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de fiesta en las gasolíneas

Los venezolanos cambian frustración por diversión

colaborador de Adelante

Gregorio Gonzales / Adelante

Comprar gasolina en Venezuela es tarea difícil después del paro general de 63 días para forzar la renuncia del presidente Hugo Chávez. Filas y filas se han formado para comprar gasolina. Esta fila de autos en la Avenida Bárbara en Valera era una de las más largas de la ciudad. Comerciantes aprovecharon la situación para vender productos a los que esperaban en las filas.

VALERA,VENEZUELA— Para la vasta mayoría de los venezolanos, el diciembre de 2002 será recordado como la más rara temporada navideña. Mucha gente de este país nunca imaginó llevar a cabo sus cenas de Navidad, intercambiar regalos con amigos y fami-liares y recibir el 2003 en una estación de gasolina. Una huelga general de 63 días comenzó el 2 de diciembre liderada por la oposición derechista, la unión de cámaras de comercio e industria del país FEDECAMARAS, y el sindicato más grande, la Confederación de Trabajadores de Venezuela para presionar por la salida del poder de Hugo Chávez.
La huelga prácticamente para-lizó este país dejándolo sin una sola gota de gasolina en mitad de diciembre. A pesar de que este país tiene las quintas mayores reservas de petróleo del mundo, los problemas de las filas para comprar gasolina persistieron hasta la última semana de febrero debido al despido por parte del gobierno de 12.000 trabajadores que apoyaron la huelga de la petrolera estatal PDVSA. Las estaciones de servicio, ahora abiertas completamente, operan con gasolina importada mientras recomienza lentamente la producción local.
Sin embargo, el venezolano común puede sacar provecho de cada situación que afronta. En las filas para la gasolina, que podían tomar tanto como dos días y quizás más, en las regiones más remotas del país, los venezolanos encontraron una nueva manera de socializar. Gente de todas las clases, educados y no educados, ricos y pobres, de la oposición o pro-gobierno, colisionaron en estas filas (o “colas” como se les dice en Venezuela), proporcionando una oportunidad para un intercambio de ideas. La gente podía ser vista en estas filas escuchando los discursos de Chávez, leyendo la Constitución o discutiéndola con alguien de los otros vehículos durante la espera.
“La gente no quería que las Navidades se dañaran por el hecho de que uno tenía que estar esperando a que la estación de gasolina abriera”, explica Rafael Araujo, un ingeniero que esperó en línea varias veces. “Mucha gente no pudo llegar a otras partes del país a ver a sus familiares porque no había gasolina, así que tuvieron que celebrar con la gente que estaba a su alrededor. Y la única gente que tenían a su alrededor era la que estaba en la fila con ellos”. Los venezolanos entonces se las arreglaron para hacer asados, beber cerveza, hacer fiestas e incluso celebrar una misa (como sucedió en el estado Amazonas) mientras esperaban.
“Yo le propuse matrimonio a mi novia en una cola”, comenta Juan Ávila, un bombero de 23 años. “Ella y yo esperábamos salir una noche y entonces le dije que no podíamos porque no tenía gasolina en mi carro. Entonces ella sugirió que esperáramos en la fila. Mientras estábamos ahí me di cuenta que la ocasión era perfecta: estábamos los dos solos y las colas eran algo que los venezolanos recordaremos por siempre. Así que fue el lugar y tiempo perfecto para hacerle la proposición”.
Sin embargo, las “colas” trajeron un incremento en la taza de robos. “Mucha gente, cansada de estar ahí por lo menos dos días, dejaron sus carros y se fueron a sus casas. Entonces vinieron los ladrones y se robaron todos los ca-rros”, dice Hernán Rueda, un psicólogo. “Mi carro fue completamente desvalijado la otra noche y cuando llegué en la mañana, la gente que estaba a mi alrededor me dijo que sus carros fueron desvalijados también. Y nadie hizo nada”.
La calle se transformó en ciudad, los autos en casas, pero el espíritu del pueblo venezolano se mantuvo implacable con su música y su gente.



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