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Plan Puebla Panama y Chiapas
por Lucy Grinnell
publicado con permiso de Z Magazine,
www.zmag.org
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Dos mujeres
indígenas observan junto a un cartel que reza "PPP
(Plan Puebla Panamá) = Plan para los poderosos. CONSTRUYAMOS
UN PLAN PARA LOS PUEBLOS" durante un día de protestas
de agricultures e indígenas de la frontera entre Guatemala
y Mexico en Colotenango, 280 kilómetros al norte de Ciudad
de Guatemala, contra los planes de globalización el sábado
12 de Octubre de 2002.
(AP Photo/Jaime Puebla) |
"Me opongo al terrorismo, pero
tenemos que ver quién lo generó. Es necesario tener
en mente Vietnam, Chile, Panamá, Nicaragua, El Salvador y
Guatemala cuando pensamos sobre el terrorismo", dice un miembro
de Centro de Investigaciones Económicas y Políticas
de Acción Comunitaria (CIEPAC), con base en San Cristóbal
de Las Casas, en Chiapas, México. Conforme George Bush y
el gobierno de EE.UU. escalan su guerra contra el terrorismo, el
mundo se polariza cada vez más entre "buenos" y
"malos". Durante la Guerra Fría, toda persona o
grupo que no estaba de acuerdo con la política exterior de
EE.UU. era inmediatamente etiquetado como comunista. Hoy la terminología
ha cambiado, y todo aquel que se oponga a las intenciones del gobierno
de EE.UU., que rechace al capitalismo y al imperialismo, es un "terrorista"
y debe temer por su vida. Si usted es considerado "terrorista"
por el gobierno de EE.UU., ninguna ley de derechos humanos le protegerá.
El nuevo orden mundial posterior
al 11 de septiembre amenaza a aquellos que luchan en pro de los
derechos humanos en todo el mundo y fortalece el poderío
del gobierno de EE.UU. y sus aliados. Las ahora famosas palabras
de Bush resuenan claramente por todo el mundo: "O están
con nosotros o están en contra nuestra". El presidente
de México, Vicente Fox, es considerado por el gobierno de
EE.UU. una de las gentes "buenas" y claramente está
"con" ese país y su lucha contra el terrorismo.
A partir del 11 de septiembre,
la lucha centenaria de los gobiernos de EE.UU. por controlar este
continente se ha visto reforzada, mientras los pueblos de todo el
mundo viven bajo el temor de la fuerza de ese país. "Plan
Puebla-Panamá" (PPP) es el nombre del plan propuesto
que busca pacificar y "desarrollar" la región más
empobrecida y volátil del hemisferio occidental. El PPP crearía
para Estados Unidos un bloque comercial que rivalizaría mejor
al de la Unión Europea.
El Plan Puebla-Panamá se extiende desde el estado de Puebla,
en México, hasta el Canal de Panamá. Afectará
a los nueve estados sureños de México, incluyendo
Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Yucatán,
Campeche y Quintana Roo. Para los efectos de este artículo,
me concentraré en la manera en que el PPP afectará
al estado de Chiapas.
El PPP está sólidamente respaldado por George Bush,
Vicente Fox y por el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco
Mundial y el Banco de Desarrollo Centroamericano, entre otros. Según
el gobierno de México, el PPP traerá un desarrollo
sostenible a la región más subdesarrollada del hemisferio.
Dicho desarrollo vendrá con la creación de infraestructura,
incluyendo carreteras, trenes, puertos y presas hidroeléctricas
en toda la región. Se planean setenta y dos maquiladoras
para proveer empleos para aquellos que busquen refugio en las ciudades
al verse desplazados de sus tierras o cuando por razones económicas
no puedan ya conservar dichas tierras. El Plan ya comenzó
a implementarse. En su página oficial en el Internet, el
Banco Interamericano de Desarrollo dice: "la meta del PPP es
aprovechar las riquezas humana y ecológica de la región
mesoamericana dentro de un marco de desarrollo sostenible y de respeto
hacia su diversidad étnica y cultural".
A pesar de las declaraciones oficiales del gobierno mexicano y del
Banco Interamericano de Desarrollo acerca de que el PPP va a traer
a la región un desarrollo sostenible, los pueblos de toda
la zona se oponen de manera vehemente a su implementación.
Para poder entender el porqué y cómo se va implementando
este plan debemos volvernos a la situación actual en Chiapas.
Las preguntas que deben hacerse son: "¿quién
se beneficiará de estos planes?, y ¿qué sucederá
con los pueblos que durante siglos han vivido en estas zonas?"
Una tercera parte de la población de Chiapas son indígenas
de la zona. La mayor parte de las poblaciones indígena y
afrocaribeña del continente vive en la región mesoamericana.
Chiapas es, asimismo, el hogar de los zapatistas, un movimiento
popular que surgió en 1994 en oposición al TLC, el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y para luchar
por los derechos de los indígenas de México. A partir
de 1994 los indígenas de Chiapas han vivido en un estado
de ocupación militar, y se estima que han sufrido miles de
muertos a manos de los militares mexicanos. Enlace Civil, una ONG
de Chiapas, confirma que en este momento existen doscientas cincuenta
bases militares reportadas en el estado de Chiapas. El gobierno
mexicano ha acusado numerosas veces a los zapatistas de participar
en actividades terroristas.
Aunque el ejército mexicano sigue patrullando las aldeas
indígenas en toda la región, Fox insiste que ya no
hay guerra en Chiapas. En junio pasado, durante un viaje a El Salvador
para aprobar el PPP Fox fue citado en la prensa nicaragüense
diciendo que, "Chiapas está en un estado de santa paz.
El Plan Puebla-Panamá es un millón de veces más
importante que el zapatismo o que cualquier comunidad indígena
en Chiapas". Esta declaración, que volvió a publicarse
posteriormente en la prensa mexicana, puso en claro las intenciones
de Fox para con el pueblo de Chiapas. El interés del PPP
no es la gente; su interés es el lucro. Es también
un esfuerzo por parte del régimen de Fox para suprimir el
movimiento zapatista.
A fines de abril, los zapatistas cumplieron un año en silencio.
Este se inició la primavera pasada, después de la
aprobación en el Congreso de México de la Ley de Derechos
Indígenas. La ley no da a los indígenas la autonomía
ni el control de los recursos naturales por los cuales han estado
luchando y que les fue prometido en los acuerdos de San Andrés,
firmados por el gobierno mexicano en 1996. Sin embargo, aun cuando
los zapatistas permanecen en un estado de silencio oficial, muchas
comunidades en la región han declarado no estar dispuestas
a ser desplazadas de sus tierras como resultado del PPP. Por lo
contrario, han expresado su intención de luchar por el derecho
a sus tierras y la preservación de sus culturas.
Las comunidades zapatistas rechazan toda asistencia gubernamental
y funcionan autónoma y colectivamente. Muchas comunidades
indígenas en todo el estado y en el país, tanto afiliadas
como no afiliadas a los zapatistas, trabajan la tierra y ejercen
su propiedad sobre la misma de manera colectiva, como lo permite
el sistema ejidal mexicano. Empero, el PPP amenaza con privatizar
la tierra y desalojar a muchas comunidades para poder construir
obras de infraestructura.
El CEIPAC resume en cinco puntos el PPP: la construcción
de obras de infraestructura, maquiladoras, migración, militarización
y destrucción de la biodiversidad. Uno de los principales
propósitos del PPP es la creación de carreteras en
toda la región. En las zonas de conflicto en Chiapas, las
carreteras harán más eficaz la ocupación militar
y proveerán un mejor acceso para la extracción de
los recursos naturales de la región, esto es, petróleo.
Será más fácil para foráneos entrar
y extraer los recursos naturales, que a su vez beneficiarán
al gobierno mexicano y a las corporaciones que controlan su venta.
La construcción de presas resultaría, en muchas zonas,
en la inundación de la selva y de ruinas arqueológicas,
destruyendo de hecho los hogares y el sustento de la población.
El PPP propone la idea de que las personas que resulten desplazadas
pueden emigrar a las ciudades y trabajar en las maquiladoras. Cuando
estuve en Chiapas, tuve la oportunidad de visitar y hablar con el
gerente de una nueva maquiladora que acababa de inaugurarse en San
Cristóbal de las Casas. La fábrica busca emplear a
1,000 personas de la localidad, de preferencia mujeres, para fabricar
suéteres para exportación a EE.UU. Tiene contratos
con Express, The Limited, Liz Claiborne, entre otras compañías.
Los trabajadores recibirán el salario mínimo de treinta
y ocho pesos diarios, equivalentes aproximadamente a US$ 3.60. En
una entrevista con el gerente de la fábrica, este admitió
que un sueldo suficiente para poder vivir sería cuando menos
el triple de esa cantidad. Dice que durante años el gobierno
ha venido prometiendo un aumento al salario mínimo, pero
que no se ha realizad. . Sin embargo, nos dice, si se aumentara
el sueldo, las compañías se irían a donde haya
una mano de obra más barata, como en China. Uno de los incentivos
del PPP es alentar a las compañías a establecer sus
operaciones en el sur de México, porque el norte del país
ya se ha encarecido demasiado en comparación con otros países
en Asia. El sur de México ofrece el prospecto de una fuerza
laboral más barata.
En lo que respecta a las cuestiones de migración, en la actualidad
Fox está intentando negociar con George Bush un plan para
regularizar a los trabajadores mexicanos que ya están en
EE.UU. La idea es que una vez que estos trabajadores estén
regularizados, otros mexicanos podrían entrar a EE.UU. y
Canadá como trabajadores invitados, creando de hecho un nuevo
programa similar al de los braceros que se implementó después
de la Segunda Guerra Mundial. Los trabajadores invitados no estarían
protegidos por las leyes laborales de EE.UU.
Pasando al cuarto punto: la migración de América Central
a México sería controlada a lo largo de la frontera
de México con Guatemala. Esta frontera se militarizaría
fuertemente para controlar la migración indeseada. Ya que
esta frontera es mucho más corta que la frontera entre EE.UU.
y México, podría patrullarse con mayor facilidad.
Ya se han despachado a esta zona 12,000 soldados de EE.UU.
El quinto punto tiene que ver con el biopirateo y la destrucción
de la biodiversidad de esta zona, que ya he mencionado. Los recursos
naturales serán privatizados y las corporaciones transnacionales
tendrán libertad de acceso para extraer y explotar lo que
deseen. El desarrollo de la biotecnología altera la tierra
y falta al respeto a quienes ahí viven y la han cultivado
durante siglos. Las compañías se enriquecen de la
tierra mientras que los campesinos son desplazados de ella, y esta
resulta saturada con substancias químicas y cesa de ser cultivable.
Según el CIEPAC, están planificadas 6,000 hectáreas
de palma africana y 48,000 hectáreas de plantaciones de coco.
El cuidado de estas plantas es químicamente intensivo al
extremo y resultaría en la destrucción de la tierra
fértil. Estas plantas se cultivarían en la región
para su exportación y beneficiarían muy poco a las
comunidades en las cuales se cultivan.
Una coalición de organizaciones no gubernamentales, que se
reunieron en San Cristóbal en junio de 2001, declaran en
su informe en Pro de la Diversidad Cultural y Biológica,
"El PPP entrega la independencia y la autonomía del
país, es un proyecto de muerte que significa la esclavización
a las corporaciones transnacionales, una segunda colonización
y el robo de nuestros recursos naturales". Es claro que el
PPP es un proyecto que resultará en la devastación
de los pueblos y utilidades para quienes ya son ricos".
En Chiapas, el pueblo se organiza en contra del PPP. El CIEPAC organiza
talleres populares en comunidades por todo el estado, informando
a la gente de los planes para el PPP y la planificación de
proyectos alternativos, que "sustentarán vida"
en lugar de crear destrucción.
Mientras que mexicanos y centroamericanos organizan una resistencia
al PPP, la mayoría de los estadounidenses permanecen en la
ignorancia, inconscientes del hecho de que los planes ya están
establecidos. Aquí, en EE.UU., estamos en la panza de la
bestia. Mientras el gobierno de EE.UU. congrega a la gente al grito
de guerra y vivimos en un momento de nacionalismo extremado, necesitamos
explicar a la gente que lo que sucedió el 11 de septiembre
fue resultado de la política exterior de EE.UU. Como recientemente
me lo expresó un organizador chiapaneco, nosotros en EE.UU.
necesitamos volver a crear una memoria histórica. Si examinamos
la historia reciente, es fácil entender el resentimiento
y el odio al gobierno de EE.UU. por parte de los pueblos del mundo
y por algunos de sus propios residentes. Debemos desafiar a las
personas a que se pregunten a sí mismas, ¿cómo
es que un país se convierte en una superpotencia? ¿Qué
tipo de desarrollo es el que promovemos en todo el mundo? ¿Cuál
es el papel de los militares de EE.UU. en otros países? Realmente
¿hasta dónde puede llevarnos el poder y la codicia
antes de que ya no exista espacio que avasallar y controlar? ¿Cómo
podemos volver a empezar y construir un mundo basado en valores
de respeto y comunidad? Debemos ofrecer a las personas otras perspectivas
que las que ven en las noticias vespertinas de la NBC y leen en
el New York Times. Necesitamos hacer estas preguntas a nuestros
amigos, vecinos y miembros de la familia, y crear un diálogo
de resistencia que ojalá pudiera eventualmente convertirse
en un movimiento.
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