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Instintos caninos
‘Amores Perros’

reseña por María del Mar Grandío
reportera de Adelante

“Con ‘Amores Perros’ quería hacer sentir al espectador el dolor, la confusión, la tristeza, la alegría, el naufragio y la esperanza de la vida misma. Quería un guión lo mas fieramente humano posible,” —Alejandro González Iñárritu, director de “Amores Perros”

“La Ciudad de México es un experimento antropológico y yo me siento parte de este experimento. ‘Amores Perros’ es fruto de la contradicción de la Ciudad de México, violenta pero a la vez bella.” —Guillermo Arraiga, guionista de “Amores Perros”

La vida es tan dura que, a veces, pude ser incluso animal. No en vano, un sentimiento tan profundo y humano como el amor, puede estar salpicado por una brutalidad y crueldad meramente instintiva. Amor es también traición, pecado, egoísmo, dolor o muerte. “Amores Perros,” ópera prima de Alejandro González Iñárritu, nos muestra la cara más canina del querer.

Nominada en la pasada edición de los Oscars como mejor película de habla no inglesa, “Amores Perros” no necesitaba alzarse con este galardón para conquistar a la crítica. Hasta la fecha ha ganado 27 premios. El secreto de su éxito se debe a que retrata a la perfección la vulnerabilidad del ser humano. Nos revela lo más perro de la vida con unos personajes que se olvidan de su naturaleza divina para redimirse en su propio dolor y desesperación.

González Iñárritu eligió la urbe perfecta para hacer desfilar a sus antihéroes y ponerlos en situaciones límites. Ciudad de México, la capital más poblada del mundo, puede ser también la más deshumanizada, donde lo animal y lo humano se une en una combinación con resultados irrevocables.

Un fatal accidente automovilístico hace que tres vidas choquen entre sí. Un triángulo amoroso entre hermanos, un hombre que lo deja todo por una hermosa modelo y un asesino a sueldo con un pasado que quiere desenterrar. Este choque es el epicentro de una espiral de caos. Ahí, sobre la chatarra humana, se sienta Alejandro González a observar a tres subespecies, acompañadas de sus respectivos perros, cuyo único nexo de unión es un extraño anhelo de muerte.

Lo mejor del guión es tal vez la primera historia en la que se narra la obsesión de un hombre, Octavio (Gael García Bernal), por conseguir a Susana (Vanesa Bauche), la mujer de su hermano. Estos personajes caen en lo más bajo, en los instintos animales, y sus destinos se abocan al fracaso y la desesperación. Octavio y Susana bajan hasta sus propios infiernos en una metáfora sobre la vida para encontrarse con ellos mismos. La segunda y tercera historia no tienen tanta fuerza, sobre todo porque sus personajes no están tan elaborados.

Para muchos críticos, lo peor del guión tal vez sea su estructura. Han desacreditado que fuera hijo de Tarantino. Sin embargo, se podría alegar que entrelazar unas historias con otras, dándoles un punto en común, es ya casi un género, o al menos una moda.

Es muy importante la metáfora de los perros como símbolo de lo instintivo, una tónica general en las tres historias. Cada personaje tiene un perro, y cada perro es un reflejo de la personalidad de cada dueño. En la primera historia Octavio tiene un perro de lucha, agresivo, violento; al que nadie puede parar cuando está enfurecido. En la segunda historia, la modelo tiene un perrito pequeño y delicado. Y en la tercera historia, aparecen los perros vagabundos, como el propio Chivo, errante y sin hogar. Es muy común oír que los perros se parecen a sus dueños. En esta película, son los dueños los que se parecen a sus perros ya que se rebajan a su mismo estatus animal.

Sin lugar a dudas, un guión original de Guillermo Arraiga, bajo la batuta de un novicio director, ha dado vida a una de las grandes películas del año. Es una película dura, sangrienta, violenta. Es como la vida misma; cruel y desgarradora, pero a la vez bella y esperanzadora. A estas almas descarriadas les queda un halo de esperanza que les empuja a seguir viviendo, a seguir andando hacia el horizonte. Aunque sea sin rumbo, al menos en línea recta y hacia adelante. Y es que el círculo del amor nunca se cierra: El dolor es también un camino a la esperanza.

“Amores Perros” llega el miércoles, 30 de mayo, al Ragtag Cinemacafé de Columbia y sigue por una semana. Para las horas visiten en el sitio Internet de Ragtag al www.ragtagfilm.com, o llamen al 443-4359.

©2001 Adelante