hispana es ahora más amplio que el
que su mismo fundador, Eduardo Crespi,
inició. Ahora están
participando desde enfermeras y maestros
hasta estudiantes en un esfuerzo
comunitario.
Las
cosas están pasando de la manera
que yo había pensado que iban a
pasar, dice Crespi, quien
está contento con la respuesta de
parte de volunta-rios estudiantiles y
profesionales. Lo único que
nos limita para ofrecer más
servicios es la falta de fondos. Si
tuviéramos más fondos,
podríamos hacer muchísimo
más.
Crespi
está mandando el mensaje a la
comunidad con la esperanza de que alguien
done una casa y así el Centro pueda
expandirse para cumplir con las demandas
del público latino. El Centro
está replicando el modelo de
Columbia en otras comunidades y
está ayudando a abrir una oficina
en Milan, con la Señora Valentina
Mensa, conocida líder comunitaria.
Hay aproximadamente 500 inmigrantes en
esta localidad que han llegado para
trabajar en la planta Premium Standard
Farms y ConAgra. Crespi también
está en comunicación con
gente de Marshall para abrir una oficina
allí.
Mientras
tanto, los voluntarios y clientes
aprovechan al máximo el poco
espacio que tienen. Jayne Nucete y Colleen
Noel son ejemplos de voluntarios de la
comunidad que aprovechan la oportunidad de
servir mediante el Centro Latino. Nucete y
Noel son estudiantes del departamento de
Servicio Social de la Universidad de
Missouri.
Mi
padre es de Venezuela, por eso yo hablo un
poco de español y me siento muy
atraída por la comunidad hispana,
con la que el Centro me permite
involucrarme, dice Nucete, quien
estará trabajando hasta diciembre,
cuando cumpla el número de horas de
prácticas que necesita para
graduarse. Otros voluntarios
continuarán su labor.
Otros
tres estudiantes de MU trabajan, a
través del Servicio de Aprendizaje
de Lenguas del Romance, así como
dos voluntarios de VISTA (Voluntarios al
Servicio de América) en el programa
universitario Un Camino con
Palabras.
Andrew
Zellers, graduado de periodismo,
enseña inglés y ofrece el
siguiente comentario: Todo aquel que
acaba de llegar a un país
extranjero necesita ayuda con asuntos tan
básicos como rellenar un
formulario, obtener licencias adecuadas,
encontrar trabajo e, incluso, matricular a
los niños en la escuela.
Está llegando tal cantidad de
población hispana aquí, que
algo como el Centro Latino, se
hacía necesario para la
comunidad.
Carrie
Coplan, graduado en español de la
Universidad de Illinois, junto con Zeller
es parte de los que sirven en el Centro
Latino.
Mi
mayor satisfacción como voluntaria
es ver a nuestros estudiantes ganando
confianza al hablar inglés,
dice Coplan. No puedo expresar la
emoción que siento, cuando me
agradecen la ayuda que les presto. Cada
vez me siento más cercana a la
comunidad latina en
Columbia.
También
hay hispanos de la comunidad que han
tomado la determinación de dedicar
parte de su tiempo para servir a sus
compatriotas. Ese es el caso de Isidoro
B., que organiza reuniones de
Alcohólicos Anónimos cada
domingo en el centro.
Hay
mucha gente que quiere dejar de beber o de
drogarse y no sabe cómo, y si a eso
le sumamos el hecho de encontrarse en un
país con una lengua extraña,
encontrar solución a su problema es
más difícil, dijo
Isidoro.. Nosotros estamos
dispuestos a ir a visitar a estas personas
en sus hogares o en el hospital y
también queremos prestar apoyo a
sus familias, porque la convivencia con un
alcohólico es otra enfermedad muy
grave.
El
Centro Latino también trabaja en
colaboración con el Departamento de
Salud Pública de Columbia y su
programa Puertas a la Salud. Sharon Lee
coordina este programa, en el cual se
visitan los hogares de mujeres latinas
embarazadas o que acaban de dar a luz,
para proveerles educación sobre la
salud.
El
embarazo es un estado en el que la mujer
se llena de motivación para
introducir cambios positivos en su
vida, dijo Lee. Nuestro
programa trata de ayudar a las mujeres
embarazadas a incorporarse a una sociedad
tan compleja como la nuestra y a
desenvolverse en el plano de la salud.
Además, seguimos el cuidado de la
mujer desde el embarazo, posparto y
crianza hasta que el bebé cumple
tres años de edad.
Visitan
los hogares, dijo Lee, porque les
ahorramos los inconvenientes de
movilización y observamos lo que
realmente ocurre en sus hogares.
Quizás están pasando hambre,
o carecen de electricidad o de agua
potable
Eso es algo que ni con una
hora de consulta puede
averiguarse.
El
lenguaje es una barrera que dificulta
terriblemente el acceso a la
atención de la salud
pública. Por eso Silvya Garza,
mexicana, trabaja codo a codo con Lee y
actúa como enlace para superar las
barreras idiomáticas.
Una
de mis mayores satisfacciones llegó
hace dos semanas, cuando una de las
mujeres embarazadas que atendemos dio a
luz a una niña, dijo Garza.
Ojalá que cualquier persona
que se encuentre en esa situación
se ponga en contacto con
nosotros.
El
Centro Latino está preparando un
programa de entrenamiento para usar
computadoras, el cual se pondrá al
servicio de la comunidad hispana. Crespi y
su creciente grupo de voluntarios
sueñan con más programas y
maneras de ayudar a las familias
inmigrantes a establecerse en sus nuevos
hogares.
Queremos
ayudar a los niños y muchachos que
tienen problemas en las escuelas,
dice Crespi. Es la única
parte de la población Latina que no
hemos podido alcanzar aún, pero ya
estamos organizando un programa para los
jóvenes.
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