Con sus manos expresivas, los ojos pícaros y la palabra ágil y certera, Rafael Flores se entrega por completo a la escritura, usando como musa la dura
realidad de un pueblo no muy conocido por su lite-ratura o afán por leer. Este hondureño es un autor diferente, uno que planea ir más allá de las palabras y
dedicarse a la política. Una vez que termine su maestría en literatura latinoamericana. Flores planea regresar a su pueblo natal y postularse para alcalde para las elecciones
de 2004.
Sus cuentos, que cargan un pesado arsenal de crítica política, son su manera de gritar, dice Flores, ante un gobierno que parece no querer escuchar. Sus dos libros, “El
lado izquierdo del derecho” y “La Ruleta Rusa”, fueron recibidos con éxito en Honduras, una de las naciones más pobres del continente.
RAFAEL FLORES
“Mi pueblo necesita a alguien honesto, la gente está cansada de los mismos ladrones”
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“Mezclar política y literatura no solamente es necesario; es urgente”, señala Flores. “En mi país roba más el funcionario
que el pobre. Un asesino mata a otro, pero el funcionario mata a su pueblo de hambre”.
Flores, está seguro de que será electo alcalde de su pueblo, Danli, una ciudad al sur del país y fronteriza con Nicaragua. Actualmente trabaja como profesor de español
en la University of Missouri en Columbia y dedica su tiempo libre a la escritura. Flores escribe sobre una realidad que él dice conocer en carne propia.
De padres campesinos y raíces humildes, Flores comenzó a trabajar a los 12 años y superó muchos obstáculos para poder completar sus estudios básicos.
Emigró hacia la capital, Tegucigalpa, con el ejército y realizó sus estudios superiores, graduándose de licenciado en ciencias sociales. Estuvo en la milicia
por siete años.
Trabajó como profesor de secundaria por 13 años, en los cuales dice haber sufrido la dura vida de un asalariado en Honduras. El gobierno hondureño, según Flores,
no quiere promover la educación.
En el 2000 se trasladó a Columbia con su esposa, Jenny Zelaya, quien está terminando un doctorado en literatura latinoamericana. “Cuando uno está en su país,
uno empieza a ver las cosas malas como algo común”, agrega Flores. “Sólo hasta que vine a los Estados Unidos fue que me di cuenta de la realidad y comencé
a escribir”.
Flores dice no ser de izquierda y que su literatura no es revolucionaria, sino una literatura que fomenta el trabajo y el desprecio a la corrupción que carcome a su país.
“Me empecé a dar cuenta de que en Honduras no se roba por necesidad sino para dañar, por el puro poder de robar”, comenta Flores.
Flores está listo para la publicación de dos de sus más recientes obras en mayo. Una de ellas titulada “Los de arriba vistos desde abajo”, que es una serie
de cuentos inundados de crítica contra la corrupción e injusticia en Honduras. La otra es un libro de filosofía. Pero Flores quiere demostrar con acciones sus palabras
y afirma que su futura alcaldía va a ser un ejemplo para su nación. “Si en algún momento se corrompen mis acciones que se me enjuicie, que se me encarcele”,
dice Flores. “Mi pueblo necesita a alguien honesto, la gente está cansada de los mismos ladrones”.
Copias de sus dos primeras obras van a estar disponibles en junio en el Centro Latino de Columbia.