Hace dos semanas el eminente politólogo
de la Universidad de Harvard, Samuel Huntington, publicó un
artículo que levantó una fuerte polémica
en la prensa internacional. El profesor advirtió que
la inmigración latina, concretamente la inmigración
mexicana, está amenazando la unidad del país.
Debido a la cercanía que tienen con su país
de origen y a su natural tendencia a congregarse en
comunidades, los mexicanos, según el catedrático,
no se están integrando con el resto de la población,
tal como ocurrió en el pasado con otros grupos
de inmigrantes.
Huntington va por más. Según el profesor,
los mexicanos no comparten la misma ética de
trabajo que los anglosajones y no les importa la educación.
Estos comentarios me hicieron pensar que Huntington
nunca se ha dado la oportunidad de platicar o compartir
con un inmigrante mexicano; los que yo conozco están
demasiado ocupados trabajando dobles turnos en sus
empleos y educando a sus hijos para defenderlos de
ataques inmerecidos como éste. De hecho los
hispanos son los que tienen los horarios más
duros y hacen los trabajos que la mayoría de
los estadounidenses rechaza.
A Huntington le molesta que los inmigrantes hispanos,
a diferencia de sus pares europeos de generaciones
anteriores, prefieran que sus hijos usen su idioma
nativo. Por muy eminente y preparado que sea este profesor,
con declaraciones como ésta sólo deja
ver su ignorancia del idioma y de la cultura hispana.
Tal parece que este catedrático de Harvard no
se ha dado por enterado de que el mundo ha cambiado.
Los hijos de los hispanos se están preparando
para un futuro diferente y están creciendo con
la convicción de que hablar dos idiomas representa
una gran ventaja en este mundo globalizado y de bruscos
cambios.
En su reciente artículo, Huntington utiliza
argumentos de ciertos hispanos “exitosos” que
sólo reflejan sus propios prejuicios. El profesor
cita a un comerciante de raíces mexicanas que
dice que los latinos “carecen de iniciativa,
independencia y ambiciones; están desinteresados
en la educación y aceptan la pobreza como una
condición para entrar en el paraíso”.
Huntington tiene una visión de este país
demasiado restringida.“Sólo existe el
sueño americano creado por una sociedad anglo-protestante”,
escribe. “Los méxico-estadounidenses compartirán
este ideal solamente si sueñan en inglés”.
Pero igual que uno de los fundadores de los Estados
Unidos, Benjamin Franklin, Huntington subestima a los
inmigrantes que han construido este país. En
su momento, Franklin se quejó mucho sobre los
alemanes “estúpidos” que no podían
hablar inglés.
No es fácil ignorar estos comentarios cuando
vienen de un intelectual internacionalmente reconocido.
Sin embargo, tener un título universitario no
siempre es garantía de sabiduría o sinónimo
de un profundo conocimiento de la realidad. Es necesario
entender la cultura y sus cambios, e interpretarla
correctamente. No hay nada nuevo en las miles y miles
de palabras publicadas por el profesor; los suyos son
argumentos gastados y superados a través de
los años.
Vale la pena repetir sólo una idea: la necesidad
de que las escuelas públicas cumplan con el
reto de preparar a las nuevas generaciones. Proyectos
como el mencionado por Diego Sorbara en la nota de
la portada de esta edición, por ejemplo, necesitan
más apoyo. Se necesita mucho más que
dos personas para coordinar a los alumnos migrantes
de 22 condados en Missouri. Tenemos que tomar en cuenta
los deseos de muchachos como Salvador, que viven con
el anhelo de aprender. Tenemos que apoyarlos en vez
de atacarlos con artículos malintencionados
y destructivos.