NEOFASCISMO
PETROLERO:
PROPAGANDA BAÑADA EN ORO NEGRO
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(AP
Photo/Cesar Rangel)
Marcha de protesta en Brcelona España duranteuna
manifestación en contradel posible ataque de USA contra
Irak el Domingo 27 de Octubre de 2002. Los carteles rezan en
catalán:"Bush, Blair, Aznar: ¿Quién
apretará el gatillo? y "Paremos la guerra en Irak".
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"¿Acaso no hay un
hombre o una mujer, inclusive un niño, que no sepa que la
semilla de la guerra en el mundo moderno es la rivalidad industrial
y comercial?"
Woodrow Wilson, presidente de
los Estados Unidos,
5 de septiembre de 1919.
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| Rene Cisneros |
Somos hoy testigos de un neofacismo que se
presenta sutilmente inadvertido, pero que en los hechos es burdamente
obvio. Es por esto que no resultan tan descabelladas las analogías
que consideran a Bush más desequilibrado que Hitler, a Tony
Blair más ridículo que Mussolini y a Ariel Sharon
tan asesino como Franco, sólo que con el agravante de que
el israelí cuenta con armas nucleares.
Es así que tal como el incendio del
Reichstag en 1933 sirvió de coartada y pretexto a los nazis
para emprender una despiadada campaña de persecuciones contra
comunistas, socialistas, liberales y judíos (siendo esta
escalada represiva la que serviría de sustento para dar forma
a un régimen represivo y totalitario, mismo que en nombre
de “la supremacía aria” buscaría someter al Mundo),
del mismo modo los atentados del 11 de septiembre (amenaza de la
cual los servicios de inteligencia estadounidense tenían
información desde 1998, y que sin embargo el gobierno de
Bush desatendió sospechosamente desde el comienzo de su mandato,
reduciendo el presupuesto para los programas de seguridad, con el
consecuente relajamiento de las medidas preventivas que esto implica)
están siendo usados como pretexto y coartada por los “chickenhawks”
de la Casa Blanca para sus lances imperialistas en nombre de “la
civilización”.
En su momento, los nazis estuvieron interesados
en la propaganda y no en la verdad, tal como lo reconoció
una de las principales figuras nazis, Hermann Höering, durante
el juicio de Nuremberg en 1945: “...todo lo que se requiere es decirle
al pueblo que está siendo atacado y denunciar a los pacifistas
por carecer de patriotismo y por exponer al país al peligro”.
Esta fue de hecho una de las principales líneas argumentales
utilizadas por Bush hace un año para convencer a la opinión
pública de la necesidad de emprender la campaña militar
en Afganistán, y a la que está recurriendo nuevamente
en busca de atraerse la legitimidad indispensable para atacar Irak,
mientras que se acusa de traidor a cualquier disidente, aun cuando
éstos posean los fundamentos suficientes para cuestionar
los irracionales arranques belicistas de Washington, tal como es
el caso de Scott Ritter, el ex inspector de desarme de la ONU que
ha declarado abiertamente que no existe ninguna prueba sobre la
existencia de armas de destrucción masiva en suelo iraquí.
Sin embargo, este tipo de campañas
contra los pacifistas y disidentes no son nuevas en los Estados
Unidos, baste recordar al senador republicano Joseph McCarthy calificando
a Albert Einstein y a Robert C. Oppenheimer como “judíos
traidores”, sólo por el hecho de oponerse al desarrollo de
bombas de destrucción masiva, o posteriormente encabezando
una cacería de brujas contra importantes personajes de Hollywood
que se atrevían a mantener una actitud crítica de
la realidad. Y es al estilo McCarthy como un grupo de académicos
israelíes y estadounidenses organizan una campaña
contra los profesores y estudiantes que han osado pronunciarse contra
las violaciones israelíes de los derechos humanos, campaña
mediante la cual se induce a delatar a cualquier “pro palestino”,
con lo cual se intimida arbitrariamente la libertad de expresión.
Pero la histeria, paranoia y racismo neofascista
estadounidense no llega hasta ahí, sino que al igual que
la Alemania posterior al incendió del Reichstag, los Estados
Unidos han suspendido diversas garantías y libertades constitucionales
en su propio suelo, emprendiendo una persecución silenciosa
contra los inmigrantes, sobre todo los de origen islámico,
además de prohibir el ingreso a casi todo visitante árabe,
incluso a personajes reconocidos como el director de cine iraní
Abbas Kiarostami, quien se disponía a asistir en estos días
al Festival de Cine de New York.
De cualquier modo, el verdadero objetivo
de la guerra contra Irak es ya escandalosamente obvio para el mundo
entero: el control absoluto de la principal zona petrolera del planeta,
por lo que Bush y sus cómplices no han dudado ni un momento
en fabricar cuanta patraña les viene a la cabeza, sin importar
lo absurdas que éstas parezcan. Ya sólo falta que
los medios comiencen hacer más eficiente su servicio al imperio,
tal como lo hicieron con Afganistán, mediante reportajes
e informes que tergiversan la ya de por sí penosa situación
de aquellos pueblos amenazados por los inhumanos “daños colaterales”
de los supuestos misiles inteligentes. ¿Cuánto tardará
para que se desborden los medios occidentales con reportajes delirantes
sobre la opresión bajo la que viven las mujeres iraquíes
(que en verdad no se puede negar, pero que tampoco puede ser utilizado
como argumento para bombardear y arrasar militarmente a un país)?
Mientras tanto, mujeres como Amina Lawal, condenada por el gobierno
nigeriano a morir lapidada por haber quedado embarazada después
de separarse de su marido, esperan a que los medios occidentales
den una cobertura amplia y digna a las injusticias de que son presas,
injusticias que sin embargo pasan desapercibidas como para emprender
una cruzada internacional contra los gobiernos que las cometen.
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