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Sonia López ofrece sus productos en un mercado del Club del Trueque en Quilmes, al sur de Buenos Aires. De esta manera, los argentinos enfrentan a la peor crisis de su historia. (Diego Giudice/AP)

El trueque de moda en Argentina
La forma más antigua de la economía rejuvenece en el país del tango

por Nicolás Maldonado
colaborador de Adelante

LA PLATA, Argentina — Como empleada administrativa Ana Maria Richi (42) podía hasta el año pasado mantener a sus dos hijos y pagar el alquiler de su pequeña casa en las afueras de La Plata. Pero el recorte de una parte de su sueldo —producto del ajuste estatal que se vive en Argentina— la obligó a buscar nuevas alternativas para subsistir en un país donde el índice de desempleo supera el 18 por ciento. Jaqueada por la crisis, ella decidió desempolvar su vieja máquina de coser. Desde entonces lleva sus productos al Club de Trueque de su barrio para intercambiarlos por alimentos y servicios. Al igual que dos millones y medio de argentinos, su familia subsiste en este momento gracias a la forma más antigua de la economía: el trueque.

Las redes de trueque no son ninguna novedad. Todos los argentinos conocen cómo funcionan y muchos participan desde hace tiempo en ellas. Lo que sí es nuevo es su inserción en la economía formal. Con los créditos del Club del Trueque hoy no sólo se compran alimentos, sino que es posible además pagar el alquiler, contratar los servicios de un abogado o un dentista, irse de vacaciones y hasta cubrir algunos impuestos.

Horacio Covas, docente y uno de los socios fundadores del Club del Trueque, asegura que están circulando 50 millones de créditos y que diariamente se incorporan unas 5 mil personas al sistema. Sólo en los últimos meses se abrieron 75 clubes en la Capital Federal, y ya hay 4,500 en todo el país. Su crecimiento ha sido tan vertiginoso que algunas proyecciones indican que a fin de año habrá 7 millones de argentinos participando en el sistema.

A partir del mes pasado, los gobiernos de algunas localidades de la provincia de Buenos Aires ofrecen a los vecinos la posibilidad de cancelar sus impuestos atrasados con tickets trueque. Los municipios utilizan luego esos créditos para promover planes sociales para los desocupados.

“No es un sistema perfecto, pero a nosotros nos salvo de la miseria”, dice Richi, al comentar que desde febrero último sobrelleva el 60 por ciento de la economía de su familia gracias al trueque.

Si bien desde la perspectiva de la teoría económica, la reaparición del trueque implica un retroceso hacia una forma de intercambio elemental, la realidad muestra que para miles de argentinos resulta la única alternativa para sobrevivir a la crisis con dignidad.

La caída de la producción, la baja del consumo y la recesión récord que castigan a la economía argentina desde hace casi cuatro años, alentaron además la aparición de otros mecanismos de sustitución del dinero real. A la par de los clubes de trueque, los gobiernos provinciales comenzaron a emitir distintos bonos para cubrir los baches en sus economías. Es así que hoy circulan en el país cerca de diez papeles, a los cuales se le ha sumado el año pasado la cuasi moneda lanzada por el gobierno nacional: el bono Lecop.

La magnitud de la crisis económica y los cuestionamientos al sistema político que se registran en la actualidad preanuncian que lejos de ser una experiencia pasajera, la modalidad impuesta por el trueque seguirá creciendo hasta límites que por ahora nadie se atreve a medir.

Nicolás Maldonado trabaja desde hace siete años en el diario El Día, de La Plata, y en DYN, una de las principales agencias de noticias de Argentina.

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