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| Sara
Fajardo/Adelante |
Chipotle sin Candela
por
Suan Pineda and Mariana De Maio
Redactora y Editora asistente de
Adelante respectivamente
traducido por Jessie Alane Turner
y Sara Andrea Fajardo
El nombre nos sugería
que se trataba de un restaurante mexicano. Más de un par
de bocas chismoseaban sobre la inminente construcción que
se titulaba “burrification”. Finalmente, entre cuchicheo y chismorreo,
el chispazo de Chipotle enchiló Columbia el 9 de septiembre.
Pero detrás de todo el misterio y anticipación, sólo
chispeaba una duda en nuestro estómago: ¿será
auténtica comida mexicana?
La respuesta es sí
y no. Sí, para aquellos cuya definición de comida
mexicana se limita a tacos, fajitas y burritos; y no, para aquellos
cuyas exigencias culinarias tienen un horizonte más ancho.
Pero, entre el sí y el no, hay un común acuerdo: llena
el estómago satisfactoriamente sin afectar mucho el bolsillo
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| Sara
Fajardo/Adelante
Chipotle derives its name from
the infamous chile found in the hottest of the four salsas
offered to its customers. |
El fenómeno de la
novedad no se ha hecho esperar. Cada día, Chipotle recibe
un promedio de 400 comensales curiosos y ansiosos de chequear este
restaurante reconocido como el mejor de comida rápida en
los Estados Unidos por Reader’s Choice en mayo de 2000.
Lo que muchos no saben es que Chipotle está achicharrado
en la industria de los restaurantes de comida chatarra por ser una
cadena asociada a McDonald’s.
Rápidamente se hacen las largas filas, e igual de rápido
se atiende a la gente que visita el lugar. La preparación
de los tacos, burritos y fajitas está a la vista del comensal
y los productos son nítidamente dispuestos en grandes porciones.
Pero la elaboración de estos alimentos más que arte
es una operación matemática, cuyo resultado no sorprende
y le quita la chispa de una comida preparada con cariño.
Los cocineros, de diferentes culturas culinarias, preparan la pitanza
cada uno a su estilo. El resultado: un guacamole de sabor inconsistente.
“Todo tiene una medida”, afirmó un mexicano. La comida mexicana
no es tan rígida con las medidas, agregó.
Pero en medio de todo, hay algo que distingue a Chipotle del resto
de los restaurantes de comida rápida, y es el uso de carne
de cerdo criollo. Chipotle le compra el cerdo a las familias granjeras
del estado de Iowa, donde crían a los chanchos en corrales
abiertos y los alimentan con pastos nutritivos y granos enteros,
prescindiendo de las hormonas de crecimiento.
El ambiente que proporciona Chipotle se incorpora a la ecuación
culinaria para producir un resultado satisfactorio.
Los adornos son motivos mayas fusionados con un toque moderno que
inyecta un ambiente estéril, y el diseño chic de los
muebles termina de enchufar la corriente moderna que chasconea a
este espacio donde se diluyen dos culturas.
Sin rancheras ni mariachis, Chipotle ofrece una música preseleccionada,
enlatada y envida desde las oficinas centrales de la cadena. El
resultado es una combinación variada que contiene desde bluegrass
hasta salsa.
“La música está al volumen justo para conversar”,
observa Nathan Reeves, gerente de Chipotle.
La atención no le quita puntos a la fórmula de Chipotle.
Aunque se atiende en un centelleo, el tiempo no es límite
para un buen servicio. A medida que despachan las órdenes,
los empleados siempre acompañan con una sonrisa su servicio.
Al fin, sin chispa ni chiles, con la ilusión chapoteada y
el paladar chamuscado, nos fuimos charlando y chiflando, con el
estómago lleno pero con el espíritu hambriento.
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