La Marcha de la Libertad de los Trabajadores
Inmigrantes Irrumpe
en Washington D.C. y en New York
Por Annie Nelson Reportera de Adelante Traducido por Irene Benito
El grito de “¡Sí se puede!,
¡Sí se puede!” sonaba por doquier y en más
de veintiséis idiomas en el viejo sitio de la Feria Mundial,
ubicado en Flushing, Queens, New York. Casi 100.000 personas
se congregaron en el Flushing Meadows Park el 4 de octubre para
pedir por los derechos civiles de los inmigrantes, sosteniendo
banderas multicolores entre una multitud compuesta por una inmensa
variedad de razas.
El encuentro público fue el evento culminante de la Marcha
de la Libertad de los Trabajadores Inmigrantes (IWFR, por sus
siglas en inglés), que había comenzado con una
protesta móvil dos semanas antes. Los manifestantes se
expresaron en favor de la necesidad inmediata de reforma de
las leyes de inmigración.
La IWFR identifica cuatro áreas importantes de reforma.
Pide una legislación más clara en materia de legalización,
protección de los derechos de los trabajadores —sin
considerar el status de residencia—, reconocimiento del
derecho a unir a la familia y el establecimiento de la garantía
de derechos civiles y libertades para todas las personas que
vivan en los Estados Unidos.
La marcha, de la que participaron más de 900 inmigrantes
indocumentados, ciudadanos y residentes de los Estados Unidos
fue un evento que atravesó todo el país.
La IWFR fue una réplica de la Marcha por la Libertad
que se realizó en marzo de 1963, en Washington D.C.,
y en la que participó Martin Luther King jr. con su histórico
discurso titulado “Tengo un sueño”.
Dieciocho autobuses de la IWFR de nueve ciudades estadounidenses
viajaron con destino a Washington D.C., el 2 de octubre de 2003,
para solicitar a los miembros del Congreso el reconocimiento
oficial de su “Pueblo Escondido”, formado por indocumentados
que viven y trabajan en los Estados Unidos.
Pidieron a senadores y diputados que apoyaran leyes que contemplan
los derechos civiles para inmigrantes indocumentados.
En su intento por despertar conciencia, los autobuses hicieron
93 paradas en su camino a Washington D.C. Luego se dirigieron
hacia el norte y se encontraron como grupo, unido por primera
vez, en la ciudad de New York. La multitud que formaban les
hizo tomar conciencia de cuanta gente los apoyaba. Esto significó
un sentimiento indescriptible para personas como Alfonso Ríos,
de 25 años, habitante de Joliet, Illinois. Alfonso se
quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos, en el
medio de la reunión masiva y dijo: “Acabo de darme
cuenta que no sabía cuántos de ellos eran hasta
ahora. Es sorprendente ver a toda esta gente aquí”.
John Sweeney, presidente de la Federación Estadounidense
de Sindicatos (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), acompañó
al congresista John D. Lewis, un auténtico manifestante
de la Marcha de la Libertad, de los años 60. Ambos se
unieron a la multitud. Algunos participantes fueron seleccionados
para hablar de sus experiencias personales como inmigrantes
y para dar testimonio sobre lo vivido durante la Marcha.
Hubo cinco representantes de Missouri, entre los que estaban
Eduardo Crespi del Centro Latino en Columbia y María
Lucrecia, de Manos Unidas de St. Louis.
Angelina Domínguez, de Oveland, Missouri, se unió
a la Marcha en San Francisco para dar testimonio de la muerte
de su hijo, Esteban Silva, quien falleció en junio, en
Montgomery, Missouri, mientras estaba bajo la custodia de oficiales
de inmigración.Ver
historia en edición de octubre
La Sra. Domínguez piensa que los
derechos humanos de su hijo fueron violados debido a su condición
de inmigrante, y que murió por negligencia de quienes
lo custodiaban.Ver
historia en edición de octubre
La idea de la Marcha de la Libertad tiene
origen en la Convención de julio de 2001, cuando el presidente
estadounidense George Bush y su par de México, Vicente
Fox, se reunieron con el Sindicato de Empleados de Hoteles y
Restaurantes para discutir el proyecto de legalización
de los inmigrantes. Entonces, la reforma parecía prometedora.
Luego llegó el 11 de septiembre de 2002 y la actitud
respecto de los inmigrantes cambió drásticamente.
Pero los planes para la IWFR continuaron y los organizadores
–como el vocero David Koff– lograron llevar nuevamente
los asuntos de inmigración a la agenda nacional, aún
dentro de un clima político poco amistoso.
Los organizadores esperan que el evento de un impulso a proyectos
de ley que incluyan las cuestiones de inmigración, como
los que recientemente fueron introducidos en la Cámara
de Diputados y en el Senado. Por ejemplo, Ley para el Desarrollo,
Asistencia y Educación para los Menores de Edad Extranjeros
(DREAM Act, por sus siglas en inglés), que se encuentra
dentro de ambos cuerpos por iniciativa del Senador Dick Durbin,
demócrata de Illinois y del diputado Luis Gutiérrez,
demócrata de Illinois, contempla, entre otras cosas,
el derecho a obtener la residencia legal permanente a los estudiantes
indocumentados que residan en los Estados Unidos y hayan concluido
la escuela secundaria. Ese proyecto concedería a los
residentes legales el derecho a la enseñanza en universidades.
.
Una participante de la Marcha, Fanny Diego, de 17 años,
es una de las tantas estudiantes de la escuela secundaria o
preparatoria que dependen de la aprobación del DREAM
Act para ingresar a la universidad. A Diego se le ha negado
la residencia legal durante toda su vida aún cuando su
padre es ciudadano estadounidense y su madre tiene el estatus
de residente. Fanny Diego no podrá asistir a clases universitarias
hasta tanto no obtenga su propia residencia.
Diego se mudó a los Estados Unidos cuando tenía
5 años. La joven siente que no debería ser penalizada
ya que no tuvo participación en la decisión de
emigrar. “Ellos no toman conciencia del efecto que causan
en la vida de los estudiantes”, dice Fanny Diego.
El proyecto de ley de los Trabajadores de la Agricultura fue
diseñado para remplazar otras leyes para extranjeros,
las que, de acuerdo al Sr. Koff, no protegían los derechos
de los trabajadores. “Esta es la propuesta más
favorable para los derechos del inmigrante de cuantas se han
intentado hasta ahora”, dice Koff.
En el pasado, los programas para trabajadores extranjeros fallaron
en proteger sus derechos o en concederles estatus legal, tal
como sucedió con el programa Bracero, en los años
40 y 50.
El programa Bracero se estableció para estimular la inmigración
de campesinos mexicanos a los Estados Unidos con el objeto de
llenar el vacío creado por el enrolamiento de varones
estadounidenses en el ejército, durante la Segunda Guerra
Mundial.
La ley de los Trabajadores de la Agricultura protegería
los derechos de trabajadores inmigrantes mediante su aplicación
a empleados indocumentados, concediéndoles la opción
de adquirir estatus legal.
Pablo Padillo, de 24 años de edad, recibió su
residencia legal gracias a su abuelo quien trabajó como
bracero en esa época, pero siente que la legalización
es mucho más difícil ahora. Su familia, como muchas
otras durante la Segunda Guerra Mundial, acostumbraba ir y venir
a través de la frontera, porque eso era lo corriente.
“En ese entonces era más sencillo regresar que
obtener la documentación”, explica Padillo.
La ley de Unidad Familiar, también introducida por el
diputado Gutiérrez, permitiría a los ciudadanos
legales y residentes solicitar la residencia para los miembros
de su familia.
Mariana Lesama, de Milwaukee, Wisconsin, integró la Marcha
de la Libertad porque su esposo fue deportado en el año
2000. Ella es ciudadana estadounidense y vive en Milwaukee con
sus dos hijos. Lesama siente que toda ley que divide a una familia
es anti-estadounidense. “Esto es injusto e inaceptable
en un país donde la familia es la prioridad número
uno”, dice.
Los manifestantes fueron seleccionados por estar involucrados
en organizaciones de inmigrantes que ya estaban trabajando por
sus derechos civiles.
De acuerdo con Koff, 27 grupos diferentes, incluyendo sindicatos
como HERE, AFL-CIO y agrupaciones activistas como el Concejo
Nacional de La Raza, promovieron la Marcha.
Los participantes no escaparon a las reacciones negativas: manifestantes
de la oposición se concentraron en grupos para gritar
cánticos en contra de los inmigrantes y para exhibir
carteles con mensajes como “Vuélvete a México”.
En un punto de control oficial, al este de El Paso, Texas, dos
autobuses fueron detenidos por la patrulla de la frontera, que
había sido advertida sobre la posibilidad de que los
vehículos transportaran inmigrantes ilegales.
La IWFR había previsto la entrega de tarjetas para advertir
a los manifestantes legales acerca de sus derechos. Koff cuenta
que éstos exhibieron las tarjetas y cantaron canciones
alusivas al movimiento por los derechos civiles de los años
‘60 y de esa forma “se comprometieron en un acto
de resistencia no violenta”.
Ningún manifestante fue detenido y los autobuses continuaron
su camino, rumbo a San Antonio.
No hubo contraprotesta visible para la reunión de 100.000
personas en Queens, un hecho que Koff explica por la extensa
fuerza de seguridad presente, aunque además piensa que
“la fuerza –en la calle– de los grupos supremacistas,
no es tan grande. Ellos tienen importancia individual pero no
son capaces de movilizarse cuando hay cientos de miles de personas
manifestándose”.
Beti Guevara, asistente del pastor de Pueblo Sin Fronteras (grupo
activista de Chicago), piensa que el próximo paso en
este movimiento por los derechos civiles de los inmigrantes
es un mayor nivel de organización. Recomienda a los residentes
indocumentados la tarea de educar a sus amigos con estatus legal
para votar por candidatos amigos de la causa, como así
también convocar a sus representantes. “La gente
tiene que juntarse; necesitamos unificación”, puntualiza
Guevara.
Eduardo Crespi, de Centro Latino en Columbia, Missouri, destaca
el rol de la IWFR para estimular a los residentes legales a
conseguir su ciudadanía y así solidificar su poder
político en los Estados Unidos. Crespi cree que la formación
de una lista de votantes registrados y la organización
de otras pequeñas manifestaciones para promover las peticiones
de ciudadanía son los próximos pasos en el movimiento.
Koff también cree que la acción política
es la actividad inmediata. Predice que miles de activistas hablarán
con la gente sobre las elecciones y las diferentes opciones
que existen. “Aunque no sean elegibles para votar, son
responsables por lo que otros votan”, dicen. “Ciertamente,
incitaremos a todos los que estén en condiciones para
que consigan su ciudadanía y promoveremos el registro
de los que son ciudadanos”.
Muchos creen que la importancia del movimiento de IWFR va más
allá de los derechos de los inmigrantes. “Retoma
la integridad de los valores estadounidenses y las convicciones
de justicia”, dice Koff.
Puntualiza, además, que la Ley Patriota (Patriot Act
en inglés) viola los derechos de los ciudadanos pero
más profundamente todavía, viola los derechos
de los seres humanos. “No importa si tus ancestros vinieron
en el Mayflower. Un sistema de justicia dividida nos debilita
a todos”.