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Noche de San Juan: fuego, mar y magia

por Sara Nso
reportera de Adelante

Con la entrada del verano, la estación más larga del año, se celebran en numerosas regiones españolas las fiestas en honor a San Juan.

Desde tiempos inmemorables, el solsticio de verano ha sido festejado por el pueblo como exaltación del vínculo del hombre con los períodos fundamentales de la vida y de la naturaleza.

Este culto ancestral dedicado al sol, al fuego y a la noche sería posteriormente retomado por el cristianismo, al establecer estratégicamente una relación entre el día más largo del calendario y el santoral.

Así, en el día que da paso al verano, rituales paganos se han venido mezclando con las celebraciones religiosas por San Juan Bautista.

Pero la protagonista de estos animados festejos es la noche, puesto que la madrugada del 23 al 24 de Junio es considerada, tanto por creyentes, como por paganos, la noche más mágica del año o noche de brujas.

La fiesta de San Juan, de gran tradición en el Mediterráneo, tuvo en la ciudad de Alicante un resurgimiento extraordinario a mediados del siglo pasado.

Alicante, enclavada en la costa levantina española, celebraba el solsticio del verano, ya con anterioridad a 1928, con la quema de montones de maderas y trastos viejos o inservibles, en hogueras encendidas en calles y plazas.

“Delante de los antiguos y enormes edificios, cocheras, cuadras, corrales y bodegas, se acumulaban los trastos más deteriorados que se pudieran encontrar en desvanes y corralizas, trozos de leña pasada, viejos cajones de embalaje, hierbajos secos y apolilladas cortinas y cubertores, todo, en fin, lo que sobraba por inútil y pudiera arder. La chiquillería aguardaba, aguardábamos, la noche de San Juan para prender fuego a tan abigarradas materias…,” dice Agatángelo Soler, periodista y gran conocedor de las noches sanjuaneras en Alicante.

La tradición de la quema de trastos se vio unida muy pronto a una manifestación de carácter artístico-lúdico: ‘les fogueres’ (que significa ‘las hogueras’ en la lengua valenciana) o gigantescos monumentos de cartón, que contienen una crítica socio-política y que se plantan en los barrios y plazas de la ciudad, para ser quemados al finalizar la fiesta, como el resto de las hogueras populares, a excepción de un indultado.

La hoguera ha sido y es diversión, esparcimiento, y distracción ligada al fuego; pero para los alicantinos es también parte de un ritual mágico, en el que se reduce el pasado a cenizas, para luego renacer a través del baño en las aguas marinas.

“Es vieja también la costumbre en algunas playas de bañarse a la hora exacta de la media noche porque, de este modo, en otro bautismo de atracción del mismo santo que lo instituyó, nos limpia del pecado como agua mágica de los males de la piel, herpes, verrugas y otras floraciones,” dice el escritor Juan Orts en su libro Viejas hogueras en la noche hechicera del Bautista.

Y, si bien esta tradición está muy ligada al cristianismo y a la figura de San Juan Bautista, también el fuego y el agua son elementos fundamentales en los rituales mágicos de todas las brujas que, llegadas desde varios puntos de la comunidad, se reúnen en las playas alicantinas para realizar sus conjuros.

Al encendido de hogueras, tracas y fuegos artificiales, la fiesta y algarabía popular se acompaña de toda una serie de ritos entre los que se encuentran tomar un baño en el mar, o saltar sobre las llamas de la hoguera, así como rituales propiciatorios de amor.

Aunque también la magia negra es invocada al rededor de algunas hogueras a altas horas de la madrugada, por lo que normalmente sólo brujos y algún que otro grupo de jóvenes embriagados se acercan a la orilla del mar durante la noche mágica.

De todos modos, e incluso sin poder acercarse a las aguas marinas, en muchas barriadas del interior de la ciudad no se dejaron de quemar hogueras con ramitas de olivo, hojas de laurel y romero, se encendieron velas blancas, y se pidieron deseos junto al fuego, antes de que amaneciera; porque la magia no es sólo cosa de brujas en la noche de San Juan.

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