Mira a los ojos de cualquier indígena
mexicano y observarás un destello. Antonio Valenzuela lo
ha visto y lo ha sentido, y ahora lo vive a través de su
escritura y su apología del hemisferio occidental.
Como miembro fundador del Congreso Nacional de los Indígenas
ha dedicado su vida a la causa de estos campesinos y granjeros.
El Congreso sirve como foro abierto de debate para 36 tribus diferentes
y diversas organizaciones indígenas mexicanas.
Su última reunión congregó a 10,000 personas
para estudiar cómo los planes para un posible tratado: Área
de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que obligará
el desalojo de su tierra a cientos de campesinos indígenas.
Muchos más habrían acudido a la cita, pero carecían
del dinero necesario.
Como representante de Indígenas Sin Fronteras en Sonora,
Valenzuela es el delegado de aquellas personas que no pueden salir
de sus tierras para luchar por sus derechos en el ámbito
internacional. Sin Fronteras reúne cerca de 300 aldeas de
ocho estados mexicanos manteniéndolas en contacto para el
tratamiento de los temas de derechos indígenas.
Como escritor y defensor de los indígenas en su país,
Valenzuela esgrime dos peticiones fundamentales: reconocimiento
de los indígenas en la Constitución Mexicana y leyes
que preserven sus tierras comunales. “Su tierra significa todo para
ellos”, apuntó éste. “Es inviable que puedan sobrevivir
por su cuenta fuera de su tierra”.
Valenzuela considera que su orgullo proviene de la certeza de que
su tierra mantendrá a sus hijos en las generaciones venideras.
La idea de progreso y desarrollo no es la misma, agregó.
Ya hoy, los campesinos propietarios, que no pueden competir en el
mercado por los precios de sus productos se ven obligados a vender
sus tierras. Muchos trabajan en empresas extranjeras, enajenados
y terminan por olvidar su modo de vida original.
“Luchamos por sobrevivir”, dijo Valenzuela.
A pesar de que Valenzuela nació en el territorio indígena
Yaquí de Sonora, México, ha vivido en los Estados
Unidos casi toda su vida. Como escritor comenzó escribiendo
sobre los nativos estadounidense de Arizona, incluyendo acciones
del Movimiento Indígena Estadounidense. Algunos de sus artículos
han sido publicados en otros países latinoamericanos y en
el Washington Post.
Después de escribir una historia sobre las penurias de un
niño de 10 años en el México de los noventa,
Valenzuela comentó que estaba “profundamente emocionado”
por la lucha indígena y sintió la llamada de México.
Sirvió como observador del movimiento zapatista en 1995.
“Escribir es mi pasión –tanto como lo es la lucha por los
derechos de mi gente”, explicó Valenzuela. “Algunos me dicen,
‘Eres un cumplidor’. Yo digo que soy un escritor. Ahora soy ambas
cosas”.